Un balón oval, dos realidades distintas

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El primer fin de semana de febrero sitúa el balón oval como epicentro del deporte mundial. Durante la madrugada española del próximo domingo, la liga estadounidense de fútbol americano (NFL) disputará su final con la Super Bowl, un acontecimiento planetario que consagra al deporte como espectáculo de masas. A su vez, mañana arranca en Europa una nueva edición del Torneo VI Naciones de rugby, campeonato de selecciones que aún evoca un pasado romántico y no contaminado por las exigencias del profesionalismo.

La Super Bowl va más allá del concepto de deporte

El fútbol americano es un deporte genuinamente estadounidense y, quizás, el que mejor se adapta a la visión que un ciudadano norteamericano tiene sobre la práctica deportiva. Espectáculo televisivo, ‘show’ publicitario con millonarias inversiones y actuaciones de música pop en medio de la final se combinan en un atractivo cóctel que trasciende la frontera propia de la competición.

La Super Bowl es un acontecimiento diseñado para que una multitud de americanos pasen la tarde-noche del primer domingo de febrero frente a la pantalla del televisor. Las dos últimas ediciones han batido, consecutivamente, récords de audiencia. En 2011, el partido entre los Green Bay Packers y los Pittsburgh Steelers, que terminó con victoria de los primeros, fue seguido por 111 millones de televidentes. La edición de este año, que enfrenta a los New York Giants contra los New England Patriots y se disputará en el estadio Lucas Oil de Indianápolis, se prevé que pueda romper ese registro.

El concepto megalómano de la final de la liga de fútbol americano es muy diferente a la mística que todavía rodea al rugby en el viejo continente. Pese a haberse adaptado a los tiempos y tener incluso un banco como patrocinador principal, el Torneo de las Seis Naciones todavía hace uso de aquellas pequeñas costumbres que hacen del deporte del oval grande una experiencia singular.

El VI Naciones, cita ineludible de febrero

El rugby, cada vez más globalizado, resiste en Europa la presión de adecuarse totalmente a las exigencias de patrocinadores y audiencias televisivas. Existen ejemplos que muestran cómo la tradición heredada pervive: bandas militares tocan antes del inicio de los partidos los himnos nacionales, los horarios de los partidos evitan la noche y con ello el ‘prime time’ de la pequeña pantalla, y aún se conserva, al menos entre aficionados, la práctica del tercer tiempo. El seguidor europeo se siente como un depositario de las viejas esencias, partícipe de unas leyendas que se pierden en el tiempo.

Cada uno de los deportes tiene dimensiones sociales, culturales, económicas y deportivas diferentes. El fútbol americano, como el resto de las grandes ligas americanas, está consagrado al espectáculo. El juego, sus tiempos y las reglas han sido adaptados al formato televisivo y de consumo. Las audiencias millonarias, el sistema salarial, la masiva asistencia a unos estadios repletos durante toda la temporada y franquicias repartidas por las principales ciudades permiten que muchos equipos opten al triunfo final en una competición muy abierta. Más allá de Norteamérica, no existe un catálogo amplio de ligas ni afición reseñable por este juego. Tampoco torneos internacionales entre países o clubes.

Desde la óptica europea del deporte, cuesta entender la carencia de jerarquías respecto a las competiciones y sus actores. El aficionado que sigue el rugby en la orilla derecha del Atlántico sabe qué cantidad de torneos distintos se disputan y qué clubes y selecciones son los dominadores tradicionales. Esta diferencia, no tanto entre fútbol americano y rugby sino entre competiciones de Estados Unidos y Europa, se asienta en el gusto del público yanqui por tener un ganador absoluto de un único campeonato. El deporte profesionalizado tiene una trayectoria y un desarrollo en Norteamérica mayores que en Europa. Durante mucho tiempo, al vencedor de alguna de las grandes ligas -NFL, NBA, MLB, NHL- se le añadió también alguna referencia que lo consideraba como campeón del mundo.

Por su parte, el rugby comenzó su paulatina profesionalización a partir de la década de los 90. El juego es ahora más potente, pero menos combinativo y vistoso. Para el rugby actual son más importantes los centímetros, el peso y la velocidad que el talento. Mientras que la Super Bowl es uno de los acontecimientos del año en Estados Unidos, el rugby ha encontrado un hueco en el calendario internacional con la disputa de la Copa del Mundo. De hecho, el pasado otoño se disputó la sexta edición en Nueva Zelanda.

El rugby es originario de las islas británicas, aunque está extendido por gran parte del planeta, especialmente en las colonias que formaron parte del antiguo Imperio. Es un deporte que ha evolucionado, sí, pero que también se resiste a sacrificar su espíritu. Para los aficionados, siempre será más emocionante escuchar el himno escocés, “Flower of Scotland”, que saber cuánto se paga por cada segundo de publicidad en el descanso de la Super Bowl.

Fotografías: rbs6snations.com y Ben Liebenberg (NFL)

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