Tiernas luciérnagas claroscuras

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Fuente: Teatre Barcelona

Tras dos temporadas en cartel en el madrileño Teatro del Arte, Luciérnagas, escrita y dirigida por Carolina Román e interpretada por Carmen Gutiérrez, Fede Rey y Jaime Reynolds, inicia su gira y aterriza en el Versus Teatre de Barcelona para ofrecer al público catalán cuatro funciones de la producción del teatro de Lavapiés.

Luciérnagas es una de esas pequeñas historias cargada de grandes momentos, y asentada en tres personajes claroscuros, llenos de luces y de sombras. Alex y Julio, dos hermanos huérfanos, viven un pueblo que parece encontrarse en el fin del mundo, un pueblo en el que todo el que pasa por allí lo hace para visitar a la familia y poco más. El anuncio con el que se busca personal para el primer hostal que van a abrir lleva hasta allí a Lucía, una mujer que huye de su pasado y que se construye a partir de ficciones para salir adelante. Su encuentro con los dos hermanos va a determinar sus vidas de un modo insospechado e irá iluminando para el espectador todo lo que hay detrás de esos tres rostros.

A través del recurso de aquel que vuelve años después al lugar donde vivió y rememora el pasado –y que contará, a modo de epílogo, cuál fue el destino de los personajes, recurso que podría perfectamente omitirse y la pieza funcionaría igual de bien−, Julio, el hermano mayor, interpretado por Reynolds, revive las escenas fundamentales del choque vital que supuso para él y Alex, encarnado en Fede Rey, la aparición de Yiyi, nombre artístico de Lucía, a quien da vida Carmen Gutiérrez. Y dar vida no supone sólo una expresión, sino el modo más acertado para referirse a la interpretación de los actores, que rebosa, como el texto, de verdad, de certeza, de cruda y hermosa realidad. Los personajes, por sus complejidades, podrían llevar a los intérpretes a sobreactuarlos y, en cambio, no se percibe un exceso inapropiado en ningún momento. Las situaciones, la puesta en escena, los mismos personajes y su desarrollo, todo en el montaje está impregnado de una verosimilitud que hace que en el escenario se reconozca vida, la vida misma, con sus altibajos, sus momentos tiernos y hostiles, las distintas caras del fracaso…

Porque los tres personajes no dejan de ser, en el fondo, tres imágenes distintas del fracaso, salvo, quizás, en el caso de Alex, un joven con alma de niño debido a un leve retraso psíquico. Son las escenas rudas entre los hermanos, las de tensión violenta, las que quizá deberían ajustarse un poco más en cuanto a la intensidad, sin que por ello la obra se resienta lo más mínimo. Los actores ofrecen todo su cuerpo y toda su técnica a cada personaje, ninguno de ellos fácil por lo redondos que resultan, por lo cargados de matices con los que se presentan al público, que sigue los acontecimientos con verdadero interés, sumergido en la historia y reconociendo mucho de lo que habla el texto que, al fin y al cabo, refiere asuntos puramente humanos y universales como el amor, la necesidad, el miedo, la soledad, el dolor, la amistad…

Los elementos técnicos de la puesta en escena acompañan perfectamente la propuesta de dirección, sencilla, cuidada y efectiva. La escenografía, obra de Alexandra Alonso-Santocildes ofrece los dos ambientes, exterior e interior, de esa gran casa vieja de la que sólo se usa una discreta parcela, y ambos se ven reforzados por la iluminación a cargo de Luis Perdiguero. El espacio sonoro, diseñado y compuesto por Nelson Dante, también contribuye a la creación de esos ambientes y las canciones que Alex escucha y Yiyi canta acompañan toda la pieza de principio a fin.

Luciérnagas regala al espectador noventa minutos de un montaje completo, bien escrito, dirigido e interpretado, bien llevado a escena, y bien sentido. Parafraseando la célebre cita de Lorca, la poesía subyacente en el texto sale de él para hacerse humana. La gira continuará en el mes de mayo por Cartagena y Sevilla y, sin duda, vale la pena no perderse esta función.

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Fuente: Teatre Barcelona

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