Ucrania aguarda un futuro incierto ante la amenaza de división del país

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Cuando el clima de agitación parece haberse calmado en Ucrania, aún existen muchas incógnitas sobre el conflicto que dejó el país al borde de la guerra civil. El ya expresidente Yanukóvich se encuentra en búsqueda y captura desde el pasado fin de semana, cuando cayó su Gobierno y los grupos opositoras se hicieron con el control del poder. Ahora, una amalgama de fuerzas intenta ponerse de acuerdo para devolver la estabilidad al país tras semanas de violencia y muerte.

UcraniaLos acontecimientos que tuvieron lugar la semana pasada en Ucrania han dado un vuelco a la situación política del país, con un saldo de al menos 86 muertos, en su mayoría civiles. El 18 de febrero Kiev vivía los peores enfrentamientos desde que comenzaran las protestas en noviembre. Los manifestantes intentaron entrar en el parlamento y atacaron varios edificios gubernamentales. En la confrontación con la policía en la Plaza de la Independencia murieron 16 civiles y 10 policías. Llegados a este punto, el presidente y la oposición negociaron sin ningún resultado para intentar poner fin a la violencia. Mientras tanto, la Unión Europea (UE) barajaba la opción de adoptar sanciones contra el Gobierno ucraniano. El día 20 se produjeron nuevos enfrentamientos violentos que dejaron decenas de muertos. Ante la presión de los altercados, el Parlamento aprobó un acuerdo para adelantar las elecciones y reinstaurar la Constitución de 2004, además se comprometió a formar un gobierno de unidad nacional en menos de 10 días. También se aprobó la liberación de Yulia Timoshenko, que saldría el día 22 de la cárcel para dirigirse a los ciudadanos pidiéndoles que no se marcharan de la plaza hasta que termine el proceso. Ese mismo día Yanukóvich abandonó Kiev y fue destituido por el Parlamento, que a su vez convocó elecciones. El expresidente emitió un comunicado por televisión calificando lo sucedido de “golpe de Estado”.

El control del país cambió de manos a una velocidad vertiginosa sin que sea aún posible predecir las consecuencias que tendrá a nivel nacional ni internacional. Las nuevas autoridades iniciaron la búsqueda de Yanukóvich, acusado por la muerte de los manifestantes, pero él ha llegado ya a Rusia, que pronto le otorgará asilo político. La Rada suprema lo destituyó por incumplimiento de sus funciones con el voto de 328 diputados. El parlamento también aprobó la celebración de elecciones presidenciales el 25 de mayo y eligió a Alexandr Turchínov –del grupo parlamentario de Timoshenko- como nuevo jefe del parlamento. Los diputados eligieron más cargos, entre ellos Arse Avakov, también del partido de Timoshenko, como jefe del Ministerio del Interior. Mientras tanto, la mansión de Yanukóvich fue tomada por las fuerzas de autodefensa del Maidán, que tomaron también los edificios del Gobierno y Administración presidencial y montan guardia en el Parlamento desde entonces. Las fuerzas especiales del Berkut abandonaron la capital y han sido disueltas.

Los nuevos líderes han manifestado su firme oposición a cualquier amenaza a la integridad territorial del país. Turchínov defendió la importancia de volver a las políticas de integración con Europa, pero también remarcó la necesidad de mantener el diálogo con Rusia en una nueva relación entre iguales. El país necesita formar un Gobierno de unidad nacional cuanto antes y desbloquear la situación política que permita reactivar la economía, al borde de la bancarrota. Sin embargo, parece que los diferentes grupos no se ponen todavía de acuerdo. Mientras tanto, los participantes del Maidán seguirán en la plaza hasta que estén seguros de la dirección que toman los nuevos responsables.

Al mismo tiempo, la tensión aumenta en el este del país, de influencia rusa, y especialmente en Crimea, desde donde se amenaza con la secesión. Toda la comunidad internacional está alerta contra el peligro que supone la división. Este jueves aumentó la tensión en Jarkov y en la pequeña península se produjeron los primeros enfrentamientos. El Parlamento, que está ocupado por hombres armados prorusos desde el jueves, ha decidido celebrar un referéndum sobre el futuro estatus de Crimea el 25 de mayo. Por su parte, Rusia lleva dos días haciendo ejercicios militares en la frontera, lo que ha alertado a los nuevos dirigentes. Turchínov advirtió que cualquier movimiento de la flota del Mar Negro fuera de su base de Crimea se consideraría “agresión militar”. Otro punto que ha asustado a los rusos de la península es la abolición de la ley sobre lenguas regionales, una de las primeras decisiones del nuevo Gobierno. Ante esta alarma, ya han anunciado una nueva ley de lenguas.

Así pues, Ucrania vive en plena inestabilidad, intentando afianzar su nuevo régimen sin saber cómo superar el anterior. Sin embargo, en esta crisis no han jugado solo actores nacionales, los líderes mundiales también han tenido mucho que decir. Durante los últimos días están saliendo a la luz informaciones con las diferentes implicaciones que se irán aclarando próximamente. El país vuelve a ser objeto de disputas geoestratégicas entre el mundo oriental y el occidental, representado por Estados Unidos y Rusia. Ambos países vuelven a utilizar el centro de Europa, que no parece tener mucho que decir, en sus planes de expansión de poder. Si bien el conflicto empezó por el deseo de parte de la población ucrania de unirse a la UE, ha derivado durante estos meses, y especialmente en las últimas semanas, en una nueva crisis internacional entre dos fuerzas históricamente opuestas que buscan reconfigurar su hueco en el mapa.

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