Tensiones en Cuba ante la llegada del Papa

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En estos días previos a la llegada del Papa, Cuba se encuentra en una situación de confrontación entre el Gobierno y los grupos de la oposición, que quieren aprovechar la visita del pontífice para pedir un cambio político. Aunque grandes potencias condenan el régimen desde hace tiempo, el Vaticano se muestra ambiguo debido a sus intereses en la isla.

Cuba vive estos días una tensión creciente con motivo de la visita del Papa, que se celebrará entre hoy y el miércoles. La Iglesia cubana ha denunciado la presencia de una “estrategia preparada y coordinada” por grupos de la disidencia, con la intención de crear “situaciones críticas” durante la visita. Hace unos días las fuerzas de seguridad arrestaron a setenta activistas del grupo Damas de Blanco, cuando celebraban el noveno aniversario del encarcelamiento de los opositores del Grupo de los 75, aunque fueron liberadas el domingo 18. Para más inri, otros trece disidentes del Partido Republicano de Cuba se habían encerrado el jueves anterior en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad, en Centro Habana. Allí demandaron que el Papa intercediera por una apertura política en el país.

Mientras tanto, Ratzinger calla… O más bien, no habla claro. En el asunto cubano, la Iglesia Católica se muestra ambigua, a diferencia de su intromisión en otros lugares y circunstancias. Esto se debe a los intereses que el Vaticano, como Estado, tiene en la isla. Cuba ha sido siempre un centro de feligreses a cuidar, al igual que México. A esto se añade que la propia Iglesia cubana no contradice los principios del Estado castrista, basados en el laicismo y la libertad de culto.

Sin embargo, no deja de ser curioso el trato que el Papa da a Cuba. El pasado jueves declaraba que “hoy es evidente que el comunismo no funciona”, y que la Iglesia ayudaría a la sociedad a avanzar sin “traumas”. Habló, además, de la necesidad de encontrar un nuevo modelo político. A pesar de todo, el Vaticano no llega a condenar el régimen cubano, cosa que ya se encargan de hacer las grandes potencias mundiales, con Estados Unidos a la cabeza.

La Administración norteamericana fue la primera, tras la oposición radical afincada en Miami, en condenar las detenciones de las Damas de Blanco. Neda A. Brown, portavoz del Departamento de Estado, declaró: “El hecho de que tantas integrantes fueran acorraladas y detenidas por el Gobierno cubano cuando se congregaban para celebrar servicios religiosos (…) es particularmente reprensible y viola las reglas democráticas”. Se trata de una declaración hipócrita teniendo en cuenta el elevado número de detenciones aleatorias que se producen en Estados Unidos. También resulta cuando menos maquiavélico escucharles hablar de “reglas democráticas”, cuando por todos es sabido el interés económico que tienen en la isla caribeña, después de disfrutarla como paraíso fiscal y centro de ocio durante la dictadura de Fulgencio Batista.

Volviendo a la visita papal, y según fuentes cubanas, se considera la posibilidad de que Ratzinger tenga un encuentro con Fidel Castro, en caso de que éste lo desee, el 27 de marzo, cuando el pontífice acuda al palacio presidencial de La Habana para reunirse con el actual líder, Raúl Castro. De cualquier manera, son encuentros meramente políticos, ya que Cuba es una república laica.

Muchos medios españoles e internacionales se han hecho eco de esta situación de tensión que vive el país, y en ocasiones se tiende a exagerar la falta de derechos en la isla, más ahora que Raúl Castro comienza una cautelosa apertura. Sin embargo, hablar de Cuba sin estar allí es tan difícil como hablar del problema vasco sin vivir en Euskadi.

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