Sinfonía y coda de Argenta en Si mayor.

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Muere a los 68 años de edad y víctima de la enfermedad del cáncer el que fuera el gran difusor de la música clásica en nuestro país, especialmente entre los más jóvenes.

imagen1Muchas personalidades asociadas al mundo de la televisión nos han dejado en este año que ya está tocando a su fin, huelleros. Constantino Romero, Concha García Campoy o Alfredo Landa. Todas ellas merecerían un artículo individual. No obstante, esta semana asistí, perplejo, a la noticia de que también partía Fernando Argenta, el mítico presentador de El Conciertazo de TVE y de su programa en RNE Clásicos Populares. Desconocedor de su enfermedad, no he podido por menos que dedicarle las líneas de este sábado, a él y a su magistral labor.

La semana pasada ya enunciaba la tesis de que, para un servidor, la televisión de calidad debía cumplir tres requisitos en su justa proporción: el de informar, el de entretener y el de educar o enseñar. Fernando Argenta rellenaba con creces esta última parcela, y en un campo en el que muy pocos se han atrevido a poner un pie, el de la música clásica. Ya desde los tardíos años 90 los programas infantiles (y cuando digo “infantiles” me refiero a programas para el público más joven con carácter educativo) han ido bajando su presencia en la parrilla así como su calidad. Podríamos citar unos cuantos para ilustrar mejor el asunto: la Cometa Blanca, Barrio Sésamo, Picnic, el Club Megatrix, o el Superguay con Rita y Miliki (que también nos dejó recientemente). Todos ellos, y más, se encargaron durante los 80 y 90 no sólo de entretener a los niños españoles, sino además de transmitirles cierta urbanidad y valores sociales.

El Conciertazo de Argenta rompió todos los moldes. Supongo que del mismo modo que Fernando mamó el encanto de la música clásica de su padre, el director de orquesta Ataúlfo Argenta, nuestro presentador quiso transmitir esa magia a adultos en la radio y, aún más importante, a los más jóvenes en televisión. Con esa idea en el año 2000 apareció un programa, a mi modo de ver, transgresor en aquellos momentos. Centraba la música clásica en los niños, en colegios enteros que sentaba en las filas del teatro de TVE desde donde se televisaba el programa; la desproveía de ese caparazón rígido, frío y exclusivo del que la suelen envolver; y se la acercaba a los pequeños de tal modo, que era hasta divertida. ¡Qué sacrilegios cometió este hombre en nombre de la música! Casi tantos como Leticia Sabater (otra amiga de los programas infantiles que, paradójicamente, no sabe cuándo capitular).

No hacía ruido mediático, no era amante de la pedantería; era un currante que lo vivía, un verdadero sabio musical, a veces tan excéntrico en escena, que lograba que hasta Bach y su contrapunto sonaran de lo más natural. Con él y su programa no sólo se aprendían los instrumentos de una orquesta, los distintos compases o los compositores de las diferentes épocas, con él leíamos entre líneas y gozábamos de unos clásicos que, aunque impopulares hoy en día, son y serán tan bellos como atemporales.   

En 2009 RTVE lo prejubiló, suprimiendo sus dos programas en televisión y radio y dejándonos huérfanos. En 2013 ha muerto el melómano, no obstante queda su herencia: la sinfonía de Argenta, una vida dedicada a la música clásica y a su divulgación; y su coda, varias generaciones de niños, o no tan niños, que sabemos apreciarla. Descansa en paz, maestro.

PD: mi petición final de telespectador de hoy es: “Cuando llegues, Fernando, le pides a Tchaikovsky de mi parte que te dedique la 1812, que te la has ganado.”

Fotografía propiedad de la página web http://www.rtve.es

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