‘To be or not to be’…that is the question again

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…Sobre la “Common Sense”, La “Spanish Revolution”, rescatar, ser rescatado y otras peripecias…

Un día como hoy es importante que el teatro isabelino de Willian Shakespeare cobre de nuevo protagonismo en el mundo moderno con una de sus más conocidas obras. El gran cuestionamiento de Hamlet (la duda): “el ser o no ser”, “el vivir o morir”, “el seguir o el detenerse”, “el luchar o el rendirse”…todos ellos son hoy noticia, o al menos, deberían serlo. Y nosotros, todos, somos sus protagonistas porque el mundo ha despertado y el sentimiento del cambio llega de la mano de los más jóvenes pero también de los que no lo son tanto y están hartos de vivir sin esperanzas de futuro.

Desde el pasado 15 de marzo, Madrid ya no es sólo la capital de España; es también la capital de los sueños, la lucha y el cambio. A partir de hoy, Madrid también aparecerá en los libros y será conocida como: “la ciudad de la revolución”. Un lugar dónde se despertó la conciencia de la ciudadanía y se dió boleto a la aquiescencia que dominaba las mentes de todos. Un lugar dónde los ciudadanos se unieron para salir a la calle y exigir el cumplimiento de sus derechos, -sin importar su edad, raza, ideología o religión-, y de este modo también comprometerse más con sus obligaciones.

Hoy, el movimiento de masas que surgió en Madrid, concretamente en la Puerta del Sol, hace poco más de un mes se extiende por todo el mundo como si de una plaga se tratase. Y me refiero al mismo como plaga porque estoy segura de que a más de un político o banquero les parece exactamente eso.

Y es que son ellos, los que lo ponen de manifiesto en sus pancartas cuando salen a la calle: “nobody expected the spanish revolution”; nadie se lo esperaba. Fue un jarro de agua fría que nos ha hecho despertar a todos, y por qué no decirlo, que nos ha puesto los pelos de punta. Y la verdad, he de reconocer que quién escribe estas líneas se siente identificada con las miles de personas que gritan: “basta”. Basta de recortes en la libertades y en los derechos de los ciudadanos. Basta ya de corrupción, de censura y de pisotear los derechos de todos. Basta ya de denigrar el trabajo periodístico, que por desgracia hoy está tan mal valorado debido a que muchos periodistas no quieren o no pueden contar verdades. A ojos de algunos, esto que estoy haciendo, -dar mi opinión-, sería muy poco periodístico: “Un profesional de la información jamás debe dar su visión o implicarse con aquello que está contando”. Pero ¿quién no está cansado? Quizás ésta forma de contar la verdad esté más valorada o sea más útil que simplemente callarla. Callarla a beneficio de otros, de los de arriba, de los que nos manejan y nos dicen lo que tenemos o no tenemos que escribir y de los que pretenden que nosotros también olvidemos que estamos al servicio del ciudadano y que somos las bocas de estos últimos y los oídos de los que gobiernan; y no al revés.

Pero bien es cierto que no podemos generalizar, no todo son malas prácticas; también existen cambios que demuestran que hemos pasado a una nueva dimensión, que nos hacen pensar que otro mundo es posible y que éste, -cómo ya auguraban escritores, filósofos e historiadores durante el siglo pasado-, está siendo para muchos “el siglo de la gente”. Y la prueba de ello son las continuas manifestaciones pacíficas que se están llevando a cabo. La última, al grito de: “Democracia Real Ya: No al Pacto del Euro”; y en la cuál, más de 200.000 personas en más de 50 ciudades, -sólo en España-, tomaron la calle para volver a pedir el cambio y para frenar lo que el pasado 11 de marzo de 2011 los Jefes de Estado de la UE acordaron: un paquete de medidas bautizadas como el “Pacto del Euro” , las cuáles serían posteriormente ampliadas y publicadas como “Pacto del Euro Plus” y firmadas por los 17 Gobiernos de la Eurozona más otros 6 países.

