¡Siempre estás ‘En la luna de Valencia’!

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Distraída, sin prestar atención, todo el día jugando y divirtiéndose… así era la inolvidable protagonista de En la luna de Valencia de María Teresa Molina y Luisa Villar Liébana, editado por SM dentro de su colección El barco de vapor. ¿Y quién no era así de pequeño? ¿Quién no escuchaba una y otra vez que estaba en la luna de Valencia? ¿Quién tenía preocupaciones a esa edad?

Esta expresión —ya casi olvidada— está vinculada a varios posibles orígenes. Todos tienen como escenario la ciudad de Valencia, pero las fuentes más fidedignas apuntan que la teoría más acertada es la que se refiere a los rezagados, como Luisa, que no llegaban a tiempo al cierre de las murallas de la ciudad y que, por tanto, se tenían que quedar al raso toda la noche a las puertas de Valencia.

978843486354En esta dulce historia de dos amigos que se tienen que separar en su niñez, la luna de Valencia tiene una connotación mucho más personal, ya que es en este lugar donde ambos muchachos se reencuentran, pasada ya la adolescencia y habiendo llegado a la aburrida vida adulta. Cuando somos unos críos, la mayoría de las personas mayores nos aconsejan que disfrutemos de nuestra infancia, que cuando se crece, la vida se complica mucho. Y es cierto. Llega un momento en nuestras vidas en el que ya no se disfruta igual de las cosas; que la risa se vuelve más agria y que las ganas de volar han mermado. Luisa Villar escribió este primer libro con la colaboración de su hija María Teresa, ofreciéndonos la posibilidad de ver el mundo desde las lentes de una niña y, más tarde, desde las de una adulta.

Este libro está pensado para un público infantil, evidentemente. Sin embargo, os propongo que vayáis a la biblioteca municipal más cercana a vuestra casa. Buscadlo. Buscadlo y leedlo de pie, en frente de la estantería donde estaba cogiendo polvo. Si en ese momento hay niños pequeños en la sección infantil, echad un vistazo a sus caras. A sus expresiones y sus miradas. ¿Os sentís identificados con ellos? ¿Hay algo que os recuerde a vosotros mismos?

Soy maestra convencida de ello y siempre he sentido más interés por los niños que por los adultos. Las cosas que te dicen y cómo te lo dicen son infinitamente mejores que las de las personas de mi edad. Ellos se sorprenden por las cosas, están aprendiendo, y eso les hace fascinantes. La metáfora de la luna de Valencia es muy acertada ya que en ella Luisa se perdía y contaba amapolas, se escondía tras los árboles, volaba su cometa, echaba migas de pan a los pájaros, jugaba a navegar… Seguro que esa luna de Valencia os recuerda a otro lugar idílico donde los niños no crecían nunca y eran felices para siempre: el País de Nunca Jamás. Peter Pan y Luisa, los dos, han creado lugares para todos nosotros donde ser siempre niños y soñar.

Ya lo dijo nuestro querido Peter Pan: “¡Yo no quiero ir a la escuela a aprender cosas serias! ¡Yo no quiero aburrirme en una oficina oscura y triste! ¡Yo no quiero ser un hombre mayor!”

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