Soy tonto del culo

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A todos nos ha pasado alguna vez. De repente suena el teléfono, corres ilusionado a cogerlo y te llevas un chasco al ver que no es ninguno de tus amigos quien te llama, tampoco es tu novia o tu novio, ni siquiera tus padres. Al carajo el carrerón que te has pegado para llegar a tiempo de cogerlo. “Hola buenas tardes, te llamamos de –pon aquí la compañía telefónica que elijas-, ¿es usted el señor Francisco Javier Patiño?”. Y tú vas y le dices que sí, que eres tú.
Ya sabes lo que viene después, así que por un momento te preguntas por qué no le has dicho que el sujeto por el que pregunta no está en ese momento, o mejor, que se ha ido a Australia y no volverá en mucho tiempo, o algo más impactante, como que te lo has cargado, lo has descuartizado y lo has metido en el congelador hecho cachitos en bolsas de congelar guisantes, por lo tanto que no se moleste en localizarle. Pero no, ya lo has dicho, tú eres “el señor” Francisco Javier Patiño y sí que estás. La has cagado.

Entonces la tele-operadora adopta el rol de gitana que te lee la mano y empieza a adivinarte que tú estás con determinada compañía de teléfono y que tienes Internet con un ADSL de no sé cuantos megabytes. Y una de dos, o piensas que la tía es una crack y Rappel a su lado no es nadie o bien te sientes descaradamente espiado. Suele ser lo segundo. En lugar de pedirle explicaciones de cómo narices tiene esos datos personales tuyos, vas y le confirmas que tienes el teléfono y el ADSL con esa compañía y que tu talla de pantalón es la 40, por si también le interesa, ya de paso.

A partir de ese momento, mientras se te queman las lentejas, la cocina y casi la casa, la tele-operadora cansina te dice que tiene una oferta mega guay para ti, que tu compañía telefónica y de ADSL no mola. Y empieza con las odiosas comparaciones dignas de los urinarios masculinos: que ellos tienen muchos más megas, que las llamadas te van a salir mucho más baratas y que serás mucho más feliz y ligarás más si te cambias a su compañía. Tú, que piensas que más vale malo conocido, le contestas que gracias por la información, pero que de momento no te interesa el cambio.

La voz de la tele-operadora, a la que ya empiezas a odiar un poco, te pregunta que “Oh ¿pero por qué no quieres aprovechar esta gran oferta y ahorrarte equis dinero?”. Entonces vuelves a darle explicaciones y le dices que no, que no quieres, que estás bien así y que si quieres cambiarte de compañía ya les llamarás tú. La perversa voz al otro lado del teléfono se muestra sorprendida por negarte a pagar menos y en ese momento te hace quedar como si fueras tonto.

Al final acabas reconociéndole que sí, que eres tonto del culo y que te pone cachondo pagar más por tu ADSL. Se acabó la pesadilla, pero no te vayas muy lejos, la semana que viene te llamará otra compañía con otra oferta igual o mejor, y a ver cómo sales de esa, machote.

Fuentes de las imágenes:
Frank Patiño

1 Comentario

  1. jajajajajajajajaja me encantas, frank!! la próxima vez que me llamen diré eso de que he descuartizado a alguien, a ver si en diez minutos me encuentro con la policía en la puerta de mi casa. xDD

  2. jajajaja, yo creo que eso nos pasa a todos…hubo un tiempo que pensé que llamaban más a mi casa porque mi apellido empieza por la “a” y aparece de los primeros en la guía telefónica…pero vaya, me equivocaba, jajaja, genial el artículo

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