The Tube

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Para los que viven, han vivido o han visitado Madrid:¿Quién no se ha quejado de la (in)eficacia del Metro? ¿Quién no ha oído a alguien lamentarse de que siempre se está estropeando? Lo cual es perfecta excusa para nuestra impuntualidad. Pues os voy a desvelar otro de los horrores sobre este transporte…
El metro de Londres, THE TUBE.
Lo peor está al comienzo del día. Aún tienes los cereales con leche de botella bajándote por la garganta. Sales corriendo con un sola idea: “En qué lugar del andén me situaré hoy para que el vagón de metro que pare ahí tenga un hueco para mí”. Tan importante es esto, que el jueves pasado, a las 8.30 am tuve que dejar pasar 6 trenes de metro (!!). Bien porque se llenaban antes de que yo llegase a la puerta del vagón, bien porque no cabía nadie más. Estos 15 minutos fueron horribles. Eso si, la satisfacción que sientes cuando logras un hueco en un vagón, es indescriptible. Y más si ha sido gracias a tu (corta) estatura, pues puedes, estratégicamente, situarte en el hueco de la puerta, donde nadie cabe, la puerta le cortaría la cabeza al cerrar (si, ese es mi sitio).

Ya he conseguido “Mi Sitio”. Ahora un nuevo horror: El calor humano. A veces este calor puede ser muy bien recibido, apreciado, pero cuando es el calor de varios humanos, en un vagón completo, rodeada de gigantes ingleses cuyos codos quedan a la altura de tu boca, no lo es en absoluto. Entonces es cuando empiezas a notar que tu cara empieza a humedecerse, el maquillaje que te acabas de poner para no parecer enferma (pues aquí el Sol se suele ver en las películas) empieza a peligrar. “Como no llegue ya mi parada, parecerá que me han echado un cubo lleno de barro en la cara…”, es la nueva idea que ocupa mi mente. Entonces sientes que la limpieza de la ropa, que tiene que durar todo lo que queda de día, también empieza a peligrar. Pero no puedes quitarte el abrigo, de hecho, el vagón en sí es un tetris: nosotros somos las fichas, perfectamente encajadas, lo cual no permite ni un mínimo movimiento. Por suerte llega la parada en la que todo el vagón (y yo) se baja para hacer el trasbordo correspondiente. Vuelta a empezar. Otra nueva y similar aventura.

Durante todo este proceso, pueden suceder varias cosas: que te toque cerca de un chico muy mono que hace que el suplicio sea más leve, que la que está pegada a tu cara esté leyendo un periódico gratuito sin ser tan amable de no meterte los bordes en los ojos, que el que te está metiendo el codo en la boca va “tan ancho”, que porqué esa madre no puede coger al hijo (??), pues sería más cómodo para 4 personas más de los que vamos apretados…. Y así, hasta que reflexionas (alguna vez pasa), y caes en la cuenta que “te estás enfadando” con todo el vagón. Que es imposible que siempre sea desconsiderado, lento, o idiota aquel a quien tienes alrededor. Que realmente ellos sufren los mismos horrores que tú. Están en la misma desesperada situación. La cuestión es que al día siguiente esta tregua desaparece, y vuelves a enfadarte con todo el correspondiente vagón de nuevo.

Si a esto le añadimos que un tique semanal te sale por unos 30 euros, que los fines de semana te sorprenden en pleno viaje las 2 líneas que cierran (porque como toda Ley de Murphy, siempre cierra la que necesitas), y que los estudios “no-sé-cuáles-según-mi-profesor” dicen que una hora en el “Tube” equivale a una paquete de tabaco… Ahora entiendo porqué la BICILETA es un transporte tan recurrido, no como en Madrid.

A pesar de todo, no desesperéis si venir a visitar Londres por algunos días, el metro es una de las mejores alternativas. Quitando la hora punta al principio de la mañana, sueles encontrar hasta asiento (¡!), pasan cada minuto, y te permiten moverte por la ciudad con fluidez. Además de orientarte rápidamente de en qué zona de la ciudad te encuentras, o de dónde está el lugar al que quieres ir.

See you soon…

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