Serranillos, 30 años después

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Tres décadas más tarde, la etapa que atravesó el puerto abulense sigue siendo considerada como una de las mejores de la historia de la Vuelta Ciclista a España. Bernard Hinault, uno de los más grandes campeones de todos los tiempos, destrozó al entonces líder de la carrera española, el prometedor Julián Gorospe, después de atacarle a 60 kilómetros de la meta en Ávila.

El viernes seis de mayo de 1983 se disputaba la decimoséptima y antepenúltima etapa de la Vuelta Ciclista a España. La jornada partía de Salamanca y llegaba a Ávila después de atravesar 216 kilómetros y las estribaciones de la sierra de Gredos. Cuatro cimas jalonaban el recorrido: Peña Negra, de primera categoría, El Pico, de tercera, Serranillos, de primera, y Navalmoral, de segunda. La gran ronda peninsular se acercaba a la meta de Madrid con la carrera por decidir. Bernard Hinault, la estrella indiscutible de la época, había pasado dos semanas difíciles. Un joven Julián Gorospe marchaba líder de la carrera con una diferencia de 27 segundos sobre Álvaro Pino y 1m11s sobre el francés.

Bernard Hinault (dorsal 55), Marino Lejarreta (1) y Vicente Belda, escapados camino de Ávila
Bernard Hinault (dorsal 55), Marino Lejarreta (1) y Vicente Belda (42), escapados camino de Ávila

Desde el primer puerto Hinault se mostró con ganas. Su equipo, el Renault Gitane que dirigía Cyrille Guimard, había acudido a la Vuelta con un bloque poderoso. Enrolados en las filas del conjunto galo venían Greg Lemond, prometedor ciclista norteamericano, y quien parecía ser el heredero de El Caimán, un joven Laurent Fignon. En el puerto de El Pico, segunda dificultad de la jornada, la pareja francesa continuó endureciendo la marcha. Cada movimiento del campeón bretón era vigilado de cerca por el líder; cada demarraje previo que había intentado el aspirante, había encontrado respuesta de Gorospe.

Pero un zarpazo en el inicio de la subida a Serranillos reventó al líder. La Vuelta llegaba a su fin. En el kilómetro 147 de la etapa, y con sólo 70 corredores en liza, el ciclista bretón soltó un violento latigazo. Únicamente su gregario, Marino Lejarreta, Vicente Belda, el belga Guy Nulens y el italiano Claudio Bortolotto pudieron seguirle. Pasaron los kilómetros y el ritmo del francés solo lo resistieron Lejarreta y Belda, esforzados espectadores de lo que terminaría convirtiéndose en una gesta. Gorospe pasaba por la cima de Serranillos con dos minutos perdidos. Una eternidad le separaba de la meta, subida a Navalmoral y sinuoso terreno hasta Ávila mediante.

En la llegada de la capital abulense, el francés aventajó a un desfondado Gorospe en 20m40s. Hinault ganó la etapa al sprint en el velódromo habilitado en el estadio Adolfo Suárez. Ponía así El Caimán punto y final a una de las páginas más gloriosas de la historia del ciclismo. Se enfundó el maillot amarillo de líder y certificó en Madrid, aquel mismo domingo, su segunda Vuelta a España, cinco años después de haber ganado la primera. En el podio, le acompañaron Marino Lejarreta y Alberto Fernández, segundo y tercero respectivamente.

Aquella hornada de ciclistas españoles, con Eduardo Chozas, Álvaro Pino, Belda, Lejarreta y Fernández, estaba sorprendiendo a Hinault. El Caimán no exhibía su temible golpe de pedal cuando la carretera miraba al cielo. Los escaladores españoles habían dado guerra al gran favorito durante toda la Vuelta. Por su parte, Julián Gorospe era un gran rodador y excelente contrarrelojista. El corredor vasco del equipo Reynolds rompía con el arquetipo clásico: no era pequeño, ni fibroso; exhibía una planta vigorosa y se encontraba cómodo en el llano.

Sin embargo, la jornada aciaga de Serranillos dejaría marcada para siempre la carrera profesional de Gorospe. El prometedor ciclista, terminó reciclándose después en un corredor para vueltas pequeñas y victorias parciales. Nunca llegó al nivel competitivo que había mostrado hasta aquella etapa de la sierra de Gredos el potente corredor vasco. Fue engullido por El Caimán, que le despedazó. La voracidad y el arrojo de Hinault persiguieron siempre al corredor vizcaíno.

Televisión Española emitió por primera vez en directo la edición de la Vuelta del año 1983. Aunque no existen imágenes grabadas del ataque del francés en el inicio de la subida de Serranillos, el mito de esta etapa creció con la ayuda de la retransmisión. Regresó el duro puerto del Sistema Central al recorrido de la ronda española varias veces más. Laurent Jalabert en 1995, Laurent Dufaux en 1996, y Frank Vandenbroucke en 1999 ofrecieron un buen espectáculo. Pero el nombre ciclista de Serranillos siempre permanecerá ligado a la pareja que le dio gloria: Hinault y Gorospe.

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