Sonata de un acto minúsculo

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Ahora que ha pasado tanto…
creo que tengo algo tuyo
en mi bolsillo.

Era un segundo perdido en el ombligo
de la ciudad translúcida.
Tu estabas fumando
(¿puedo decir tú, sin romperte?),
fumando
desnudo en tu cama.

Había música de piano.
Las notas eran humo,
o los humos eran nota.
En todo caso
volaban a mí, una a una, compases de nieblas bemoles,
y me tocaban.

En la ciudad translúcida
me tocaban las notas,
desnudas tabacaleras de piano retuercenubes,
recién quemadas en tus labios.

Pensé:
si quitas esta música,
si dejas de fumar,
o si apagas la ciudad translúcida
moriremos ambos.

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