Un espejismo llamado Bagdad

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Cuesta imaginar una ciudad de vanguardia en la actual Bagdad, donde los mejores arquitectos del mundo proyecten sus obras y contribuyan a mejorar la calidad de los ciudadanos mediante un diseño cuanto menos de calidad y creativo.
Acostumbrados a la realidad dramática de las bombas, las noticias suicidas, la guerra fraticida y el ultraje a la dignidad humana, podemos no caer en la cuenta de que la capital de Irak también tuvo su época dorada, entre los años 1952 y 1982. Así nos lo explica la exposición “Ciudad del espejismo. Bagdad, de Wright a Venturi”, que alberga la Casa Árabe de Madrid hasta el 6 de noviembre.

Durante esos treinta años de modernismo, la que al parecer fue en el siglo VIII bautizada como “Ciudad del Dios Sol” renace de la destreza de unos artistas que nada tienen que ver con la obra original del califa al-Mansur, quien ideó la ciudad sobre un plan circular, común en las ciudades celestiales pero también en los asentamientos nómadas del desierto, a semejanza de un gran astrolabio depositado en el suelo.

“Mapa del cielo del día de la fundación que coincidía con el inicio de una nueva era marcada por posiciones astrales favorables, sobre todo de Júpiter, el planeta protector de Babilonia”, describe Pedro Azara, el comisario de la muestra.

Llegó a ser centro cultural y comercial del mundo medieval oriental y occidental, con más de un millón de habitantes, hasta que los mongoles la arrasaron en el siglo XIII y a partir de entonces se convirtió en la urbe del Tigris dominada. Consiguió la independencia en 1948, pero no fue hasta 1952 cuando se renovó el acuerdo con los británicos de la Irak Petroleum Company (IPC) y el reparto de beneficios supuso una mayor liquidez.

La Oficina de Desarrollo decidió a continuación dotar a Bagdad de centros culturales y económicos paradigmáticos, encargados a la crème de la crème arquitectónica del momento: Willem Dudok y el Centro Cívico; Gio Ponti y el Ministerio de Planificación; Walter Gropius y el Campus Universitario; Frank Lloyd Wright y la Ópera; Alvar Aalto y el Museo de Bellas Artes; Doxiadis y sus modelos de viviendas para el Sector 10 de la ciudad; Le Corbusier y las instalaciones deportivas Saddam Hussein, etc.

Naturaleza y volúmenes se combinan, iluminan una nueva ciudad y las maquetas realizadas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, la del Vallés y la Universidad de Bagdad nos transportan a otra dimensión: a aquélla en la que algunos proyectos se perdieron en el tiempo, otros lograron sobrevivir a duras penas (la embajada de los Estados Unidos, de José Luis Sert, es un buen ejemplo) y un tercer grupo simplemente nunca existió.

El ciclo de espejismos concluyó con la oportunidad de acoger la VII Conferencia Cumbre del Movimiento de los Países No Alienados en 1982, que al final se celebró en Nueva Delhi. Ignacio Rupérez, ex embajador de España en Bagdad, escribe en el libro publicado para la ocasión sobre el país de antes y el de ahora: “La ebullición vivida ha dejado en Irak un poderoso fermento de creatividad y de discusión que nunca ha llegado por completo a desaparecer y que se muestra de alguna manera a partir de 2003”. Siendo así, no puede más que intrigarnos la cuestión de cómo será la reconstrucción de la arquitectura bagdadí en un futuro que ya cuenta con precedentes cosmo-politas.

Fuentes de las imágenes:
Casa Árabe (
http://www.casaarabe-ieam.es/index.php?modulo=noticias&idioma=es&id=391)

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