Sorpresas de la calle Libertad

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Libertad8 tiene estas cosas. Es lunes, principio de año, una tarde de lluvia tímida envuelve Madrid y un cartel escrito a mano anuncia en la puerta del café una actuación sospechosa: ‘Dos In Translation. Quique y César por primera vez juntos en Libertad8’. Nada más. Y nada menos.
Tres personas escrutan el interior del lugar desde la puerta, con la timidez de la lluvia de Enero y la media sonrisa de quien espera que algo suceda pronto.
– ¿Estáis aquí por lo del concierto?
– Sí, ¿tú también?
– Sí, bueno, leí esto de ‘Quique y César’ y pensé que quizá podrían ser ellos.
– ¿Ellos…?

No da tiempo a más. Lo que tenía que suceder, sucede inmediatamente. Entre los abrigos, la bandeja de una camarera y las caras desconocidas, surge la mitad de ese cartel misterioso de la entrada: Quique González. La otra mitad es César Pop (teclista de Pereza). Ya es seguro: va a ser un concierto íntimo, casi clandestino. Y a pesar de todo, el Libertad8 rebosa de gente al comienzo de la actuación.

A última hora se ha sumado Jacob, bajista que acompaña a Quique en todas sus giras desde el disco ‘Personal’, el primero del madrileño. “Le llamé y le dije: ey tío, ¿por qué no te pasas y tocas unas canciones con nosotros? Y me dijo: ¿cuánto pagan, tío?”, comenta Quique entre las risas del público. La fotografía es tal cual. Ese es el ambiente. El buen rollo, la complicidad, las bromas. Y lo mejor está por llegar: la música.

Faltan muchas y muy buenas canciones pero los clásicos de Quique no defraudan, más al contrario. ‘Reloj de plata’ emociona. ‘Vidas cruzadas’ y ‘Hotel Los Ángeles’ suenan en acústico, en su versión más lenta y emotiva. Aparece el piano con ‘Backliners’. ‘Nos invaden los rusos’, tal vez por ser predilección del cronista, conmueve, aun sin el emocionante final de guitarra eléctrica con el que concluye en el disco ‘Avería y Redención’. A petición del público, Quique se atreve con ‘Por caminos estrechos’: transmite buenas vibraciones, incluso con algunos simpáticos deslices en la letra.

Hay canciones de su último disco, ‘Daiquiri Blues’. Son temas como ‘Hasta que todo te encaje’, ‘Anoche estuvo aquí’, o un cambiado -a falta de trompeta, buena es la guitarra- ‘Riesgo y altura’, que parecen haber sido compuestos para lugares como el Libertad8. Otros, como ‘Restos de stock’, ‘Nadie podrá con nosotros’ o ‘La luna debajo del brazo’, que despide el concierto, nos dibujan la figura de un Quique González vitalista, sonriente, que realmente disfruta oyendo a su público corear sus letras. Se le nota feliz, eso es innegable.

Pero también hay guiños. A los que están y a los que nos dejaron. A los que están, con ‘La vida te lleva por caminos raros’ de Diego Vasallo, ‘Algo me aleja de ti’ de José Ignacio Lapido (ambas incluidas en los dos últimos discos de Quique) y ‘Hoy puede ser un gran día’, del maestro Serrat. Y a los que nos dejaron, con dos emotivas canciones de dos -ya podemos decirlo sin miedo- leyendas de la música española: ‘El sitio de mi recreo’ de Antonio Vega y ‘No digas que no’ de Enrique Urquijo.

César Pop acompaña al teclado durante la mayor parte de los casi 90 minutos de concierto y se atreve con dos temas propios. ‘Sabía demasiado’ y ‘Tienes que ser tú’. Dos gratas sorpresas, unos versos que son cápsulas llenas de mensaje y que dejan un regusto dulce.

Dos In Translation empiezan y terminan la noche del cuatro de Enero. Al menos con ese nombre.

No es la primera vez que Quique y César montan un concierto así y no parece que vaya a ser la última. Porque les gusta, porque tienen hambre de música, porque es una forma de escapar de las giras y volver a los orígenes. Y porque Libertad8 tiene estas cosas.

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Fuentes de las imágenes:
http://www.flickr.com/photos/donkeydesope/
Fuentes del vídeo:
Youtube (
http://www.youtube.com)

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