¿Toreas o te torean?

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Sixto Paz vuelve a La Villarroel (vimos allí su Pretty, que tanto nos gustó, en 2016) con su nueva propuesta: Bull, un texto del dramaturgo británico Mike Bartlett, con dirección de Pau Roca y un reparto compuesto por Mar Ulldemolins, Marc Rodríguez, Joan Carreras i David Bagès. La obra trata el espinoso tema del acoso laboral, cuando la crisis obliga a que, de tres puestos, sólo puedan quedar dos, y los empleados deban luchar por su supervivencia dentro de la empresa, minando la moral del que consideran más débil.

La propuesta se plantea como una corrida de toros, donde el escenario sería la plaza −aunque su forma rectangular le dé más aspecto de ring de boxeo, que como metáfora también funciona−, y los personajes encarnarían al toro, al torero y al banderillero. La imaginería taurina no está solo en el título, sino que el director ha querido reforzarla desde que se entra en la sala, donde nos reciben dos vocingleros vendedores de agua y caramelos que nos ofrecerán el programa de mano mientras recorren las filas de butacas de la Plaza La Villarroel. También los colores del vestuario –diseño de Laura García−, sobre todo en el traje (de luces) chillón de la única mujer de la escena, aluden a los tonos del toreo, pero más evidente se hace aún en los gestos y saludos de los personajes, o en la escena final. Todo, pues, desde el principio, predispone a los espectadores a asistir al toreo al que someten a uno de los personajes sus compañeros. Ya la voz en off de David Bagès nos pregunta, repetidamente, al inicio, si nosotros somos de los que torean o de los que son toreados. Si nos identificamos más con unos personajes o con el otro.

La dirección está cuidada y medida, las interpretaciones no desmerecen las dotes de los intérpretes ni el nivel al que nos tienen acostumbrados estos cuatro nombres de la escena catalana, y la función mantiene el ritmo y tiene la duración justa y necesaria para la historia. Sin embargo, algo en esa historia nos chirría. Resulta tan evidente su final, nos viene tan marcado desde el principio, que parece que tenga que haber un giro en alguna parte, un golpe de efecto, un algo que sorprenda, que no nos esperáramos, que genere un nuevo conflicto dramático. Pero no, todo termina como apuntaba. Y es que ya lo dice la torera: la mayoría de veces, la mala gente se sale con la suya y sigue trepando, y el bueno, el honesto, el discreto, el prudente… cae. Y no existe una justicia divina que dé merecidos a los otros. En esta sociedad, o toreas o te torean.

Si queréis asistir a una corrida de toros en una oficina y ver con qué sector os sentís más identificados, Bull estará en cartel en La Villarroel hasta el 22 de abril.

 

 

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