Tres años después

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Muchas veces me he preguntado ¿para qué sirven los atentados? ¿Cómo entender a un terrorista? ¿Existe la causa en el terrorismo? ¿Si ésta existiera, por qué morir por una causa? ¿Por qué ir siempre contra los que menos lo merecen? ¿Sirve de algo el terrorismo..?

No voy a hablar de lo que ya se ha hablado en multitud de ocasiones… Hace tres años que recordamos, algunas veces más, algunas menos, lo que ocurrió un once de marzo en Madrid. Lo que ocurrió y este año cumple su tercer aniversario con 191 ausencias y miles de vidas rotas. Hablemos del terrorismo como otro mal de nuestra sociedad, de la nuestra y de muchas otras, y de nuestro tiempo, y de tantos otros… Busquemos, si cabe, algún sentido en matar a inocentes por principios o causas.

Yo no soy una víctima del terrorismo, pero puedo imaginar lo que me diría el que realmente ha sufrido el terrorismo: no hay sentido, sólo dolor. Mucho dolor. Pero dentro de la falta de lógica e incomprensión están aquéllos que creen luchar por una causa, que creen ciegamente en la muerte como medio para alcanzar el fin. Aquellos que se hacen terroristas para ser héroes y confunden el amor por la causa con el odio hacia la anticausa. Esas personas cuya inteligencia les ha llevado a la ignorancia absurda, seres que han sabido aprovechar, a su vez, la ignorancia ajena desde su propia ceguera, quizás ni siquiera merezcan llamarse personas. Sin embargo, después de largos años de guerrillas, terrorismos y violencia sectaria, pocas de esas personas se han planteado que sus propios actos, a veces, les juegan una mala jugada. Si no fuera por las barbaries y atrocidades cometidas por algunos en nuestra historia reciente y no tan reciente, el mundo nunca hubiera aprendido lo que no quiere ser su mundo.

Al margen del dolor y la locura que supone un atentado terrorista (sin distinguir entre terrorismos malos y buenos) y la absoluta y rotunda falta de justificación de éstos, muchos ni si quiera se habrían planteado algunos asuntos de gran trascendencia de hoy en día. Hubiéramos seguido ocupados en nuestra más simple rutina, en nuestras preocupaciones más cotidianas que, con frecuencia, no van más allá del portal de nuestra casa.

Después de los atentados del 11-S (Nueva York, 2001), 11-M (Madrid, 2004) y 7-J (Londres), poco se hablaba del Islam y de los musulmanes. Luego se empezó a hablar de los terroristas islámicos, luego islamistas y luego integristas… Luego se empezó a hablar de armas de destrucción masiva y luego, de petróleo. Acto seguido, volvimos al Corán para reivindicar los derechos de la mujer en la cultura musulmana y, más tarde, a acusar a todo árabe de terrorista.

Pero ¿qué significaban todas esas afirmaciones en boca de grandes líderes políticos y religiosos que eligieron un objetivo fácil para crear el nuevo enemigo internacional? Lo único que hicieron esas personas era conocer el desconocimiento y sembrar más dudas sobre lo que ya se desconocía, aprovechando del dolor ajeno.

¿Han servido de algo los atentados terroristas del 11-M? Después de tres años, del dolor se ha pasado al odio y del odio, al deseo de haber justicia… Pero hay algo más.

Nunca se había hablado tanto del Islam, de la cultura musulmana, de los países árabes y de la integración de los musulmanes en la sociedad occidental, así como de sus condiciones de vida en sus propias tierras. Nunca había interesado tanto lo que ocurre en Irak, Palestina, Irán o Afganistán y nunca los occidentales habíamos mirado tan a “lo lejos”. Después de la incomprensión, confusión y prejuicios sobre los musulmanes y su cultura, parece que es ahora cuando se ven esfuerzos por comprender lo que realmente significa ser un musulmán e intentar rectificar los errores cometidos. ¿Un ejemplo? El reciente debate sobre el Islam en Cataluña y sobre la integración de los musulmanes en esa comunidad autónoma; las decenas de páginas que los periódicos más influyentes del país dedican al debate sobre los musulmanes y su vida aquí y allá; o lo mucho que da por hablar cada acto público relacionado con lo que ocurre en Oriente Próximo… Múltiples reuniones, cumbres y documentos, algunos de sincera voluntad y otros de vergüenza ajena sobre posibles soluciones.

Voy a terminar con las palabras de la segunda esposa del emir de Qatar, Mozah bint Nasser al Missned que dijo en sus declaraciones a la revista EP S del 11 de marzo del 2007 lo siguiente: “Tiendo a ver el lado positivo de los problemas. Ese incidente (los atentados del 11-S) ha desatado un enorme interés en ambas partes por conocerse mejor (occidentales y musulmanes). Iniciativas y esfuerzos como La Alianza de Civilizaciones son el resultado de lo que sucedió. Nos dimos cuenta de que no nos conocíamos lo suficiente. Así que ha llegado el momento de conocernos, de entender nuestras culturas, nuestras civilizaciones y nuestras formas de pensar.”

Ha llegado el momento de conocernos. Pero no de conocer a los que despiertan cada mañana con deseo de matar en nombre de una cultura… Ha llegado el momento de conocer a los que son la cultura y no a los que dicen serlo… Pero sin necesidad de que mueran 192 personas, sin necesidad de dejar mensajes de tristeza dentro de una cúpula de cristal y sin necesidad de homenajear a ninguna víctima más…

Fuente de la imagen:
www.elperiodicomediterraneo.com

Interior del Monumento homenaje a las víctimas del 11-M inaugurado
el pasado 11 de Marzo de 2007 en las afueras de la Estación de Atocha (Madrid)
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