The Karate Kid 2.0

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Hay películas que marcaron a toda una generación en la segunda mitad de los ochenta, películas protagonizadas por niños y adolescentes que tenían un marcado carácter familiar, puro entretenimiento para todos. Ejemplo de estos filmes son Los Goonies, Chicos Monsters, La pandilla basura, Teen Wolf o Karate Kid. Con los años, este tipo de cine ha caído en el olvido dando paso a otro más colorista y en el que priman mucho más las secuencias de acción con un amplio despliegue de efectos visuales. Aún así, quedan ejemplos de esa tradición ochentera que ha sobrevivido a la revolución tecnológica, como Miedos de Joe Dante.

Con esa intención, además de la de revivir y actualizar uno de los clásicos de la época, a Will Smith, reconvertido en productor para la ocasión, se le metió entre ceja y ceja llevar adelante una nueva versión de Karate Kid. Un remake para el cual cambiaron EEUU por China y al Sr. Miyagi y el adolescente Ralph Macchio por un Jackie Chan que apenas hace alarde de su capacidad para las artes marciales y un Jaden Smith muy niño.

The Karate Kid pretende alejarse de la original (cambian hasta el karate por el kung fu), pero lo hace huyendo de las notas positivas de ésta. De esta forma pasamos de un Daniel Larusso un tanto inocente y tierno a un Dre Parker (Jaden Smith) con ínfulas de rapero y gracioso “made in Smith’s family”. Tanto, que alguno de los golpes que recibe a lo largo del film bien podrían ser merecidos. Pero sin duda el aspecto en el que más ha perdido esta revisión de la historia es en el concerniente al entrenamiento. Al igual que hiciera Pat Morita, Jackie Chan predica con la máxima de que el kung fu está en todas las cosas e intenta inculcárselo a su discípulo. Sin embargo, mientras que en la película del 84 esto se llevaba a la práctica con unos ejercicios más cercanos a la carpintería y decoración. En la nueva versión esto se reduce al episodio de colgar y descolgar la chaqueta de una especie de perchero. Enseguida se pasa a un entrenamiento más físico y propio de las artes marciales.

Ya para hacer más atractivo el film a las nuevas generaciones las peleas se han cuidado mucho más, las coreografías son más complejas y frenéticas. Hasta el punto que parece que estamos viendo unos combates propios de un vídeojuego. Hay llaves que por mucho entrenamiento que se tenga no se pueden hacer, y menos con esa limpieza en los movimientos.

Film pues, que sí, ofrece a los más jóvenes algo distinto a las producciones de animación, pero que por desgracia rompe con la esencia de la que es deudora.

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