Hoy, 27 de junio de 2011, el Parlamento Europeo pretende aprobar dicho pacto sin el consentimiento de la opinión pública. “Poca información al respecto y un muro de silencio como respuesta a nuestras preguntas”: se quejan los indignados.

Puestos a analizar, hay que decir que no sólo España fue protagonista de protestas el pasado domingo 19 de junio; ya que en muchos países europeos, -e incluso en algunos latinoamericanos-, se han sucedido también numerosas manifestaciones pacíficas de apoyo a lo que ya todos conocen como la “spanish revolution”.

Dublín fue uno de esos puntos. Dónde el emblemático “meeting point” y punto más alto de la ciudad: el Spire, acogió a la comunidad española que reside en Dublín y que se congregó allí para apoyar la causa. Debo aclarar que aunque a nivel mundial, el movimiento se identifica como “español”, no son sólo españoles los que están invitados a pedir el cambio. “Se trata de un movimiento que busca ser global y no sólo de España puesto que la crisis económica que estamos viviendo es mundial y por lo tanto todos podemos y debemos sentirnos parte del mismo problema”: aseguraban los manifestantes durante el acto.

De este modo: todos; españoles, griegos, franceses, portugueses e irlandeses se concentraban en el centro de Dublín para decir: “no” al pacto por la defunción del Estado del Bienestar.

El Pacto del Euro, o “pacto de los grandes banqueros”, -como muchos ya lo denominan-, está destinado a beneficiar, una vez más, sólo los intereses de las entidades financieras; las cuáles según la ciudadanía: “casualmente son las únicas que no pagan los efectos de la crisis y al contrario, cuentan con el apoyo incondicional de los gobiernos”.

La excusa: “hay que salvar a la banca”. La pregunta: “¿y por qué debemos salvarla?”. A muchos la respuesta no les convence: “Porque ésta se supone unos de los pilares fundamentales del modelo capitalista de economía que hoy, nos gobierna pero no nos representa”. Todos coinciden en que: “el sistema es corrupto y totalmente insuficiente. Debe cambiarse por el bien mutuo y no sólo por el de los bancos; ya que ellos, después de haber dejado a miles de familias en la ruina, -con hipotecas imposibles o daciones en pago injustas-, sólo reciben apoyo”. Y es que, sólo en España, ya se han inyectado alrededor de 30.000 millones de euros a los bancos españoles. Y esto sucede después de conocer que algunos de los beneficiarios de estas ayudas, como el Banco Santander o el BBVA, anuncian altos beneficios en su último informe de resultados.

Los “indignados”, aseguran que nadie ha hablado acerca de este pacto o de los efectos que la aprobación del mismo acarrearía para Europa y sus ciudadanos. Pero lo que realmente el Pacto del Euro quiere conseguir es ser un aval para los bancos alemanes y franceses, los cuáles aportan dinero para posibles rescates europeos y quieren asegurarse recuperar hasta el último céntimo de euro del dinero que prestan. De momento, -de los potenciales deudores-, es decir: de los bancos griegos, irlandeses, portugueses y por qué no, -el miedo está latente-, también españoles.

El problema es que no serán los bancos de los respectivos países los que pagarán los costes de la crisis ya que está pensado que sean los ciudadanos los que paguen y sufran este periodo de “vacas flacas” a través de los numerosos recortes sociales que se pretenden; tales como: conseguir la estabilidad económica en los países de la zona euro mediante la moderación salarial, la contención del gasto en pensiones o la flexibilidad laboral. Los medios que se utilizarán para lograr estos objetivos son básicamente dos: vincular los salarios a la productividad y moderar dichos salarios.

