Sonorama Ribera, hogar y medida del pop español

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La decimosexta edición del Sonorama de Aranda de Duero no hace más que reafirmar su condición de indiscutible entre la extensa oferta de festivales veraniegos en nuestro país. Lori Meyers y Supersubmarina se aferran a la primera línea, solo discutidos por un Loquillo decidido a gobernar un terreno a priori extraño echando mano de la nostalgia y de abanderados del indie como The New Raemon o Sr. Chinarro. Standstill, Xoel López, Havalina, Jero Romero y unos más que interesantes León Benavente otorgan el salto de calidad a un festival ajeno a cualquier tipo de crisis, que se permite el lujo de poner la guinda con bandas internacionales de la talla de Belle and Sebastian y Travis.

Eric Montefusco, de Standstill, durante su actuación en SonoramaLoquillo sonríe con suficiencia y satisfacción ante un público conquistado, apoyado en un lujoso cuarteto de guitarras formado por Jaime Stinus, Josu García, Igor Paskual y el principal responsable de los éxitos de Trogloditas, Sabino Méndez. Suena ‘Cadillac solitario’ y ‘El ritmo del garaje’. El ukelele de Lola García Garrido marca el ritmo en ‘La boca del volcán’, de Xoel López, que se posiciona con su Atlántico como uno de los músicos más inquietos e interesantes de la música española. “El amor hay que hacerlo bien”, dice Eric Montefusco, de Standstill, mientras sustituye una guitarra que le fallaba al arrancar ‘Me gusta tanto’, del nuevo álbum de una banda que impresionaba visual y musicalmente con su también nuevo espectáculo, llamado Cénit. Ángel Stanich echa abajo la puerta antes siquiera de llamar, convenciendo bajo el sol abrasador de la Plaza del Trigo con turbulentas historias sobre Jesús y mujeres fatales, mientras que Abraham Boba lanza a media tarde la guitarra contra su teclado en el clímax de ‘Ser brigada’, excitante epílogo del sobresaliente debut de León Benavente.

Los seis escenarios del Sonorama dan para una multitud inabarcable de momentos e historias durante sus tres largas jornadas. El festival, orgullo de la localidad burgalesa de Aranda de Duero, se convertía un año más no solo en el epicentro de la música española durante todo un fin de semana, sino en un importante termómetro para muchas de las bandas que luchan por salir adelante. Dejando a un lado a Lori Meyers y a Supersubmarina, instalados por completo en la cima y sobradamente capaces de atraer a miles de personas, esta nueva edición del Sonorama confirmaba los pasos al frente de bandas como Triángulo de Amor Bizarro, Miss Caffeina o Mucho, que con su segundo disco y un directo vibrante dirigido por Martí Perarnau se liberaban definitivamente de su pasado en otras formaciones. La ilusión crecía todavía más lejos de los escenarios principales, con apabullantes conciertos diurnos en la citada Plaza del Trigo a cargo de Izal, Jack Knife o Pasajero, quienes pueden atribuirse el mérito de haber levantado un ambiente descafeinado a una hora y en un día complicado -jueves- con muchos de los asistentes aún llegando a Aranda, logrando momentos verdaderamente intensos con temas como ‘Borro mi nombre’ o ‘Autoconversación’, para el que contaban con la colaboración de Javier Couceiro (Havalina) y Jorge González (Vetusta Morla) a la percusión.

Josu García, Sabino Méndez, Igor Paskual y Jaime Stinus, cuarteto de guitarras durante el concierto de LoquilloA pesar de contar con lujosas presencias internacionales, como es el caso de Belle and Sebastian, e incluso con regresos discutiblemente esperados (Travis), Sonorama se define desde sus comienzos por levantar sus ya fuertes cimientos a base de artistas nacionales de varios estilos y épocas. Muchos comprobaban con estupefacción la emoción de algunos ante las canciones de Jaime Urrutia, que ofrecía un recorrido a través de su carrera en solitario (‘¡Qué barbaridad!’, ‘Mentiras’) y el repertorio de Gabinete Caligari (‘Cuatro rosas’, ‘Mi buena estrella’). Más tarde, muchas menos personas -aunque entre ellas, Eva Amaral- disfrutaban de otros clásicos como Los Marañones en la carpa Future Stars, denominación tremendamente chocante en este caso, tal y como ocurriría la noche siguiente con los incombustibles Capsula. Transcurría un jueves que ya a primera hora de la tarde se llevaban de calle Los Tiki Phantoms y su trepidante surf instrumental, recayendo el protagonismo caída la noche en Soleá Morente y Los Evangelistas, Mendetz, Triángulo de Amor Bizarro, Mucho o Loquillo. Por supuesto, el rockero catalán siempre es caso aparte, más incluso en esta ocasión debido a la idea de compartir escenario con varios de los emblemas del indie nacional. Entre el cariño y la condescencia, Loquillo recibía a Ramón Rodríguez (The New Raemon), a los sevillanos Maga al completo y a Antonio Luque (Sr. Chinarro), quienes cantaban junto a él míticos temas como ‘Barcelona ciudad’, ‘Pégate a mí’ o ‘Rock and roll Star’. La estampa, tan divertida como extraña, coronaba un brutal concierto sin lugar para el descanso. De ‘Feo, fuerte y formal’ a canciones más recientes como ‘El mundo necesita hombres objeto’, defendidas por una banda de alto nivel en la que volvía a destacar un exquisito Jaime Stinus a la guitarra.

