Soy gorda

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Sí, lo soy. Y tú también. ¿Por qué? Llevas la talla 40 y Mango me lo ha dicho. 

Desde mi cuenta de twitter puedo atisbar humo negro, ese tan característico que provocan los incendios online, del medio social. Las redes se han vuelto a revolucionar (la verdad es que ya hacía dos ó tres días que podíamos notar relativa calma y eso ¡nos preocupaba!) y esta vez, los usuarios han cogido florete y pistola para cargar contra Mango, por su nueva colección Violeta. Y  no es que nos vayan a regalar un ramito, como decía Cecilia, cada vez que hagamos una compra, sino que más bien han sacado una nueva colección de ropa de tallas consideradas “grandes” y que abarcan desde la 40 hasta la 52. 

kkk

Grito de guerra. Especialmente del género femenino que jode más. Empiezan a salpicar comentarios como: “Sinvergüenzas, por vuestra culpa existe la anorexia” o “Gracias a vosotros hay problemas de alimentación”.¿Está segura, señora? No, no, no. Silencio, relájese y piense detenidamente lo que acaba de decir.

Sin duda alguna debemos aceptar la idea de que las grandes firmas de moda son las que marcan las pautas de belleza y de estética; un año se lleva el azul petróleo (que poco tiene de azul) y al siguiente, el melocotón pero no somos tontos. Tenemos la capacidad de discernir qué es saludable y qué enfermizo. Podemos visualizar qué es fino y qué grueso. Decidimos qué nos gusta y qué no. Entonces, ¿por qué nos influye la moda?¿las tiendas?¿las marcas?¿las modelos?¿es todo un problema de la presión que nos ejerce una firma en el momento de comprar una prenda?¿realmente el conflicto está en que nos entre la 38 y la 42 nos quede grande?

Recuerdo una anécdota: No hace mucho entré en un Zara. Había un grupito de cuatro chicas que rondarían los 15 ó 16 años, buscando la ropa más llamativa y brillante que el monstruo textil podía ofrecer. Una de ellas (bajita y más bien delgada) agarró una de las prendas y felizmente se dispuso a probársela cuando su amiga la frenó: “Oye, has cogido una M y esa talla es muy pequeña para ti. Coge mejor la L o XL que será de tu talla. Es que esa es para chicas delgadas y tú estás rellenita”. Se hundió. 

¡No, no! No te escandalices. Este es el problema, no las grandes marcas. Somos nosotros los que exigimos el cuerpo perfecto, los que miramos mal en el metro a una persona obesa que ocupa dos asientos, los que en una discoteca separamos despectivamente a un/a joven si no está delgado/a o va sin maquillar, los que lujuriosamente nos quedamos con la persona más atractiva aunque en su cabeza solo funcione una de millones de neuronas. ¡Esa es la realidad! 

Si queremos cambiar el estereotipo social, si realmente queremos evitarle a nuestros hijos el suplicio de ser esclavos de la propia imagen debemos empezar por ser nosotros los que cambiemos el “chip”. Es muy loable el hecho de ser un Robin Hood de la moda que ataca a las grandes firmas y sus cánones para defender a la común personita de la calle, pero de nada sirve si en nuestra hipocresía seguimos siendo despectivos con aquellos que son gordos, desaliñados o poco agraciados.

Aceptémonos y seremos aceptados. 

 

 

Imagen: Google

1 Comentario

  1. Entiendo lo que quieres decir pero no estoy del todo de acuerdo. El modelo de “persona atractiva” o de “cuerpo perfecto” que cada uno de nosotros consideramos el correcto es así y no de otra forma, por lo que las grandes marcas difunden, y junto a éstas, los medios de comunicación.

    Está claro que el despertar dentro de cada uno es un gran paso para cambiar, pero ese paso va (según creo) encaminado a exigirle a las grandes marcas y medios de comunicación que dejen, por ejemplo, de utilizar el cuerpo de las mujeres para vender productos o de difundir que el tener una talla 38 es lo socialmente aceptable y la 40, una talla grande. Son los medios de comunicación, en todos sus formatos, los que crean en nosotros deseos y maneras de pensar.

    No basta con que yo despierte y eduque a mis hijos en esa filosofía, porque ellos irán al colegio y entrarán en contacto con otras personas, con la publicidad y los medios. Por lo que mi labor no será suficiente. Ese cambio tiene que nacer en nosotros y trasladarse a los que dictan las normas de lo que debemos ser.

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