Sólo el uno por ciento de las tormentas solares podrían calificarse como severas

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Las tormentas solares, unos fenómenos naturales que se producen aproximadamente cada once años, provocan efectos devastadores en las sociedades tecnológicas actuales. Por este motivo, los investigadores estiman que es importante conocer pautas de seguridad y prevención que eviten daños de alcance mayor.

El Sol, la estrella que hace posible la existencia de vida en el planeta, tiene un diámetro de 1,4 millones de kilómetros y está situado a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra. El astro se encuentra compuesto por seis estratos de plasma cuyos núcleos, al fusionarse, crean la luz y el calor que llegan a la superficie terrestre.

Las tormentas solares -o geomagnéticas- tienen su origen cuando el Sol libera grandes dosis de energía sobre su superficie, generando estallidos que elevan las temperaturas de los gases existentes y facilitando la expulsión de partículas que se trasladan por el espacio a gran velocidad. De esta forma se origina radiación electromagnética que alcanza, por un lado, el campo magnético de la Tierra, y por otro, a la ionosfera y la magnetosfera -capas externas de la atmósfera-.

Cuando estas radiaciones llegan a alterar la superficie terrestre, las tormentas geomagnéticas pueden provocar daños incalculables en aquellos instrumentos que generan electricidad o que se vagan de ella para funcionar.

Por este motivo, el Observatorio del Clima Espacial ha editado un texto informativo para aquellos gestores locales que no tienen ninguna formación en materia espacial. El documento contiene información acerca de lo que es una tormenta solar, los niveles en los que puede presentarse, los efectos y  sus consecuencias en una determinada localidad.

Sin embargo, Protección Civil de Extremadura fue la primera institución en publicar su Decálogo de buenas prácticas. Tormenta solar severa: ¿cómo prevenir?, un protocolo de seguridad basado en las recomendaciones de la administración norteamericana sobre cómo actuar ante el efecto de una tormenta solar. El texto se resume en los siguientes puntos: verificar con calma la situación que afecta al ciudadano, preparar agua y medios de potabilización portátiles, reservar alimentos no perecederos y, finalmente, llevar entre el equipaje dinero en efectivo y documentación.

Aunque el posible efecto de este fenómeno solar ha suscitado gran expectación, lo cierto es que en los siglos V y IV antes de Cristo ya se tenía constancia de este tipo de radiación. Sin embargo, la mayor fulguración solar de la historia se produjo en 1859, cuando llegaron a arder tendidos eléctricos y telegráficos de Europa y Norteamérica. Asimismo, fueron detectados en ese mismo periodo auroras boreales en Madrid, Roma o La Habana -zonas de baja latitud-.

Desde entonces, éste fenómeno se ha repetido con una frecuencia aproximada de 11’5 años. En 1994, la tormenta magnética causó fallos en los satélites de comunicación, y en 2003, gracias a las medidas preventivas tomadas, se pudieron evitar grandes pérdidas económicas. Sin embargo, la NASA registró que la tormenta solar de mayor impacto sobre la Tierra tuvo lugar el pasado 8 de marzo, cuando distintas compañías aéreas se vieron obligadas a desviar el rumbo de sus vuelos debido a los efectos eléctricos. 

Asimismo, los investigadores prevén que la máxima actividad solar se podría producir entre 2012 y 2013, generando unas pérdidas que podrían ser incalculables. A pesar de la existencia de corrientes científicas que alertan de la gravedad de este tipo de radiaciones para la Tierra y, en consecuencia, para el ser humano, la NASA advirtió de que la posibilidad de que se produjese una tormenta solar con grado severo sólo representaba el uno por ciento.

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Imágenes: NASA 

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