Un paseo por las civilizaciones bajo la mirada de Mary Beard

0
726
civilizacion
Portada de la obra de Mary Beard, publicada por Crítica

La editorial Crítica (Grupo Planeta) ha publicado la última obra de Mary Beard, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016, un libro sobre el arte y la forma de ver la realidad por los diferentes pueblos. La civilización en la mirada (febrero de 2019), traducción de Civilizations: How do we look ? / The Eye of Faith (London, Profile Book, 2018), se suma a los otros libros ya aparecidos en español de esta catedrática de cultura clásica en el Newnham College de Cambridge, como La herencia viva de los clásicos (2013).

Se trata de un ensayo con dos partes bien diferenciadas, expresas en el título inglés (en la versión neoyorquina más definidas: The body, the divine, and the question of civilisation), sobre las representaciones artísticas del ser humano en las distintas culturas, orientales u occidentales (parte 1), y la representación en imágenes de Dios o de los dioses (parte 2). Beard analiza las obras atendiendo a cuestiones relativas al contexto en que se produce el arte, a cómo lo miramos y a cómo su valoración depende de a quien fuera dirigido, es decir, de quién estuviera mirándolo. Podríamos insertar este libro dentro de la antropología de la imagen o, de manera más amplia, de lo que en el ámbito anglosajón son llamados «estudios culturales».

Con un tono reflexivo, capítulos cortos sin erudición, pero con valoraciones bastante acertadas sobre la cultura, el libro es muy agradable de leer. Sin duda, debe de ser una buena profesora, capaz de hacernos reflexionar sobre lo que vemos.

El origen del libro está en la serie de televisión Civilisation: A personal View que Kenneth Clark realizó en 1969 para la BBC; a Beard le pidieron revisarla y coordinar una nueva (lo que me recuerda otro libro muy recomendable, de Neil MacGregor, basado en un programa de radio también de la BBC, llamado A History of the World in a 100 Objects, traducido al español como La historia del mundo en 100 objetos, Debate, 2012). Podemos encontrar los capítulos que componen la vieja y esa nueva serie en línea, lo que es sin duda un complemento necesario para los que lean el libro.

Los capítulos del libro recorren la China del emperador Qin Shihuangdi, que se hizo enterrar con su ejército de terracota a finales del siglo III a. C. (hacia el 210 a. C.), los templos religiosos de Angkor Wat en Camboya —primero hinduistas, luego budistas—, el arte hindú de las cuevas de Ajanta redescubiertas por los occidentales tras la visita de Christiana Herringham, el arte islámico de la mezquita Sancaklar de Estambul del arquitecto Emre Arolat, las biblias ilustradas judías de España (representando la cultura judía) y las cabezas olmecas y la figura del luchador del Museo Nacional de la Ciudad de México (representando el arte mesoamericano). Anteriormente, sin la globalización, era difícil superar la perspectiva occidental y europeocéntrica; ahora es posible abarcarlas todas, dice Beard, aunque en nuestra opinión no terminamos de creer que esto sea del todo así.

Esto es patente por la importancia que recibe en el libro el arte griego, del que Occidente ha heredado la representación naturalista del cuerpo humano. La «revolución del arte griego» supuso un cambio cultural sin precedentes en la representación humana, pues se pasó del hieratismo frontal casi egipcio en las esculturas de las kore del siglo V a. C. (estilo arcaico) a la voluptuosidad de formas y la representación realista que encontramos a partir del siglo V (no sabemos las causas ni cómo se produjo tan rápidamente este cambio). Esto lo heredarán los romanos, que eran bastante más utilitarios y deseaban recordar fielmente la imagen del fallecido, y así lo vemos en los retratos en tabla de las momias de al-Fayum del periodo helenístico, en algunos retratos funerarios de las vías de entrada a las ciudades y en esculturas que han pervivido milagrosamente, como el galo moribundo o el púgil de bronce que se encontró en 1885 en la colina del Quirinal (Roma, hoy en el Museo Nazionale Romano-Palazzo Massimo alle Terme).

boxer
Fotografía de época del hallazgo del púgil o boxeador romano (fuente: Metropolitan Museum)

El siglo XVIII potenció la imagen del arte grecolatino en esta nueva perspectiva y es la que todavía conservamos hoy: su promotor fue en gran medida J. J. Winckelmann, autor de una Historia del arte de la antigüedad (1764) muy influyente donde la antigüedad era entendida como grecolatina (no del oriente medio, pues el arte de esta región estaba aún bajo las arenas hasta las excavaciones y el desarrollo de la asiriología un siglo después).

Las imágenes de los faraones como muestras de poder (en el caso de las esculturas egipcias) o de la devoción (en las esculturas religiosas, como la Macarena de Sevilla, o las representaciones de Jesús del imperio bizantino), así como el islam como «una religión carente de arte», al no permitir representaciones humanas y de seres vivos, son otros de los aspectos tocados.

En el fondo, como decíamos, los ensayos de Mary Beard remiten a esa línea de investigación en estudios culturales y de la representación del cuerpo que llevan realizándose en el ámbito académico anglosajón desde hace décadas, tanto en la literatura como —aquí lo vemos— en el arte. No son novedad, pero su redacción amena hace la lectura del libro muy recomendable y, sin duda, un excelente complemento de los documentales, o viceversa.

Dejar respuesta