Tim Henman vs. Goran Ivanisević: el infierno para Tim, el paraíso para Goran

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Año 2001. Pista central de Wimbledon. Tim Henman y Goran Ivanisević aparecen con su equipo para disputar la segunda semifinal del torneo más importante del circuito profesional de tenis. En la final espera el austrialano Patrick Rafter, mientras que el inglés y el croata saben perfectamente que están ante la mejor oportunidad para conquistar el preciado trofeo de Wimbledon. Sólo uno de ellos puede salir vencedor, ¿quién será?

Julio de 2001, pista central del All England Lawn Tennis and Croquet Club, o si se quiere poner en términos menos pomposos, pista central de Wimbledon, el único Grand Slam que se juega en hierba, y curiosamente el torneo más importante y prestigioso del tenis mundial. Tim Henman cierra el tercer set con un 6-0 a su favor. Todo parece encarrillado para que, esta vez sí, el gentleman de Oxford llegue a su primera final de Wimbledon, y también de un Grand Slam. El marcador está a su favor (dos sets a uno), el público está totalmente entregado a su causa, su saque entrá a la primera, su derecha no se muestra timorata y todas sus subidas a la red y las voleas acababan en éxito. Este era el momento de Tim Henman y su rival no lo podría parar.

En el otro lado de la pista estaba Goran Ivanisević, uno de los mejores jugadores croatas de la historia del tenis, que en aquel 2001 pasaba por momentos bastantes bajos. Más aún, si la organización de Wimbledon de aquel año no le hubiese ofrecido una wild car, el bueno de Goran estaría veraneando en las playas de Split, Dubvrovnik o vaya a saber el lector dónde. Sin embargo, la organización decidió ofrecerle la invitación e Ivanisević no se lo pensó dos veces para aceptarla. Después de todo, Wimbledon era el Grand Slam que más cerca había estado de ganar. En 1992 llegó a la final, pero fue derrotado por Pete Sampras. Mismo resultado en 1994, aunque en lugar de Sampras, el rival era Agassi. Y por último, en 1998, Ivanisević también hizo su camino hacia la final, pero allí se volvió a encontrar con Pete Sampras, que lo volvió a derrotar en cinco sets, tal y como lo había hecho 6 años antes.

Que Ivanisević estuviese en aquella semifinal ya era un éxito absoluto. Para llegar al penúltimo partido del torneo, Ivanisević derrotó en segunda ronda a Carlos Moyá, lo cual tampoco resultaba muy complicado teniendo en cuenta las prestaciones del mallorquín sobre césped. Más complicado lo tuvo contra la estrella naciente de Andy Roddick, al cual venció en cuatro sets. Sin hacer mucho ruido, Ivanisević estaba en la cuarta ronda del torneo más importante del mundo. Sin embargo, pocos le daban alguna opción de llegar a cuartos de final. En octavos, el croata debía enfrentarse a Greg Rusedski, el otro jugador inglés en el que el público británico tenía depositadas sus esperanzas para ver a un inglés levantando la copa de campeón de Wimbledon. Pero el británico falló y el croata se llevó el partido y con él, pasó a cuartos de final, ronda en la que se enfrentaría contra un joven ruso que había ganado su primer Grand Slam en el año 2000 y que en ese mismo año había llegado a ser número uno del ranking mundial: Marat Safin.

Además de un jugador excelente de tenis, Marat Safin también tenía un carácter complicado dentro de las pistas. Romper raquetas y discutir con los árbitros le gustaba tanto como ganar partidos. Aunque esto último tampoco era un gran punto a favor para Ivanisević, al cual también le gustaba romper raquetas cuando las cosas no iban por donde el quería. Sin embargo, Safin se encontraba al comienzo de su carrera e Ivanisević en el final de la suya, por lo que la experiencia sí que jugaba a su favor. Y sorprendentemente el croata lo hizo de nuevo, volvió a batir a un rival que en esta ocasión era en enjundia. Marat Safin, el número tres del mundo en aquel momento, el ganador del US Open 2000, caía derrotado contra el wild card Goran Ivanisević.