Esto último, es lo que más preocupa a los ciudadanos; los cuáles, creen que esta medida llevará sin remisión a una mayor pobreza entre la gente de a pie. Los empleos se impulsarían mediante rebajas de impuestos a las empresas y permitiendo una mayor flexibilidad geográfica y laboral para sus empleados, lo que podría redundar en una pérdida clara de la calidad de vida.

Además, los estados firmantes deberán implantar de inmediato medidas como el aumento del IVA y un control más riguroso del déficit y de la banca. Algo que no encaja en las mentes de los ciudadanos ya que cualquiera puede entender que ante la operación: reducción de sueldos + aumento del IVA; sin duda la respuesta es: más pobreza.

“Y todo ello, detrás de una desinformación total para con nosotros que somos los principales afectados”: repiten los indignados. “Ni los medios de comunicación, ni los políticos, ni la Comisión Europea han dicho ni mu”: aseguran.

Ante esto y gracias a las redes sociales, ellos dicen ya no necesitar de un filtro de información para llegar a la verdad. “Un filtro que casi siempre maquilla la información y sólo muestra lo conveniente”: denuncian. De hecho, como todos sabemos, las manifestaciones del 19 de junio tuvieron su eco en la red social twitter, donde miles de mensajes lanzados a lo largo de todo el día lograron mantener también la protesta de forma digital en las autopistas de la información.

De esta forma la revolución islandesa y sus detalles, por ejemplo, se han conocido hace bien poco. Hoy, sabemos que el pueblo de Islandia ha tomado las riendas de su sistema y ahora son ellos sus propios amos mientras la clase política está pagando con la cárcel algunos de sus errores. Y es que muchos de ellos habían olvidado su verdadero cometido y habían pasado de “servir” ha ser “servidos”.

Y al igual que ellos un día pudieron elegir en su propio beneficio, parece que ahora ha llegado el momento de que el pueblo también elija; decidiendo así, y por sí mismo, si quiere tomar el papel de “rescatador” o el de “rescatado” en la tragedia teatral que estamos protagonizando.

“Son los ciudadanos quienes deciden su futuro y no sus gobernantes. Somos nosotros quienes debemos decidir lo que queremos ser”: esta es la filosofía que defienden los indignados. Y es que podemos decir que 2011 será recordado como el año de las revoluciones sociales ya que Arabia, Islandia o España son hoy el ejemplo del sentido de unidad ante los abusos de poder y a través del cuál la opinión pública ha adquirido un “sentido común”, una “common sense” a favor del cambio.

Al igual que Shakespeare hacía con sus personajes, para los cuáles determinaba su existencia y su vulnerabilidad frente a su propio destino a través de sus actos y decisiones; hoy, nos preguntamos más que nunca también lo que Hamlet no dejaba de preguntarse: “¿qué es más noble al espíritu: sufrir los golpes y dardos de la aireada suerte, o tomar armas contra un mar de angustias y darles fin luchando?”.

Con esto no pretendo ser como Jean-Paul Marat, ni mucho menos; – aunque muchos piensen que sin sangre no hay cambio-. Esto claramente tampoco es “L´Ami du pueble”; es tan sólo “La Huella Digital”, pero gracias a ella me atrevo a pensar que “la utopía es la verdad del mañana”, -como ya predicó en su día Ignacio Ramonet-, y gracias a ella también puedo compartir con vosotros la ilusión que dentro de mi alma me insta a creer que cada uno de nosotros tenemos “una huella” que dejar en una Babel armoniosa y fraterna, dónde todos somos distintos pero compartimos un solo ideal.

Por ello, aunque parezca una locura…seamos “Quijotes” y creamos que de verdad podemos.

See you soon my dear friends…

Información: Sylvia Miño
Ilustraciones: Caroline Rosi

3 Comentarios

  1. Muchas gracias Esther!!Me alegra que te haya gustado…la verdad, valga la redundancia, sólo trataba de decir verdades…porque eso es lo que debe ser el periodismo!Eso y nada más!!Mil besos!!

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