“Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya”

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Este titular es completamente absurdo.
Chocante y contradictorio, opuesto a la razón y sin
sentido, o así nos explicaría la RAE el significado de la palabra absurdo.
Pero este adjetivo encierra tras de sí mucho más que una palabra.
El Absurdo como filosofía, escuela e incluso como corriente teatral que surgió a partir de los años ’40 del pasado siglo XX siguen cuestionándonos, a día de hoy, esta sociedad y hombre que la compone.
Eugéne Ionesco es el autor de este absurdo titular, y también uno de los creadores del teatro del Absurdo, que junto al conocido Samuel Beckett rompieron los esquemas del teatro tradicional y las cabezas a tantos críticos de la época.
La Biblioteca Nacional de Francia
conmemora, desde este mes de noviembre y hasta el 3 de enero del próximo año, el centenario del nacimiento de Eugéne Ionesco, el 26 de noviembre de 1909, con una exposición única.

Material inédito y desconocido sale por primera vez a la luz en este cumpleaños tan especial.

El carácter de Ionesco y su horror hacia la celebridad quedó evidenciado para la posteridad en algunas de sus frases más célebres “no es absurdo el mundo, pero si la posición del hombre en el mundo”.

Dicen que a Ionesco nunca le gustó oír hablar de acumular recuerdos y pasar a la historia por algún mérito, y que por eso rompía, destruía y quemaba todo lo que hacía para no dejar huella marcada.

Sobre los escenarios ya dejaba todo lo que tenía que decirle al mundo y esta sociedad de su tiempo con obras como la cantante calva, El rey se muere, Rinocerontes, o Sillas, que a pesar de estar escritas hace años no se han dejado de representar ni un solo día en el modesto Théâtre de la Huchette, en el barrio Latino de Paris.

Tal vez eso es lo que pensaba él que dejaba, un pequeño pico de iceberg que pocos podían ver y que complicaba y suponía un desafío para los colosos de la escena francófona cada vez que querían enfrentarse a una nueva representación de alguna de sus famosas obras. Sin embargo, Ionesco no sabía que su mujer se dedicaba a ir coleccionando todo aquel arte que él iba derrochando y ahora, gracias a la colaboración de Marie-France Ionesco, hija del autor, durante estos próximos meses podremos acercarnos en primicia al desconocido mundo que atrapaba a este hombre.

Viejas fotografías alternan el pasado con las nuevas explicaciones en videos multimedia, trajes que nos ambientan y pinturas que nos descubren nuevas facetas del autor. Cartas que delatan amistades, guiones cinematográficos, manuscritos o legados sobre todo aquello que pensaba el autor, nos hacen recorrer en siete temas, u obsesiones, esas viejas cajas llenas de papeles amarillos por el paso del tiempo, que encierra todo los secretos de un trabajo a simple vista sinsentido, como graciosos croquis o simples objetos personales.

Nada tiene desperdicio en esta exposición que aporta nuevos aires sobre la historia de este autor.

Es el caso de un pequeño libro expuesto en una vitrina, usado por Ionesco para aprender inglés con el conocido método Assimil, esa colección tan típica usada para el aprendizaje rápido de inglés. A simple vista parece un detalle absurdo, que en realidad en ese momento piensas que te da igual si sabía hablar inglés o no, pero de pronto comprendes que estas descubriendo que ese libro puede llegar a encerrar mucho más que una lección rápida de inglés y que en realidad de él depende el principio de la trayectoria de Ionesco.

De ese desgastado libro de Assimil brotó el germen de La cantante calva, primera obra de Ionesco. Asombrado por los simples diálogos que encerraba el método decidió escribir una obra absurda titulada L’anglais sans peine (El inglés sin esfuerzo), por el título del manual.

Pero en el momento de un ensayo el actor que representaba al bombero tenia que hablar, en una perorata muy larga, de una institutriz rubia (institutrice blonde), mencionando, en cambio, una cantante calva (cantatrice chauve) y fue en este tonto error donde surgiría el verdadero título de su primera obra.

Esta exposición comisariada por Noelle Ginet es un buen regalo para la memoria, en este mes centenario que aporta un poco de sentido al mundo absurdo de Eugéne Ionesco.

Fuentes de texto:
Bibliotèque nationale de France
http://www.bnf.fr/pages/cultpubl/exposition_1137.htm
página oficial Théâtre de la Huchette
http://www.theatre-huchette.com/
comunicado de prensa BNF
http://www.bnf.fr/PAGES/presse/communiques/cp_ionesco.pdf
Fuentes de imagen:
Google imagen, palabra clave: Ionesco

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