Sólo un “Break”

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Bajo la dramaturgia y dirección de Ernesto Barraza Eléspuru, Break (o “tiempo”, para una relación) quiso ser una conexión con los problemas amorosos entre hombres y mujeres, que son generacionales, pero que se contextualizan en la sociedad limeña postmoderna.

Este concepto, es el hilo conductor de la trama, que tiene un trasfondo existencial: ¿somos los mismos de hace años atrás? ¿Las promesas entre personas existen? Al fin de cuentas, el público se cuestiona si ellos mismos son los que pensaban ser. Esa es la idea.

Para que este concepto sea digerido por el espectador, Barraza Eléspuru le otorgó “humor” a la obra. Esta disposición de ánimo que quiso proyectar y que, supuestamente, “ambienta la Lima actual”, cayó en lo tonto y en bromas absurdas. Describir la fisionomía de una mujer con frases sin tino o apelando a las lisuras que caen en la procacidad, no son humor.

Lo que sí ambienta a la Lima actual es la pérdida del concepto de “humor”. Soltar una lisura al aire para esperar risas tontas es el principal inconveniente de la obra. También el tino a la hora de emplearlas. En ¿Quién teme a Virginia Woolf?, las conversaciones entre Elizabeth Taylor y Richard Burton, son “subidas de tono”, pero saben cómo y cuándo utilizar este tipo de palabras. La película, además, cuenta con un humor preciso.

Como nos tiene acostumbrados en teatro, Katerina D’Onofrio realizó una actuación destacada. Tiene un encanto peculiar, que la hace distinta puesta tras puesta. Sabe cómo moverse y desplazarse. Su sola corporalidad rompe los marcados lugares de desplazamiento en la puesta: lado izquierdo del escenario, derecho y el centro.

Vemos también la típica cámara negra para acomodar la escenografía ¡más de tres veces! Estamos aprendiendo un teatro donde los errores básicos permiten surgir virtudes. Las ideas de Ernesto Barraza Eléspuru van por el camino innovador, sólo requieren el sustento de la experiencia y de una mayor búsqueda.

El argumento

Cuando Jorge creía tener una vida aparentemente perfecta; su novia desde la adolescencia, Adriana, decide pedirle un “break”. El mismo día en que ella lo deja, Jorge va con Arturo, su mejor amigo de la infancia, a una reunión de su promoción del colegio, donde se encuentran con Pamela (antigua compañera a quien no veían hace años).

Este elemento activador de la trama, evoca el pasado, pero también interrogantes sobre el futuro, que parece cada vez más incierto. Desde ese día, Jorge comienza a entender que después de los treinta, la vida ya no permite “breaks” y que no todos los juramentos de la adolescencia duran para siempre.

Fuente de la imagen:
Periosía

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