The Gagfather, el arte y el talento de Yllana

2
753
The Gagfather. Yllana
The Gagfather. Yllana

La ventaja de acudir a un espectáculo que ya lleva meses en cartel y que regresa a Madrid después de más de un año de exitosa gira por España, es que hay gran cantidad de documentación. Reportajes, entrevistas y crónicas donde recoger impresiones, contrastar valoraciones y enriquecer el texto propio. La desventaja es que todos los adjetivos ya se han usado y los calificativos disponibles tienen todos sabor a viejo, el regusto a fritanga que dejan las palabras usadas mil veces.

Qué escribir sobre Yllana que no se haya escrito ya, qué decir sobre la obra en cuestión, The Gagfather, que no se haya dicho ya. Inútil tarea la del cronista que llega el penúltimo, a no ser que lo haga para criticar (destructivamente, se entiende), labor para la que siempre estamos dispuestos los periodistas.

Porque me hubiera gustado escribir que la puesta en escena falla, que el dominio que Yllana tiene del espacio escénico es pobre, que la iluminación no es acertada, que los efectos de sonido suenan desacompasados y a destiempo, que el diseño de vestuario y caracterización es plano y soso. Pero sería mentir descaradamente.

Porque me hubiera encantado incidir en la falta de ritmo del espectáculo desde el comienzo, un ritmo que se mantiene bajo mínimos hasta el final, un final que agradeció entre bostezos el público asistente, un público que apenas ocupó un rinconcito de la sala, una sala sin vida ni calor. Pero sería inventar una realidad inexistente.

La sombra del gagster es alargada. Yllana
La sombra del gagster es alargada. Yllana

Porque me hubiera maravillado describir la aburrida recreación de uno de los asesinatos de esta banda de gagsters (sí, gagsters), en una tediosa escena representada marcha atrás, o el gag del cementerio, o el que sucede en casa de uno de los policías, tópicos y rancios como pocos, o la falta de dominio de la gestualidad y del movimiento corporal que muestran estos cuatro vulgares actores. Pero nos situaríamos en las antípodas de lo que sucedió realmente.

Lo que de verdad encontramos en el Teatro Alfil fue una sala abarrotada, un público entregado desde el inicio a estos gigantes de la interpretación que, entre risas, sonrisas y carcajadas, completaron una actuación estratosféricamente original. El veredicto de las butacas fue unánime: triple ovación con extra de aclamaciones.

Nada más se puede añadir. Véanla, disfrútenla y recomiéndenla. Ustedes y sus amistades lo agradecerán.

2 Comentarios

Dejar respuesta