‘The Endless River’: el corazón del sonido de Pink Floyd

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Portada de 'The Endless River' | pinkfloyd.com
Portada de ‘The Endless River’ | pinkfloyd.com

El último trabajo de Pink Floyd ha llegado para calmar la sed de sus fans más fieles con temas inéditos que no dejarán indiferente a nadie. The Endless River está a la venta desde el 10 de noviembre, y en cada nota se reconoce la esencia del mítico grupo que resurge tras veinte años de silencio.

El último trabajo de los legendarios Pink Floyd es fruto del esfuerzo de los dos miembros que permanecen en la banda, David Gilmour y Nick Mason. Ambos han querido honrar al teclista Rick Wright, que falleció el pasado año 2008 a causa de un cáncer. El batería Mason ha asegurado que este álbum es un buen reconocimiento a lo que hizo Rick Wright y cómo su interpretación representó el corazón del sonido de Pink Floyd.

El nuevo material que presenta la banda contiene más de veinte horas de música en las que se han recopilado canciones antiguas pero inéditas, llenas de frescos arreglos, que parecen ser el punto final a su discografía. El álbum se basa en el material descartado de The Division Bell que fue lanzado en 1994 y que estaba destinado a ser un disco doble instrumental. Quizá es por ello por lo que desde el primer tema hasta el último se evocan melodías consonantes, cercanas a los sonidos de la naturaleza y llevan a pensar cómo será el resto de este nuevo lanzamiento.

Éste es el disco que musicalmente seducirá a los fans incondicionales de la banda, ya que no tiene canciones pegadizas que puedan atraer a nuevos seguidores. La apertura de este trabajo no podía ser mejor porque corresponde a la melodía del solo de teclado que nos invita a la barca con la que viajaremos por éste río infinito. La sucesión de imágenes y paisajes cambiantes, tranquilos, sombríos, nos permite reconocer el marcado estilo espacial en cada uno de los temas que se han seleccionado de manera cuidadosa para el que parece que será el último lanzamiento de los británicos.

The Endless River evoca el final de una de las bandas que más sentidos ha ayudado a despertar con las conversaciones entre instrumentos. Un final que no pondrá un punto y a parte en la historia de los Floyd, sino más bien un brillante símbolo de infinito.

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