Spain is different

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El verano vuelve a darnos un respiro: tradicionalmente, antes de que apareciera en escena la fiebre de la especulación inmobiliaria desenfrenada, el turismo era considerado el motor del crecimiento de la economía española. No en vano, desde hace bastantes años, España es el segundo país más visitado del mundo, tan solo superado por Francia. Y es que, desde que se produjo nuestra apertura al exterior allá por los años 60, turistas provenientes prácticamente de cualquier parte del globo han disfrutado no sólo de aquellos aspectos más ociosos que nuestro país ofrece, como el clima o la gastronomía, sino también de sus ventajas económicas, como los precios bajos o las devaluaciones constantes de la peseta antes de que el euro hiciera acto de presencia.

Como consecuencia de nuestro modelo productivo, durante los meses de mayo y de junio, los sectores relacionados tanto directa como indirectamente con el turismo (la hostelería o en su momento la construcción) logran aliviar, aunque sea temporalmente, las vicisitudes que un gran número de familias sufren durante el resto del año. Así, en junio del presente ejercicio 2011, el paro disminuyó en casi 68.000 personas, un descenso que supone más de un 1,6% respecto al mes anterior. Eso sí, la disminución del empleo no se distribuyó de forma equitativa por sexos: de estos casi 68.000 parados menos, 41.500 son hombres, mientras que sólo los restantes 26.000 son mujeres, lo que representa un descenso del 2,01% y del 1,24% respectivamente. También se ha reducido el paro juvenil en más de 24.000 personas (un 5,39% menos respecto al mes anterior).

Sin embargo, a pesar del aparente buen estado de salud del sector turístico español, también hay lugar para una reflexión crítica: mientras que, desde mediados de los 90, el número de turistas que vienen a España ha ido en aumento, los ingresos por turismo no han crecido en la misma proporción. Esto es, cada vez hay un número mayor de visitantes que realizan un gasto cada vez menor (disminuye la “calidad” del turismo que exportamos). Este dato pasa generalmente inadvertido, ya que cuando se acercan las fechas estivales, los medios de comunicación se afanan por darnos a conocer las cifras de ocupación hotelera de los lugares más frecuentados por los turistas. Sin embargo, un dato igualmente importante es conocer el gasto que esos turistas van a desembolsar en nuestro territorio, es decir, las divisas que el turismo proporciona para hacer frente a nuestra ya de por sí deteriorada cuenta corriente, crónicamente deficitaria.

Aun así, se aprecian una serie de factores que nos hacen intuir una reversión de esa tendencia, permitiéndonos ser más optimistas de cara al futuro: en primer lugar, se evidencian síntomas que vislumbran una ligera desestacionalización del denominado turismo de “sol y playa”, ya que la principal época de recepción de turistas, los meses de julio y agosto, se está ampliando también a junio y septiembre, además de observarse un considerable incremento del número de turistas durante cualquier época del año. En segundo lugar, ese turismo de costa, a pesar de que continúa ejerciendo el mayor poder de atracción sobre nuestros visitantes, va cediendo terreno en favor de otro tipo de turismo como el cultural o incluso los viajes de negocios, hecho constatable si observamos que, además de los destinos tradicionales, Madrid se convierte en una ciudad no sólo de paso, sino también en el destino final de un número creciente de visitantes.

Este año las expectativas en el sector también son positivas, ya que en el mes de junio los hoteleros incrementaron un 35% las perspectivas de crecimiento respecto al verano de 2010. De hecho, se estima que la ocupación este verano ronde entre el 75% y el 80% (el gasto efectuado por cada turista estará por ver). Incluso algunas zonas de aquellas regiones más concurridas (léase Canarias, la Costa del Sol, Cataluña, Levante o las Islas Baleares) es muy posible que alcancen el tope de su capacidad.

En total, se estima que este año el número de turistas se incremente en un 5% respecto al año pasado, lo que supone un aumento de más de 3 millones de nuevos visitantes. Dos hechos fundamentales contribuirán a ello: por un lado, Canarias ya ha notado los efectos de los conflictos que han tenido lugar en el norte de África (en Egipto el turismo descendió en marzo un 40% y en Túnez un 45% en el mismo mes) con una acogida de unos 300.000 turistas superior a la habitual en invierno, previéndose que sea de 450.000 en verano. Además, el mercado del turismo español se está ampliando: aquellos segmentos tradicionales como el italiano o el británico se mantienen e incluso se incrementan, como es el caso del alemán y el francés (un 4,2% y un 3,6% respectivamente), mientras que la expansión hacia nuevos segmentos se está llevando a cabo a tasas de crecimiento más que significativas (el nórdico crecerá un 8,6% y el ruso nada menos que un 35%).

En estos tiempos en los que se antoja completamente necesario buscar un nuevo modelo productivo, no estaría de más volver a echar una mirada hacia la industria turística. Si se toman las medidas necesarias para evitar que nuestro mercado se vaya degradando y se amplía la oferta turística hacia nuevas actividades aún por explotar (el auge del turismo rural es un ejemplo de ello), es posible aprovechar el potencial de crecimiento que el sector nos ofrece y que aún está por explotar. Además, no necesitamos darnos a conocer al mundo, puesto que nuestra campaña de marketing se realizó hace tiempo: van pasando las décadas, pero, para lo bueno y para lo malo, parece ser que Spain continúa siendo different.

Fuente de la imagen:
www.portal.benidorm.org

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