Somos Guays o el aburrimiento del cuerpo

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Sábado en pleno mes de noviembre. Lluvia torrencial. Frío de morirse. Es el cumpleaños de mi  hermana, 11 añitos. La familia en casa, la tarta en la nevera, la piñarta en el jardín, primos y primos pequeños correteando por la casa, ese calorcillo que se crea cuando somos más de 20 en el salón.
De pronto la voz de mi  madre surge de la cocina: – ¿DÓNDE ESTÁN LAS VELAS? Es un grito aterrador que se extiende por cada rincón de la casa, que paraliza las voces de mi  familia reunida en el salón. La “play” deja de sonar, las copas se quedan quitas en las manos. Tan solo el “TIN” del microondas rompe ese silencio que la voz de alarma de mi madre que, manos en la cabeza, ha creado en ese ambiente segundos antes festivo y distendido.

–No problem. Decido tomar el control de la situación.

Tranquilizo a mi madre (-tranquila, los chinos no cierran así se derrita el mundo–), me remango los pantalones , cojo paragüas, chubasquero  y demás enseres para protegerme contra la lluvia y el frío y me monto en el coche.

Está helado, decido ponerme los guantes.Arranco. Con mucho cuidado por las calles de Galapagar  voy acercándome poco a poco al CHINO SALVADOR. La calle está llena de coches, el porche del Ahorramás parece el metro en hora punta, con todas esas personas esperando a que pare la tormenta…es un panorama desolador, tan solo iluminado minimamente por un hueco libre que diviso entre una furgoneta y un seat ibiza en el descampado de detrás del chino. 

Mierda. Hay un lodazal en medio del sitio. Después de dos minutos de parálisis, decido poner el coche detrás de un tractor que tiene muy poca pinta de ir a moverse en los cinco minutos que voy a tardar en comprar las velas. Pongo el WARNING. Entro el en el chino y para qué relatar la odisea que supone coger el paquete de velas, ir con el euro quince justo en la mano y tener que esperar al cola de ocho personas que intentan explicarle al chino que quieren el colador de la leche que tiene en la mano pero de otro color y sin el mango de plástico. Cuando tras veinte minutos consigo que me cobren las velas, y tras haber realizado tres excursiones al exterior para asegurarme de que el coche no molestaba, salgo a la puerta. Cuando giro la esquina del chino, me encuentro mirando la matrícula de mi coche a una señora POLICIA AGENTE MUNICIPAL DE GALAPAGAR…

La agente se da la vuelta. Me mira. – Estacione un poco más a la derecha que la vamos a denuncia INME-DIATA-MENTE.
Yo: -Perdone, he estado vigilando el coche desde la puerta todo el rato, no molesto a nadie.
Agente: -Documentación
Yo: – Vamos a ver, le repito que no hay nadie al que esté molestando.
Agente: -Haga el favor de sacar los papeles del coche.
Me resigno. ¿Para qué discutir? Abro la guantera, saco todo el tocho de los papeles y se los alargo a la agente bajo la lluvia.
Agente: – ¿Qué pasa, que no fuiste a la autoescuela?
Yo: ¿Perdón?
Agente: – Que no quiero todo esto, solo los papeles del coche
Yo: – Aquí tiene
Agente: – Le estoy diciendo que saque el papel del seguro y la licencia del vehículo.
Le soy sincera y le explico que ahora mismo, sometida a este nivel de estres, no soy capaz de saber qué puñetero papel necesita
Ella arremete contra mi, esta vez asistida por el compañero chulo-playa, típico agente engominado a lo Jamen Bond que ni bajo la lluvia deja de desprender ese olorcillo a agua de coco para el autobronceado.

De pronto, cuando ya han decidico coger ellos el tocho de papeles y buscarse ellos mismos los que necesitaban, un señor me dice por lo bajini:
Señor: – pssss, pssss….no seas tonta, no ves que esto no es un parking y si te denuncian a ti tienen que denunciar a todos porque estáis todos mal “aparcaos”.
Cáspita.
¿Se lo digo al agente?¿No se lo digo?
Después de un cuarto de hora de mirarme el coche de arriba abajo, hacerme abrir el maletero, de hacer como que apuntan algo, me devuelven el tocho, el dni, el carnet y los papeles empadados y, sin una triste mirada, se montan en su todoterreno y desaparecen
Bien, ¿y ahora yo que hago?
No me han dicho si me han denunciado, si no, si tengo que hacer algo, si me puedo ir…Pues allí me quedo plantada, pensando que si me voy alomejor es desacato.

Aparece un agente de movilidad a mi derecha
Yo: – PERDONE, PERDONE. Verá………….(le cuento la historia)
Agente de movilidad: – Un segundo. N-964 llamando a N-534. Hay aquí una joven que..
Agentes tocapelotas: JA JA JA digale que ya se podía haber ido hace rato
Yo: – Ya. Esto……¿Me han denunciado o no?
Agente de movilidad: – Que si la habeis denunciado.
Agentes tocapelotas: JUJUJUJU. No, era “pa” pasar el rato.

Las cosas de la policía, que cuando está de guardia en un día festivo y no le cabe más amargura en el cuerpo, se dedica a jorobar a los demás que, por suerte a su pesar, podemos de disfrutar de un sábado en familia.

Al final las velas, estaban en casa….

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