Suspicacias en Pastrana

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Cuentan que Felipe II estaba enamorado de la princesa de Éboli. Ni siquiera la realeza puede sobreponerse a estas incidencias. A su vez, la princesa de Éboli, Ana de Mendoza y de la Cerda, viuda ya de su marido, era amante de Antonio Pérez, Secretario de la Corte de Felipe II. Hay multitud de leyendas sobre este triángulo. Algunas dicen que Felipe II y Antonio Pérez eran amantes de la princesa de Éboli y que por eso el monarca encarceló a la princesa de Éboli cuando se enteró, con el pretexto de haber asesinado juntos a Juan de Escobedo, envolviendo su asesinato en temas de alta traición a la patria.

Lo llamativo es la crueldad del encierro de la princesa de Éboli, primero en Pinto, luego en Santorcaz, y finalmente en su propio Palacio de Pastrana, donde murió después de estar cautiva durante los últimos once años de su vida, en 1592. Está claro que lo que llevó a Felipe II a encerrar de manera tan cruel a Ana de Mendoza tuvo algo que ver con Antonio Pérez. Y es la historia la que indica que, efectivamente, mantenían una relación tras la muerte de Ruy Gómez de Silva, marido de la princesa. El rey cortó tajantemente la comunicación postal que mantenían los dos durante el encierro de la princesa en Pastrana y el exilio de Antonio Pérez a Aragón.

En Pastrana aún quedan vestigios de esta época. Si llegas a la plaza de la Hora y te sitúas frente al Palacio Ducal lo podrás ver. En el flanco derecho de la fachada se encuentra el balcón enjaulado desde el que Ana de Mendoza contemplaba durante solo una hora al día la calle y su vida. Esto fue durante la parte final del encierro, en la que la situación de la princesa de Éboli se agravó. El rey obligó a sus hijos y sus sirvientas a salir de Pastrana, y la princesa tan sólo se quedó con su hija pequeña, que la acompañó hasta el día de su muerte.

Felipe II murió en 1598 y a su muerte no se había pronunciado nunca sobre el motivo del arresto de Ana de Mendoza, lo cual alimenta claramente las tesis de sus celos y el amor que sentía por la princesa. No ocurrió lo mismo con Antonio Pérez, que en el tiempo de su arresto estaba acusado de conspiración contra la corona, alta traición y del asesinato de Juan de Escobedo, la misma noche en la que éste irrumpió en la casa de la princesa mientras estaba con Pérez.

La Historia deja lugar a la suspicacia en multitud de ocasiones, sólo se trata de intentar averiguar.

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