Tú disfrutas, otros mueren

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Mieslogo (CC)

Catar es el Estado con mayor renta per cápita del mundo. Su riqueza económica, basada en extensas reservas de petróleo y gas, hace de este pequeño país árabe una potencia emergente a la que llevar eventos deportivos. En el caso del mundo del fútbol, la FIFA la seleccionó como la sede oficial del Mundial de 2022. Sin embargo, los 1.200 obreros que ya han fallecido son un legado demasiado oscuro para el primer mundial que se celebrará en Oriente Medio.

Hace mucho tiempo que el mundo del deporte dejó de ser simplemente una actividad física, para convertirse en un negocio del cual se pueden extraer gigantes beneficios. Dentro del mundo del deporte, el fútbol quizás sea de los deportes que más dinero mueva. La cifra es irrelevante. Sólo es necesario observar un partido de fútbol y darse cuenta la cantidad que el gran capital invierte en el espectáculo del balompié. Barclays patrocina la Premier League. BBVA patrocina la Liga española. TIM patrocina a la Seria A italiana. Los equipos son patrocinados, cada vez más, por empresas de todo el globo (especialmente por aquello que se ha vendió denominando los “petrodólares” del Golfo Pérsico), e incluso los clubes abren sus puertas al capital extranjero. El fútbol es un negocio, un negocio en donde se obtienen grandes beneficios, pero en donde el capital a invertir también es alto si quieres que tu club/empresa llegue a lo más alto.

Si el fútbol es un negocio, su mayor escaparate es sin lugar a dudas la Copa del Mundo. Un mes de competición entre los 32 mejores combinados nacionales del planeta. Gente de todo el mundo pegado a sus televisiones. Millones de personas haciendo apuestas sobre el ganador, el perdedor, quién anota el primer gol, quién da la primera asistencia de gol, cuál será el color de la ropa interior del árbitro, etc. Todo es objetivo de apuesta, y por consiguiente, de negocio y lucro. Miles de empresas intentando anunciarse, sea en las vallas publicitarias de los estadios, sea en la publicidad que se emitirá en los intermedios del juego. Y especialmente, una oportunidad única para el anfitrión del torneo de mostrar todas las bondades de su país. Probablemente el anfitrión sea el único que no gane dinero con todo el evento, pero si el evento sale bien, si las cosas no se tuercen desde el punto de vista organizativo, el Estado anfitrión mostrará su modernidad y fuerza a la hora de organizar grandes eventos. Fuerza y solidez que, lógicamente, traspasan lo deportivo y llegan al campo de las relaciones internacionales y de la geopolítica.

No es necesario ser un genio en cuestiones geopolítica para comprender que los grandes eventos deportivos tienen más de geopolítica, que de deportivos. ¿Fue casualidad que el último mundial fuese en Brasil, Estado hegemónico en Latinoamérica y que parece que quiere discutir el orden mundial establecido tras el fin de la Guerra Fría? ¿Es casualidad que Rusia vaya a celebrar el Mundial de Fútbol de 2018? ¿Fue casualidad que China celebrase los Juegos Olímpicos de 2008? 

Lógicamente, nada de lo anterior fue casualidad. Brasil, Rusia y China querían celebrar esos eventos para demostrar que son potencias mundiales. Los organismos que las eligieron para ser las sedes de eventos deportivos de impacto internacional lo hicieron a sabiendas de su potencial económico, mientras que las empresas invirtieron en esos eventos a sabiendas de que pueden obtener excelentes ventajas económicas para el futuro. En 2022, Catar será la sede del Mundial de fútbol.

Catar es un pequeño territorio localizando en la Península Arábiga, haciendo frontera terrestre con Arabia Saudí, y marítima con las aguas del Golfo Pérsico. En los últimos años Catar ha experimentado un gran crecimiento económico, gracias a la exportación del petróleo y productos derivados de este material fósil. Lo cierto es que la celebración del mundial del 2022 no será la primera incursión en el mundo del fútbol del país árabe. No se debe olvidar que desde hace unos años, el FC Barcelona es patrocinado por la compañía aérea estatal de Qatar Airways, y en los últimos días se especula sobre la posibilidad de rebautizar al Camp Nou como Qatar Airways.