Ya el viernes por la mañana, y tras la actuación en la Plaza del Trigo de Jack Knife (una de las confesadas apuestas de la organización), llegaba una de esas sorpresas tan propias del Sonorama con la actuación no anunciada de Supersubmarina, que solo un día después estaría triunfando en el escenario principal. La tarde-noche, en la que una de las mayores atracciones del gran público consistía en recordar a unos desaparecidos en combate como Travis, destacaba por el buen hacer de Jero Romero y León Benavente, dos proyectos repletos de músicos experimentados adaptados a nuevas fórmulas. Especialmente interesante fue la presentación de la banda liderada por Abraham Boba y Luis Rodríguez, que gana adeptos lenta pero firmemente gracias a una interesante y comprometida propuesta en lo social que gana todavía más enteros e intensidad en directo. Más adelante, los reyes indiscutibles volvían a ser Lori Meyers, con una sólida fórmula compuesta por un repertorio con cada vez más posibilidades. Disco a disco, y festival a festival, los de Granada perfeccionan su espectáculo. Poco parece importar si se trata de introducir nuevas canciones como ‘Impronta’ o ‘Planilandia’, o si acuden al rescate de antiguos temas como ‘Dilema’, su sello personal permanece y los momentos de interacción con el público que ofrecen ‘Luces de neón’ o ‘Mi realidad’ conservan su efectividad y contundencia. Entre tanto, la carpa Future Stars ofrecía propuestas tan distintas y disfrutables como las de Dehra Dun o Pantones, trío liderado por Paty Critter que caía de pie y conquistaba con su punk rock desenfadado, presentando las canciones de su debut –Ruido Rosa– y adelantando algunos de los temas que formarán parte de su segundo trabajo.

Xoel López presentó "Atlántico" en el SonoramaCon vistas a la tercera jornada valdría la pena recargar baterías, pues como si de una traca final se tratara se presentaba un sábado con interesantes citas ya al mediodía. La Plaza del Trigo, de nuevo, serviría a muchos para conocer a músicos tan interesantes como Ángel Stanich, apadrinado y acompañado a la guitarra por todo un clásico del festival como es Javier Vielba (Arizona Baby). Con su primer largo ya listo y publicado, al que ha titulado Camino ácido, Stanich desgranaba sus lisérgicos y violentos temas bañados en folk, desbordando personalidad en voz e imaginario y convenciendo a los que simplemente esperaban el turno de Izal mientras se preguntaban quién sería ese tipo con tanta barba. Unos Izal que también protagonizaron momentos mágicos antes de dar paso a una tarde con los altibajos emocionales que pueden acarrear las canciones de bandas como McEnroe o Havalina, a quienes desafortunadamente les cortaban el sonido al excederse en su tiempo con un tema como ‘Incursiones’ aún por rematar. Llegaba otro de los momentos de esta nueva edición con el regreso de Xoel López al Sonorama tras el giro vital y artístico que han supuesto sus años en América, materializados en un disco como Atlántico. En esta segunda parte de su gira española, en la que su compañero en Lovely Luna Félix Arias cogía el relevo del también productor Juan de Dios Martín a la guitarra, Xoel se mostraba todavía más seguro al frente de unas canciones que parecen querer trascender al estilo, siempre coronadas por la fabulosa ‘Tierra’. Con todo, no olvidaba el gallego su larga etapa como Deluxe, rescatando ‘Réquiem (no fui yo)’, ‘El amor valiente’ e ‘Historia universal’.

Avanzaba la noche y el indiscutible éxito de público se lo llevaba Supersubmarina con su segundo concierto en este festival, que se extendía más que ningún otro desde el escenario principal entre propuestas de la calidad de Pony Bravo, L.A. o Standstill, que con Cénit, su nuevo espectáculo, lograban ir más allá de lo convencional y del simple adorno asombrando con visuales y juegos de luces, en armonía con los temas de su nuevo disco y con clásicos de sus directos como ‘La mirada de los mil metros’ o ‘Adelante Bonaparte’. Y como cada noche, se hacía recomendable no dejar de lado a las bandas de la carpa, que en en esta última jornada cerraban Los Madison y Última Experiencia, arrasando con su rock de raíz setentera adaptado al castellano. Poco a poco, se acercaba el fin de tres agotadoras jornadas en las que el Sonorama lograba reafirmarse en las cualidades que le han dotado de personalidad propia, manteniendo de forma meritoria el equilibrio entre la concentración de multitudes y el protagonismo exclusivo de la música.

Imágenes cedidas por I’m an Artist

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