Tin Henman (Aston, 1974), tenista inglés cuatro veces semifinalista en Wimbledon./ Pfctdayelise (CC)

El croata estaba, para sorpresa de todos los aficionados al tenis, en la semifinal de Wimbledon. Ahora muchos se preguntaban si sería capaz de hacerlo, si sería lo suficientemente hábil para ganar las semifinales, llegar a la final y ganar Wimbledon. Cabe suponer que Ivanisević lo tenía en mente, aunque para ello debía primero vencer a su rival en semifinales, Tim Henman. Y las cosas comenzaron bien para el croata. Se anotó el primer set por un tanteo de 7-5 y llego al tie break en el segundo, el cual finalmente se lo llevó el británico. Luego llegó el tercer set, con el cual abrí el artículo y en el que Ivanisević se vio totalmente desbordado por el juego de Tim Henman. Todo estaba preparado para que comenzase el cuarto set. Henman estaba pletórico, todo lo que hacía resultaba, mientras que Ivanisević estaba desmoralizado. No sólo era que hubiese perdido el tercer set por 6-0, sino que todos los fantasmas de las finales perdidas en esa misma pista le debieron venir a la cabeza. Sólo un milagro podía salvar a Ivanisević y este llegó en forma de precipitaciones. Lógicamente, el partido tuvo que suspenderse por la lluvia y ambos jugadores retirarse a los vestuarios para esperar mejores condiciones meteorológicas para continuar el partido. Para Henman la peor de las noticias, para Ivanisević la mejor y para el público inglés la incertidumbre de si verían de nuevo a un británico en la final de Wimbledon tras largos años de espera.

Antes de continuar con el partido, es necesario clarificar cuántos años habían pasado desde que un británico levantó la copa de campeón de Wimbledon y qué suponía para el público británico. Para ponerlo en términos cómicos, o mejor dicho tragicómicos, cuando el último británico (antes de que Murray lo hiciese en el 2012) llegó a una final de Wimbledon el Anschluss (unión de Austria al III Reich) era un acontecimiento reciente, el Pacto de Múnich aún no se había producido, la Guerra Civil en España aún tenía que vivir la Batalla del Ebro, la ofensiva sobre Cataluña y la conquista del resto del territorio que aún estaba en manos del gobierno de la II República y el comunismo seguía siendo la gran esperanza para parte del proletariado, campesinado y clases medias empobrezidas europeas. En otras palabras, que en 1938 fue la última vez que un británico, en este caso Henry Austin, no pisaba la pista central de Wimbledon el último domingo del torneo. Y lo cierto es que desde que Fred Perry obtuviese su última victoria en Wimbledon 1936 ante Gottfried von Cramm, ningún otro británico lo había hecho. Cierto es que en el 2013 Murray rompió la maldición tras alzarse con la victoria final ante Novak Djoković. Pero incluso así, la victoria de Murray no era lo mismo que la victoria de un inglés. Murray es escocés e  independentista, tal y como declaró a unas semanas antes del referéndum de independencia de Escocia, mientras Fred Perry o Tim Henman eran ingleses que representaban lo mejor de la nación británica, esto es, los valores de la época victoriana.

Cuando el partido entre Tim Henman y Goran Ivanisević se reanudó, el inglés dominaba el marcador (2 sets a 1). Sin embargo, cuando los dos jugadores volvieron a la pista, las sensaciones de uno y otro ya no eran las mismas. Tim Henman ya no se sentía tan poderoso como el día anterior, mientras que Ivanisević recordó que aquella podría ser su última ocasión de ganar Wimbledon. Así, la cuarta manga fue igualada, con ambos jugadores practicando un tenis de alta calidad, siendo el croata el que se lo llevó en el tie break. Todo quedaba para el quinto y definitivo set. Las tornas habían cambiado y ahora el que necesitaba la lluvia o cualquier otra interrupción del encuentro era Henman. Pero la fortuna no estaba con el inglés, que tuvo que ver como Ivanisević se llevaba el definitivo set por un marcadas de 6-3. El resultado final fue (7-5, 6-7, 0-6, 7-6, 6-3) favorable al croata. Ivanisević avanzaba, Henman volvía a quedarse a las puertas de la final. Ya era la tercera ocasión en la que le sucedía.

