Tejiendo conspiraciones

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23 de febrero de 1981. Un grupo de militares armados irrumpen en el Congreso de los Diputados con intención de derrocar al Gobierno legítimamente elegido e instaurar otro nuevo. Hasta aquí todo está claro. Pero, ¿quién estaba detrás de Tejero? ¿Es cierta la historia oficial que se ha erigido como única realidad posible sobre aquel acontecimiento?

Motivos para la sospecha: la mañana del 23-F ninguno de los tres hijos del rey fue al colegio. Todos se quedaron en casa, casualmente los tres tenían fiebre. El rey tarda seis horas en hablar públicamente desde que se inicia el Golpe. 30 años después todavía no han salido a la luz las conversaciones telefónicas del rey con la cúpula militar y política. Son indicios que apuntan a la complicidad del Jefe del Estado con los sucesos de aquel día.

Lo cierto es que Juan Carlos I carecía en 1981 -y carece todavía- de toda legitimidad democrática. Designado por el propio Franco como su sucesor, el rey, si bien colaboró en la transición hacia un régimen constitucional, necesitaba algún hecho que sirviera para conseguir la aceptación popular. El 23-F marcó ese punto de inflexión que consolidó en el trono al nieto de Alfonso XIII.

En 1981 la inestabilidad política provocada por el declive de UCD y el terrorismo de ETA marcaba el día a día de la sociedad española. Un Gobierno en crisis unido al reguero de sangre que asolaba al País Vasco era el caldo de cultivo perfecto para un cambio en el poder. El Ejército, institución demasiado acostumbrada a llevar las riendas de las decisiones políticas, veía con muy malos ojos la situación en España. Mientras la patria se resquebrajaba el Gobierno civil no hacía nada por evitarlo. Al contrario, había aprobado una Constitución que dividía administrativamente el Estado en Autonomías. Ineludiblemente éste era el primer paso en el proceso de secesión. Así pensaban muchos militares por aquel entonces. Y a su descontento se unía la legalidad del Partido Comunista, fuerza contra la que habían estado luchando durante 40 años.

El rey, hombre de Estado conocedor de la situación de España y preocupado por mejorarla, sabía que el país necesitaba un cambio de rumbo para estabilizar su situación. Y ese cambio no debía pasar necesariamente por el lento y tedioso trámite de las urnas. La legalidad democrática, muy alejada de su tradición dinástica, no era sino un escollo para la gobernabilidad. Un velo necesario para mantener la aceptación de la Sociedad Internacional y conseguir así la entrada en la OTAN y en la Unión Europea.

De este modo, la confluencia entre la necesidad del rey para legitimarse ante el pueblo y la insostenibilidad de una situación política que necesitaba un inminente cambio de rumbo condujo a la orquestación del plan que culminó el 23 de febrero de 1981. No obstante, el proyecto, tal y como fue concebido, fracasó. Fracasó en la manera de llevarse a cabo pero no en las consecuencias que debía producir. De aquel día el monarca salió fortalecido. Además, el año siguiente el Gobierno varió de color y el panorama nacional caminó hacia la estabilidad.

La operación que la cúpula estatal habría organizado consistía, a grandes rasgos, como explica Jesús Palacios, en provocar un “supuesto anticonstitucional máximo”, es decir, el asalto de la Cámara Legislativa por un grupo de guardias civiles, para justificar la formación instantánea de un nuevo Gobierno que incluyera a todas la fuerzas políticas nacionales –que no nacionalistas-, incluida el PCE, liderado por Alfonso Armada. Tejero, un franquista exaltado, no era más que la marioneta utilizada –y engañada- por el poder. Una vez el comando estuviera en el hemiciclo, el general Armada debería convencerle de su equivocación. De tal modo que Tejero renunciara a su intentona y permitiera que la mano derecha del rey formara su Gobierno de concertación nacional. Pero el teniente coronel de la Guardia Civil se negó. No podía consentir que todo su esfuerzo por volver a la etapa más oscura de la historia reciente de España se frustrara de esa manera. No cabía en su cabeza haber sido el autor material de un Golpe que dejara el poder en manos de un Gobierno que incluyese a comunistas y socialistas. El resto de la historia ya la conocemos. El rey, tras darse cuenta del fracaso del plan –necesitó más de seis horas para convencerse- salió en televisión para presentarse a sí mismo como el adalid de la democracia. Sin importarle condenar para siempre a su compañero más fiel, se adaptó a la situación con tanta efectividad como un camaleón que cambia de color. Alfonso Armada, siempre leal a la patria y al rey, asumió su papel de chivo expiatorio. En apenas unas horas pasó de ser el elegido para sacar al país de la crisis al enemigo más odiado por la opinión pública.

La Operación De Gaulle, fue así como se denominó a este supuesto plan, pretendía llevar a cabo una acción similar a la acaecida en Francia en 1958, cuando el general Charles de Gaulle llegó al Elíseo tras las presiones del l’Armée. Curiosamente, ante una situación de crisis, el Gobierno encargado de reconducir la situación nacional fue liderado en Francia por un icono de la resistencia antinazi, mientras que en España se habría encomendado a un veterano de la División Azul.

Demos crédito o no a esta versión de la historia, debemos reconocer que todas las piezas encajan a la perfección. Sospechosa cuanto menos es la actuación del rey Juan Carlos durante el 23 y 24 de febrero de 1981. De hecho, pondría muy en duda la capacidad intelectual del monarca el hecho de que aquel acontecimiento le pillara por sorpresa. Una trama que, según la versión oficial, habría sido urdida por sus subordinados más allegados. Además, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Capitán General de los Ejércitos se reunía semanalmente con la élite del CESID –actual CNI-. Tejero se entrevistó varias veces en las semanas previas al Golpe con miembros de ese mismo organismo. Por tanto, Juan Carlos I necesariamente estaba informado de lo que iba a ocurrir. De hecho, según Jorge Verstrynge, por aquel entonces Secretario General de Alianza Popular, “todo el mundo que se moviera dentro de la política sabía que algo así se estaba cociendo. Se sabía que iba a haber un Golpe, pero no se sabía cuándo ni cómo”.

En cualquier caso, es necesario replantearse por qué la sociedad española, y en especial su periodismo, es tan servil y crédula. La crítica siempre es sana. Pese a que la historia oficial fuese la verdadera, es importante dar cabida a otras versiones que puedan enriquecer la visión que tenemos de los hechos. Lo que está claro es que la historia siempre la escriben los vencedores, y eso conlleva que muchos matices se pierdan en el camino.

Fuente del texto:
http://www.europapress.es/nacional/noticia-jesus-palacios-afirma-golpe-estado-fue-movimiento-institucional-reforzar-papel-corona-20101210130433.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_Armada
http://es.wikipedia.org/wiki/23-F
http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_de_Gaulle
Fuente de las imágenes:
http://www.dictaduraglobal.es/2011/02/22/armada-cree-que-el-monarca-espanol-conocia-el-golpe-de-estado/
http://elcaballodeespartero.wikispaces.com/
http://historiademonesterio.blogspot.com/2011/01/una-recomendacion-23f-el-rey-y-su.html
http://archivesblogs.com/category/spa

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