La elección de Catar para ser la sede del mundial fue polémica. Primero, porque no es muy recomendable para la salud jugar en medio del desierto con temperaturas que superan los 40º centígrados. Cuando eso ya se había medio olvidado, estalló el escándalo de los sobornos. Parece ser que la organización de fútbol de Catar sobornó a miembros de la FIFA, para que éstos votasen a favor de la candidatura catarí. Lo cierto es que la FIFA tiene pinta de ser una organización que a poco que se rasque y se investigue, se caerá como si de un castillo de naipes se tratase. Pero lo más preocupante sobre que Catar celebre el Mundial del 2022 no es ni el calor, ni la corrupción dentro de la FIFA, sino la preocupante y espeluznante cifra de fallecidos que podrían darse hasta la llegada de ese momento.

Detrás de los grandes estadios, suele haber personas diseñándolos, y más importante, personas construyéndolos. Personas, u obreros si se prefiere, que construyen esos gigantes que luego reciben la celebración de espectáculos y otros eventos. En las obras del mundial de Brasil fueron ocho los obreros fallecidos. Dos en las obras del mundial de Sudáfrica. Es una desgracia que alguien fallezca haciendo su trabajo, especialmente cuando es posible que esas muertes pudiesen haber sido evitadas. Pero los diez fallecidos entre Brasil y Sudáfrica no son nada en comparación con los 1.200 obreros fallecidos en Catar.

Según la información remitida por Confederación Sindical Internacional, son 1.200 los muertos hasta la fecha, y si no se ponen medidas, la cifra podría alcanzar los 4.000, guarismo verdaderamente alto. Lógicamente, la muerte suele ser el último paso de una cadena de explotación que los obreros, provenientes de Nepal, Filipinas, India o Sri Lanka, sufren diariamente en su trabajo y en sus condiciones de vida. Las condiciones laborales y salariales de los obreros son denigrantes. Trabajan todos los días del mes, sin tener ni tan siquiera un día de descanso, cobrando 171 euros, con jornadas de trabajo que suelen irse a las 12 horas. En el país con mayor renta per cápita del mundo, los obreros trabajan en condiciones de esclavitud. Reflexionándolo bien, no existe ninguna contradicción más allá de las del propio sistema capitalista.

Las condiciones de vida también son igual de denigrantes y deplorables. Los obreros suelen vivir hacinados en habitaciones en donde suelen dormir entre ocho y diez personas. Para ir al trabajo tienen que caminar entre una y dos horas, mientras que la mayoría de ellos, se calcula que el 90%, tiene confiscado su pasaporte por la empresa que lo contrata con el objetivo de que no pueda escapar o buscar auxilio en las autoridades.

Mientras esto ocurre, ni en la FIFA, ni el estado catarí, tienen la mínima intención de hacer una investigación, ni de presionar para que las muertes de los obreros se detengan. En el caso de Catar es lógico. Después de todo, su economía funciona a base de la explotación de la mano de obra inmigrante de otras zonas de Asia y Oriente Medio. En el caso de la FIFA es vergonzoso. Cuando se comenzaba a hablar sobre el tema, a fines del 2013, la FIFA recordó ante la presión de Amnistía Internacional, que ellos eran muy respetuosos con los derechos humanos, y que esperaban que los organizadores de sus competiciones se planteasen la misma posición que la FIFA. Además, animaban a Catar a “descubrir el fútbol como plataforma que contribuya a cambios sociales positivos, lo que incluye una mejora de los derechos sociales y de las condiciones de los trabajadores inmigrantes”.

Parece claro que el mundial se disputará finalmente en Catar, a pesar de plantearse la posibilidad de repetir la votación debido a los sobornos de la delegación catarí a algunos representantes presentes en las votaciones. También parece claro que la FIFA no tiene la más mínima intención de presionar a Catar para que el Estado catarí presione a su vez a las empresas para mejorar las condiciones laborales y de vida de sus trabajadores. Cuando el Mundial de Catar comience, empezará el Mundial de la infamia, aunque desgraciadamente, serán únicamente las familias de los fallecidos los que recuerden a éstos. El resto del mundo estará atento a si la pelota entra en una u otra portería.

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