Un crimen con olor a Mediterráneo: ‘Asesinato en el jardín botánico’

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Se respira un aire que huele a África, las dunas del Sáhara inundan los pulmones, la piel arde y el cuerpo se sume en un dulce letargo. Si sois hijos del Mediterráneo es muy probable que os lo estéis imaginando: un día de verano en el que el viento de siroco hinche de un calor soporífero hasta el último rincón. Nada puede pasar en un día de viento del sur, parece imposible. Apacible recibe el Jardín Botánico de Palermo la brisa africana y apacible se mece una figura a la sombra del gran árbol central. Se trata del cuerpo sin vida de Raffaelle Montalbani. Será Lorenzo La Marca, biólogo investigador de la Universidad de Palermo, el que encuentre a su antiguo amigo. Y será La Marca el primero en desconfiar de la hipótesis del suicidio. Este crimen será el primero de los casos que resolverá el detective creado por Santo Piazzese.

La editorial Siruela recupera con motivo del vigésimo aniversario de su publicación el primero de los libros de la trilogía de Palermo: I delitti di via Medina- Sidonia, La doppia vita di M. Laurent, Il soffio della valanga. Es la primera vez que una de las novelas de esta serie de literatura negra escrita por Santo Piazzese se publica en España.

Asesinato en el jardín botánico fue publicado por primera vez en Italia en 1996 por la editorial que tradujo las aventuras del detective Carvalho, mítico personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán, y publicó también  a su heredero italiano, el detective Montalbano, de Andrea Camilleri. Son las novelas de estos dos escritores los grandes exponentes de la Mediterranean noir, un subgénero de la literatura negra a la que también se adscribe la obra de Santo Piazzese, reconocido autor de cabecera de Andrea Camilleri.

Pero, ¿qué es eso de la Mediterranean noir y en qué se diferencia de las novelas negras de autores y autoras nórdicos que copan los estantes de las librerías? La propia novela de Santo Piazzese, Asesinato en el jardín botánico, nos da las claves para entenderlo. No hace falta que redundemos en el soporífero calor que rodea al espacio del crimen en contraste con el tiempo frígido, gris e inestable de las novelas de los Sjöwall y Wahlöö. Aunque, quizás, sea precisamente la calidez y la frigidez meteorológicas la clave, pues envuelven toda la diégesis desde el espacio y el tiempo hasta los personajes que participan en ella.

Lorenzo La Marca, el profesor universitario reconvertido en detective protagonista de la novela de Piazzese, es un personaje crepuscular, sí, como lo suelen ser los atormentados inspectores nórdicos, pero, a diferencia de estos, La Marca lo afronta desde una visión despreocupada. Es el protagonista de Asesinato en el jardín botánico un hombre solitario, ácido, sarcástico, hedonista y, sobre todo, seductor. Este último adjetivo puede parecer el menos importante. ¿Qué más da que el detective sea un seductor? Lo importante es que nos guíe a través de las pistas hasta atrapar al asesino, ¿no? Bueno, en este caso atraparlo, lo atrapará, pero antes nos seducirá y nos hará entrar en su juego lento y caótico.

El personaje rompe la cuarta pared para apelar directamente al lector, que se convertirá en compañero de dichas y desdichas de Lorenzo La Marca, que a lo largo de la novela irá pintando su propio retrato: “¿Parezco demasiado bilioso y cargado de prejuicios para ser un exsesentayochista culto, inteligente, refinado y consciente de sí mismo? Bueno, es mi lado doctor Jekyll. En la vertiente mister Hyde existe un sureño con sentido del humor, pasional, visceral y vengativo. Y nunca permito que mi reconocida ecuanimidad interfiera en mis sólidos prejuicios. Va en ello mi equilibrio psicofísico”.

Con la descripción del personaje principal ya podéis imaginar que el tono de la narración no es tan lúgubre y que no genera la tensión y la sudoración fría de las novelas nórdicas. Como había comentado, la meteorología parece invadir los relatos tanto en las novelas nórdicas como en las mediterráneas. El lector de Asesinato en el jardín botánico no se va a enfrentar a un psicópata metódico, no va a seguir pistas colocadas escrupulosamente, no va a sentir el aliento del asesino en su nuca; el lector de esta novela se va a encontrar con un caos que empieza en la propia mente del protagonista, pero caerá irremediablemente rendido al ritmo marcado por la brisa del Mediterráneo.

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