Al día siguiente, Ivanisević jugó la final contra Patrick Rafter, a quien derrotó en cinco mangas. Y así, el que llegó con una wild card bajo el brazo completó las dos mejores semanas de su carrera profesional. Llegaba a Wimbledon como un tenista acabado y salió de allí con el trofeo más prestigioso que existe en el mundo del tenis. Goran había llegado al paraíso. Poco importaban ya las tres finales de Wimbledon perdidas en ocasiones previas. Poco importaba ya los problemas que llevaba arrastrando en su hombro desde 1999. Y por supuesto, mucho menos importaba lo que sucediese en el futuro. Ivanisević había ganado Wimbledon y eso significaba que había hecho todo lo que tenía que hacer en el tenis profesional. Más aún, después de su victoria en Wimbledon, Ivanisević volvió a desparecer de las pistas de tenis hasta que finalmente se retiró en el 2004. Pero poco le importaba al croata. Había hecho lo que nadie había hecho: ganar Wimbledon con una wild card. ¿Qué más le quedaba por hacer? Nada, estaba en el paraíso del tenis y ahora debía disfrutar de él.

Goran Ivanisević (Split, 1971), ganador del torneo de Wimbledon en 2001./ Pfctdayelise (CC)

Si Ivanisević había llegado al paraíso, Henman había descendido a los infiernos. Cuando le preguntaron qué opinaba sobre el resultado de la final de Wimbledon 2001, el inglés respondió que no la vio, que estaba jugando al golf. Y probablemente así fuese, pero claro está que Henman estaba hundido. Después de todo, había sido su mejor oportunidad de meterse en una final de Grand Slam y se le había escapado por muy poco. Eso sin contar con que los ingleses, al día después de la derrota, volvieron a hacer sangre de la derrota de Henman. Algo normal si se tiene en cuenta que los aficionados ingleses siempre demostraron muchas más esperanzas y ganas (y también frustración y rabia) que el propio Tim Henman en que éste venciese Wimbledon. Posiblemente, Tim Henman nunca se planteó la victoria en Wimbledon como un objetivo que debía cumplir si quería considerar su carrera exitosa. Sin embargo, los aficionados ingleses sí lo consideraron así y por ello consideran que Tim Henman fracasó en su carrera profesional al no obtener la victoria en el All England Club.

Ahora bien, las cosas se pueden observar desde otra perspectiva. Desde que Tim Henman alcanzase las semifinales de Wimbledon en 1998 habían transcurrido 25 años desde que el último británico, en este caso Roger Taylor, alcanzase esa ronda. Además, las del 2001 no serían las últimas semifinales de Henman, ni en Wimbledon, ni en un Grand Slam. En el 2002, volvió a las semifinales de Wimbledon, para caer esta vez derrotado por Lleyton Hewitt, que se llevaría el torneo venciendo a David Nalbandian en la final.  Nunca más se le vería por aquella ronda en el All England Club.

Sin embargo, dos semifinales de Grand Slam le quedaban por jugar a Henman. Corría el año 2004,  cuando Tim Henman se encontraba disputando ante Guillermo Coria la penúltima ronda de Roland Garros en la pista Philippe Chatrier. En una superficie tan poco propicia para el saque-volea de Henman, éste había sido capaz de llegar a semifinales. No sólo eso, sino que se anotó el primer set y consiguió hacer break en el segundo. No obstante, Tim Henman comenzó a recular, como si se hubiese dado cuenta de que la arcilla era superficie extraña para él. Perdió el break de ventaja y posteriormente el encuentro. La última semifinal de Tim Henman en un Grand Slam fue en el US Open 2004, en la cual cayó derrotado ante Roger Federer.

Tres años después, en ese mismo escenario, Tim Henman anunció su retirada del tenis profesional. Unos fuertes dolores en su espalda le impedían continuar jugando, aunque tras el año 2004 su carrera había entrado en franco declive. Era normal que Tim Henman se retirase por fuertes dolores de espaldas, cargar más de 10 años con las esperanzas (y frustaciones) de toda una nación de volver ver a un británico levantando la copa de campeón de Wimbledon deja su huella. Paradójicamente, su espalda se doblegó más por los dolores ajenos que los suyos propios.

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