Sigue el pulso

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El fin de semana ha sido intenso en esta guerra fría. El Madrid tenía un partido fácil contra un Levante que fuera de su estadio no funciona y menos aún lo iba a hacer en la capital donde los blancos no han cedido ni un punto esta temporada. Tras el trámite, los de Mou metieron presión al Barça. O eso decían… Los blaugranas venían de dos resultados negativos (empate en Gijón y derrota en Londres) y querían dejar sin argumentos a esos que, en apenas seis días, habían pasado de decir que los de Pep eran inalcanzables a asegurar que el declive barcelonista era un hecho.

Una vez más, nadie alzó la voz desde el vestuario y esperaron a tener el balón entre los pies para silenciar ineptos. Y digo ineptos porque el que viese el partido contra el Sporting vería que el Barça salió como siempre (en actitud, no en alineación) pero que las ganas, el ambiente y buenos futbolistas de un humilde te pueden complicar cualquier partido. Sin más. Ineptos porque el que viera el partido frente al Arsenal estaría de acuerdo en que si Messi hubiera estado fino, en el minuto 60, irían 0-3 y hubiese sido lo lógico. Con esto quiero decir que las derrotas están ahí y no se puede decir que no sean justas pues esto es fútbol. Pero la palabra crisis tiene dos caminos: el primero es el de los blancos, que crisis tiene un matiz resultadista, es perder partidos, alejarse de la lucha por el título liguero; y el segundo es el del Barça, que tiene un fondo ideológico, está unido a la pérdida de su esencia, de su juego, su presión y su ambición. En can Barça la crisis tiene un significado más profundo. Simplemente son formas de ser diferentes.

Fuentes de las imágenes:

www.resultados-futbol.com

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