Sonrían, mil cámaras les vigilan: bienvenidos al futuro

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El Círculo, la última novela de Dave Eggers publicada el año pasado en Estados Unidos, acaba de ver la luz en España gracias a Random House.

650_RH29082.jpgTal vez uno de los temas preferidos entre las novelas contemporáneas que juegan a coquetear con la distopía sea la relación que guarda el avance de las tecnologías y el cerco que levantamos a nuestro alrededor cuando lo que pretendemos es ser más libres y estar mejor comunicados; esa inquietante tendencia a la hipercomunicación y el acelerado crecimiento de las redes sociales, esa prostitución de una privacidad cuya hegemonía vamos perdiendo gradualmente y que peligra en la sociedad moderna. Dentro de este terreno es esperable que muchos escritores hagan florecer su creatividad para advertirnos, aun lúdicamente, de la inminente debacle digital en la era de la no confidencialidad, que es ya casi un referente ideológico.

El Círculo hace referencia a la empresa homónima más importante de Estados Unidos, un gigante imaginario que ha absorbido al resto de redes sociales en su intento de unificar vías de comunicación y construir una vida más cómoda, y que acaba de conceder a Mae Hollande una gran oportunidad laboral. Mae desea integrarse y prosperar en lo profesional y lo personal, y rápidamente escalará posiciones en la organización. Pero no tardará en darse cuenta de que ningún trabajador en esta nueva empresa asciende sin sacrificar salud mental o física, y por supuesto, sin entregar su privacidad (parcial o completa) al resto de circulistas, que comparten absolutamente todo y para los cuales la transparencia es, más que una virtud, un requisito imprescindible. Este es el planteamiento básico: una propuesta muy maniquea, muy de buenos y malos, sobre la libertad; una visión más siniestra que distópica de la actual sociedad de redes que parece obviar los riesgos de fusionar trabajo y vida personal. Un reality show en el sentido más puro del término, descafeinado y ligero, sin tono apocalíptico; perfecto para regalarse una lectura complaciente e intrigante.

Las tres reglas del Círculo (“Compartir es querer”; “La privacidad es un robo”; “Los secretos son mentiras”); el lenguaje casi esotérico (Los Tres Sabios; la Clarificación; la Transparencia); la comunidad degradada en secta; la infinidad de diminutas cámaras puestas al servicio del derecho fundamental de millones de ciudadanos; la frontera entre democracia y tiranización… Es inevitable su comparación con grandes hitos que ya incursionaron en el tema, como por supuesto 1984 o Un mundo feliz, pero, desde luego, no puede decirse que lo último de Eggers esté a la altura de estos clásicos. En mi opinión, y aunque de este detalle no se han hecho eco muchas críticas, El Círculo se asemeja más a Black Mirror, gracias a pequeñas reminiscencias que podemos ir encontrando por el camino y que son la mejor nota de la novela. Si bien es cierto que no podemos esperar una lectura enjundiosa de esta obra, sí le reconocemos audacia y inteligencia al describir ciertos pasajes que nos resultan -lo advertimos al instante, entre escalofríos- muy familiares. No podemos negar que juega bien algunas de sus cartas: la inmersión de la protagonista en un entorno cautivador que poco a poco se revelará como una peligrosa trampa, y ese ritmo -que nos precipita a través de unas páginas sin separadores capitulares- tan adecuado para dejar al lector exhausto por momentos. Sin embargo, el fallo radica en que la historia que narra no da más de sí y acaba convirtiéndose en una sucesión de clichés; entretenida, en efecto, pero tan vacía como la sociedad desvirtuada a la que hace referencia la novela.

 

Fuente de la imagen principal: ToonPool 

 

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