“Todo va bien”: la moderna vida irónica un comercial distópico

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Socrates Adams presenta en su ópera prima (editada en España por Pálido Fuego) un universo distópico cargado de sinsentidos, absurdos y situaciones inverosímiles. El problema es que ese mundo se parece demasiado al nuestro propio.

Portada_Todo_va_bienTodo va bien es el primer libro de Socrates Adams, nacido en Bath (Reino Unido) en 1984. Fue publicada por primera vez el año pasado por Transmission Print, una editorial inglesa fundada en 2010, caracterizada por la búsqueda de originalidad y cuya política se basa en sacar al mercado un único libro cada año. Curioseando la edición de Pálido Fuego, lo primero que llama la atención en su contraportada son las críticas de un par de autores y un par de medios. Todos ellos coinciden en el humor existente en esta novela, alguno matizando que es un humor mezclado con dolor o tristeza. Quizás influido por estas notas, y debido a que el protagonista es un agente comercial fracasado, empecé a leer Todo va bien convencido de que encontraría una sucesión de escenas graciosas aderezadas con una ácida crítica al sistema.

No fue lo que hallé. Realmente, no es un libro cómico. Las vivencias de Ian, un agente comercial que no llega a sus objetivos, son tan absurdas y surrealistas que llegan a arrancar una sonrisa… hasta que uno cae en la cuenta de que todo lo que narra no es más que una exageración (en ocasiones, no tan sobredimensionada) del mundo laboral y empresarial contemporáneo, de las comisiones por ventas y de los negocios piramidalesAquellos lectores que hayan trabajado mucho tiempo en labores comerciales (no por propia iniciativa, quizá porque no hayan encontrado algo mejor), cuya subsistencia dependa de llegar a unos números más o menos ridículos, teniendo que competir con el resto de comerciales para ser el favorito del jefe, el empleado destacado del mes, o lo que sea… ellos, posiblemente, no encontrarán esas risas prometidas en la lectura de este libro. Por una única razón: se sentirán identificados con multitud de escenas. Y la sonrisa, aunque aparecerá sin duda, será amarga.

Es difícil, a lo largo del libro, empatizar con Ian. Es un personaje tan patético, tan alienado, tan autoconvencido de que es feliz (aunque se evidencia lo contrario), que ni siquiera termina de dar pena.  Tras fracasar en la labor de vendedor de tuberías, su jefe lo castiga entregándole un tubo y ordenándole que lo cuide como si fuera su propio hijo… Los pensamientos de Ian son los que guían el rumbo de la historia, dotando a la obra de un agradable dinamismo. De hecho, es un libro que se lee fácil y rápido.

En conclusión, y como hemos señalado, no es un libro cómico, a pesar de que existan situaciones muy graciosas en él. Tampoco es un libro deprimente, aunque su (nuestra) realidad sea distópica. Posiblemente no llegue a ser un fenómeno de masas, y se le incluya en la poco determinada categoría de los “alt-lit”. Y esa sí es una mala noticia: Todo va bien debería ser de lectura obligatoria. La lástima es que la obligatoriedad de su lectura iría en contra del mismo espíritu del libro.

 

Imagen: detalle de la portada de la edición inglesa del libro.

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