“Un enemigo del pueblo”, el teatro que no pierde vigencia

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Editorial Funambulista rescata, dentro de su colección Escena-rios dedicada al teatro, una pequeña obra del dramaturgo noruego Henrik Ibsen que data de 1882 y que sorprende por la vigencia de su propuesta.

enemigo_del_puebloSucede con relativa frecuencia: no pocas películas o libros concebidos muchas décadas atrás –por citar algunos ejemplos de productos culturales- arrojan mensajes e ideas inmortales, que bien pueden trasladarse fácilmente a casi cualquier época y sociedad. Es el caso, también, de Un enemigo del pueblo: la historia de un cruce de intereses fermentado por el peso de una opinión pública y aderezado con una prensa manipulable al servicio del poder. Con este delicioso librito de Funambulista nos sorprendemos trazando no pocos paralelismos con el desarrollo de determinados conflictos modernos, y reconociéndole a Ibsen una habilidad única para crear controversia ya desde el mismo estreno de esta y otras de sus obras.

La acción de la obra se desarrolla en un pequeño enclave desconocido, cuyo principal sustento económico es un balneario que atrae a buena cantidad de turistas. El doctor Tomas Stockmann descubre que la salud pública corre peligro debido a que las aguas del balneario están contaminadas y se propone advertir al resto de la población del riesgo al que se enfrenta: es urgente tomar medidas sobre el asunto y acometer una obra de ingeniería que desviará dichas aguas; pero, pese a sus firmes principios, su buena reputación y sus mejores propósitos, no le resultará fácil enfrentarse, por un lado, a una prensa que se debate entre el servicio al ciudadano y el veletismo más exagerado (ya apoyan al protagonista, ya se convierten en abogados de sus propios intereses o se escudan en los comunes y democráticos para no tomar partido en la causa); y por otro, al alcalde del pueblo -por cierto, su propio hermano- que, evidentemente y en términos coloquiales, barre para casa y no está dispuesto ni a desprestigiar al balneario ni a desembolsar una cantidad de dinero descabellada para las obras de remodelación.

A pesar de su sencillez formal (está presentada en cinco actos y su carga narrativa está soportada apenas por un puñado de personajes), cabe señalar que la simpleza de la propuesta coexiste con un trasfondo tremendamente atractivo. Tal como señala en el postfacio Laura López Sánchez, Un enemigo del pueblo ha sufrido sustanciosas modificaciones en sus respectivas puestas en escena en diferentes países; tal vez dichas modificaciones se juzgaban necesarias para actualizar la obra y lograr así llegar al público de la época. De la mano de Funambulista volvemos al texto primigenio, permitiendo que sea el lector el que disfrute de referentes, significantes y contextos originales de un teatro que, en cualquier caso, no ha perdido ni un ápice de vigencia.

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