Un paseo por “El Capricho”

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Año 1787. Reinado de Carlos III en España y punto álgido del Despotismo Ilustrado.Una dama de la alta nobleza, María Josefa de Soledad Alonso Pimentel y Téllez Girón, Condesa- duquesa de Benavente, Duquesa de Béjar, Princesa de Anglona y Esquilache (…) y casada con el IX duque de Osuna, don Pedro Téllez Girón, es mecenas principal de músicos, literatos, pintores y artistas siendo destacada en la escena madrileña por su refinado gusto. Con el paso del tiempo iniciará una estrecha relación con Goya llegando a ser la primera protectora del pintor y fruto de esta relación surge el retrato que ofrece este artículo, en el que la Duquesa de Osuna, está vestida a la moda francesa.
Esta mujer pensó e ideó un lugar de remanso y recreo que dio origen al histórico y bello jardín de El Capricho . Fue proyectado por el arquitecto francés Jean-Baptiste Mulot, el cual, se hizo cargo del diseño de los jardines y se iniciaron las obras en 1787 .No finalizaron hasta cincuenta y dos años después, en 1839, de modo que la duquesa murió sin poder ver las obras finalizadas.

Un parterre de influencias inglesas, francesas e italianas y el único jardín del Romanticismo en Madrid.

Hacia 1808, durante la invasión francesa, María Josefa Pimentel perdió temporalmente la finca, ya que el general francés Belliard, utilizó El Capricho como base de operaciones para sus tropas. Una vez vencidos los franceses, el parque volvió a manos de su dueña.

Durante la Guerra Civil Española se convirtió en territorio bélico y en él se instaló el cuartel del General Miaja donde se construyeron búnkeres cuyos restos son visibles en la actualidad; a partir de este periodo y hasta 1974 el jardín pasó por una etapa de abandono hasta que ese mismo año fue comprado por el Ayuntamiento de Madrid y declarado en 1985, Bien de Interés Cultural.

Después de este breve repaso histórico que rodea a uno de mis lugares preferidos de retiro en Madrid, me centraré en esas sensaciones que puede embargar al paseante ‘caprichista’ de este romántico espacio, y sobre todo de mi experiencia personal.

La primera vez que pisé El Capricho fue con motivo de asistir a un concierto de uno de mis violinistas favoritos: Ara Malikian a dueto con el guitarrista flamenco, José Luis Montón. Estaba tan entusiasmada y llena de emociones por conocer el parque, por tener el privilegio de asistir al concierto en un lugar que tantas maravillas me habían hablado de él, que parecía una niña chica con zapatos nuevos.

Entramos por la puerta y paseo principal dejando a izquierda la rústica Casa de la Vieja y desembocamos en la Plaza de los Emperadores y la Exedra con sus esfinges cuando la noche había caído sobre nuestros hombres. Se respiraba a hierba húmeda y aire puro allí dentro y todos esperábamos a colocarnos en las sillas cuando de repente algo inesperado sucedió. Una gota, un goterón acababa de entrarme en el ojo y no era fruto de que mi amigo el de enfrente escupiera al hablar, porque acto seguido otra gota cayó sobre mi cabello. A mi amigo el de enfrente le ocurrió lo mismo, el de más allá se aquejaba de algo similar. En cuestión de cinco minutos se puso a diluviar de forma tan persistente que los músicos tuvieron que recoger los instrumentos y marchar a matacaballo antes de quedarse sin ellos, y el público muy apenado y calado irnos con la música a otra parte e improvisar un nuevo plan.

Como mi primer capítulo nocturno en El Capricho me supo a poco regresé en tres ocasiones más.

Profeso un ritual siempre que llego a sitios, ciudades o naturalezas desconocidas y en El Capricho no hago excepción. Éste consiste en darme a la improvisación, en tomar una ruta que me llame la atención por un motivo X o por una señal determinada o deambular simplemente. Rara vez presto atención de los mapas que detallan donde está cada cosa o monumento relevante del paraje en el que te hallas. Me gusta descubrir por mí misma las joyas que ofrece la vida. La última vez que estuve en este pequeño jardín llegué a una intersección en la que titubeé durante unos segundos hacia donde dirigirme: izquierda o derecha; un pájaro levantó vuelo tomando dirección a derecha y allá fui tras el ave. Curiosamente me llevó hasta la ría donde se alza el Puente de Hierro más antiguo de España y que aún no tenía localizado.

¿Pero qué es lo que más me gusta de este diamante en bruto llamado El Capricho?

Sus árboles que cuentan historias a través de la expresión que han tomados sus formas. Árboles mutilados, árboles en posición de alto el fuego, árboles tumbados, árboles tocando el cielo, árboles en abrazo. Me impresionan tanto estas imágenes que enmudezco observando las secuencias de ellas.

La frondosa vegetación y la flora que cambia de color según la estación del año es otro festival para los sentidos, sobre todo el olfativo y visual, porque ello ofrece al ‘ caprichista’ un olor muy especial, sano y puro que limpia los pulmones de cualquier mal. Y una gama de colores que se podría decir que el arco iris ha penetrado en El Capricho. El arco iris, extinguido en Madrid desde hace tantos años.

Otra cosa que me apasiona de este rincón son los sonidos de la naturaleza que te encuentras en nuestra ciudad sin necesidad de escapar al campo. Esto es maravilloso: si agudizas el oído escuchas diversos piares de aves escondidas entre las ramas de los árboles que hablan. Es fácil ver plumajes saltando de ramaje en ramaje si vas en horas de poco trasiego. En el Embarcadero, los patos hacen sus onomatopeyas clásicas y los niños quedan encantados tirándoles migas de pan, algunos más traviesos tirándoles piedras. Y el sonido del crujir de las ramas mientras bordeas caminos es una reminiscencia de tiempos en la montaña que llena la boca de sabor.

Y dentro de las construcciones varias que se encuentra en este espacio, en las que están el Templo de Baco, El Abejero, La Ermita, El Casino de Baile y el Palacio de los duques de Osuna; hay una panorámica con la que me quedo sin lugar a dudas que está algo escondida en el Embarcadero. Se trata del cuadro-ventana que tiene o me recuerda a algo árabe.

Para finalizar con el escrito recomendar los conciertos de verano y los que comienzan ahora, en septiembre, que presentan un programa muy interesante. Importante ver los horarios de apertura y cierre del parque que tan sólo está abierto al público sábados, domingos y festivos. Busquen los tres helechos grandes…

Fuente de texto:
http://www.viajes.net/madrid/parques/elcapricho.php

http://www.esmadrid.com/elcapricho/

Fuente de imágenes:
Isabel García Yébenes

1 Comentario

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