Spotify anuncia nuevos cambios en su estrategia empresarial

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Spotify, el reproductor de música por streaming más utilizado globalmente, anuncia nuevos cambios en su estrategia empresarial.

Hace tres años el mundo no parecía muy diferente a cómo es ahora. Probablemente no lo era. Nos ahogábamos en los mismos problemas, nos preocupaban temas parecidos. Una de esas cosas destinadas a no cambiar sigue igual que entonces: el debate sobre el mercado musical. El rancio inmovilismo de la clase política e intelectual, en su sempiterno status quo, difiere de la fervorosa actividad que llena la red día tras día, de la misma manera en la que el debate por la resolución del mismo sigue estando restringido a los distintos hemiciclos y periódicos.

Sin embargo, hace tres años Daniel Ek y Martin Lorentzon, dos jóvenes suecos emprendedores, tuvieron la brillante idea de pasar a la acción. Nacía Spotify, primer servicio en ofrecer música gratuita vía streaming, esto es, sin descargas, legal y a disposición de todos. Parecía la solución definitiva, el hacha de guerra que tanto había desangrado a discográficas, usuarios y artistas, quizá fuera a ser enterrada por fin. Muchos no tardaron en abocar el invento al fracaso, poco tiempo después se veían obligados a retractarse.

De sencillo funcionamiento, la herramienta se sustentaba en acuerdos millonarios con las más grandes discográficas del mercado para poder así volcar su vasto catálogo en un archivo virtual dónde todo aquél que así lo deseara pudiera acceder a él. Bastaba una conexión a Internet y buscar la canción, el artista, incluso por género o discográfica. Era posible escuchar todo, en cualquier lugar, y Spotify se encargaba de lo demás: desde recomendar música afín a gestionar listas de canciones creadas por los propios usuarios o compartir contenidos vía redes sociales.

Todo un hallazgo bajo el que rápidamente se acogieron los abanderados de la libertad de expresión cibernética, los curiosos y los que no eran ni una cosa ni otra. Estaba en boca de todos y copaba blogs, foros, etc. Periódicos y cantantes le dedicaban algunas palabras; era sencillo, pues, caer en la tentación y descubrir el sugerente virtuosismo de su propuesta. Así, millones de personas comenzaron a aglomerarse a las puertas de una idea que había demostrado de sobra que podía ser aprovechada. Y lo fue. Pronto se configuraron tres tipos de cuentas: las gratuitas Open y Free, y la cuenta Premium de suscripción por pago.

Spotify había llegado para quedarse. Europa pronto se convirtió a la nueva religión mientras ampliaba su espectro a todos los sistemas operativos y era accesible mediante cualquier plataforma con conexión a Internet. Sólo Estados Unidos faltaba por conquistar, era el último bastión y el más necesario. La nueva revolución musical, tan ansiada, había comenzado.

Sin embargo, siempre es preciso sacrificar algo en pos de lo que se desea conseguir, y los mercados estadounidenses reclaman la atención que merecen, por supuesto. Llegar tan alto es lo que tiene. Los muchachos suecos, puestos en faena, se han quitado la vitola de juventud que les cubría. Un empresario ha de actuar como tal y la ingenuidad, ya se sabe, no vende. Anuncian que el servicio cambia, que se adapta a los nuevos tiempos, y aquellos que usan la aplicación gratuitamente con las cuentas Free y Open verán su consumo drásticamente recortado en un máximo de diez horas al mes, pudiendo reproducir una misma canción un total de cinco veces. Si se alcanzara ese límite ésta será desactivada del catálogo.

En teoría Spotify pretendía renovar el mercado de la música: consideraban que el usuario demandaba el acceso a la música, no su posesión. En la práctica, la posesión ha terminado por obsesionarles a ellos, pues la idea, además de ser legal, ha demostrado sobradamente su rentabilidad empresarial. ¿Lo demás?, es historia conocida. Las revoluciones suelen terminar por fracasar antes de conseguir sus auténticos y verdaderos propósitos, y esta lo ha hecho cuando apenas se atisbaba el principio de algo nuevo y diferente.

Las razones argüidas desde la empresa han sido muy vagas, pero todo indica motivos económicos. Al parecer, los responsables de la firma sueca buscan aumentar sus ingresos obligando a los usuarios a suscribir cuentas de pago, ya sea en la modalidad Unlimited por 4,99 euros, o la Premium por 9,99 euros. Las respuestas a estas medidas no se han hecho esperar: el usuario no entiende, no quiere comprender. Es tan sólo una cantidad simbólica, es verdad, pero ¿y el destino de todas esas ganancias?

A ojos de los usuarios la incomprensión va en la otra dirección. Nunca es la cantidad la que ofende, sino la dolorosa traición que supone la derrota de las ideas, la mano que amenaza con estrangular todo conato de ofrecimiento libre y gratuito en Internet, las continuas batallas perdidas y la certidumbre de que, después de todo, cuanto más cambian las cosas, más siguen igual.

Imágenes: Spotify.

3 Comentarios

  1. Pues yo voy a dejar de utilizar spotify y voy a volver a las descargas ilegales si es necesario, aunque hay más programas como el spotify GRATUITOS.

    4.99 no es un precio muy elevado pero… eso no quiere decir que esté dispuesto a pagarlo, no están las cosas como para gastar dinero en escuchar música online, si quiero pagar me compro un CD original…

    … y más pudiendo descargar la música.

    Mi número de descargas había descendido drásticamente gracias al spotify, pero 10 horas de música al mes y SOLO 5 reproducciones de cada canción… lo siento pero yo digo adiós.

    Se que no lo van a notar, pero me parece una gran cagada por su parte, se han traicionado a sí mismos…

    Hola grooveshark (página estilo spotify, con más música y gratis…ademas de ser americana), aunque estés menos ordenado que spotify, eres el futuro.

  2. pues nada, volveremos a hacernos las listas de reproduccion en el youtube, pas de problem! Yo sabia que esta era la estrategia..te engancho a mi droga gratis, y cuando ya estas super enganchado, te obligo a pagar…business son business

  3. Que esperabais? Ellos han dado un oportunidad a los consumidores de música para poder satisfacer economicamente a las discográficas con la publicidad y las suscripciones. El problema es que en España lo queremos todo-gratis-total y somos los principales responsables en Europa de las pérdidas de Spotify en el último año. Yo creo que 9 euros al mes no es nada si podemos acceder a un catálogo tan impresionante, desde el ordenador y desde el móvil y con una calidad soberbia. Esperemos que el mercado americano responda como estos señores se merecen.

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