Sergio Bleda celebra “20 años entre pinceles”

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Portada 20 años entre pinceles

No mucho, pero algo queda del jovenzuelo que publicó sus primeras tiras semanales en el diario Crónica de Albacete. Corría el año 1991 y Sergio Bleda aún no lo sabía, pero estaba por empezar una aventura que poco a poco se terminaría convirtiendo en su profesión. Luego llegarían los fanzines, las colaboraciones para la revista erótica Kiss Comix, la novela gráfica El Hijo de Kim y, por supuesto, la serie limitada El Baile del Vampiro, que le valió una nominación al Premio al Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona. A partir de 2003 comenzó su despegue en el mercado extranjero mediante obras como Duérmete niña o la trilogía Doll’s Killer, guionizada por el francés Nicolas Pona. Por si fuera poco, atrás queda también una amplia ristra de carteles, ‘storyboards’ y trabajos de arte conceptual.

Consagrado en la actualidad como uno de los autores más relevantes del cómic español, Bleda (1974) celebra su particular aniversario con 20 años entre pinceles (Dibbuks), un exhaustivo repaso a los trabajos más destacados en la trayectoria del dibujante manchego, cuyo carácter polifacético queda plasmado en las cuatro partes que conforman la obra: 1991-1995, con las primeras tiras de prensa y los carteles para instituciones de Albacete; 1996-2000, el primer gran éxito con El baile del vampiro, momento de desengaño del cómic y salto al ‘storyboard’ cinematográfico; 2001-2006, la etapa para Strip Art Features; y 2006-2011, con Doll’s Killer, Hadas, 33 abuelas o el inédito EveMoon.

A veces bromista, en ocasiones algo más cínico, pero siempre con indisimulado aire optimista, Sergio Bleda charla con La Huella Digital acerca de sus primeros pasos como dibujante, sus momentos de alegría, sus etapas de decaimiento y la salud del cómic español en general.

¿Cómo se queda uno cuando lee eso de 20 años entre pinceles?
Por una parte muy bien, porque han sido veinte años trabajando en lo que me gusta, pero por otra… ¡Uf! Llevo más de la mitad de mi vida haciendo dibujos. Pero en el fondo bien, es muy satisfactorio.

¿Ha sido curioso echar la vista atrás?
Es duro, porque sólo ves los errores. Procuraré no hacerlo otra vez hasta dentro de otros veinte o 25 años. Pero de vez en cuando está bien echar la vista atrás y ver qué has hecho bien y qué has hecho mal. Sin ser autodestructivo o autocomplaciente. Sólo para aprender.

¿Cómo surge la idea de hacer esta recopilación?
Todo empezó con una exposición retrospectiva que hice en el Salón del Cómic de Avilés, donde hablé con Ricardo Esteban –editor de Dibbuks- sobre la posibilidad de publicar un resumen de mis trabajos. Tirando del hilo, he llegado hasta la obra que todo autor quiere que le hagan, por lo menos, una vez la vida.

Todavía es un autor muy joven. Igual esta obra le ha llegado un poco pronto…
Nunca se sabe cuándo se va a retirar uno. ¡O cuándo va a palmar! Así me quedo más tranquilo.

¿Es usted ordenado? ¿Tenía los originales a buen recaudo?
Soy relativamente ordenado, pero ha sido más difícil de lo que esperaba. Pensaba que lo tenía todo bien guardadito en mis carpetas y, a la hora de buscar algunos dibujos, he tenido que mirar hasta debajo de las camas y encima de los armarios. En realidad ha sido muy divertido. Lo más difícil fue la selección, porque son muchos años y muchos originales. En este libro hay algunos que no son de mis favoritos, pero de alguna manera tenían que estar ahí: la portada de un número que se vendió un montón, una ilustración que ha circulado mucho entre los aficionados… Tuve que elegir cuáles estaban en el libro porque me gustaban a mí y cuáles estaban porque tenían que estar.

¿Y qué criterio ha primado en última instancia?
El gusto personal. Algunas ilustraciones nunca las habría metido de no ser por estas cuestiones de “autocompletismo”, por decirlo de alguna manera.

A lo largo del libro hay numerosas anotaciones, escritas además en primera persona. ¿Lo ha hecho así para generar mayor empatía con el lector?

Ilustración 20 años entre pincelesempatía con el lector?

Creo que era lo más honesto y sincero. Hablar de mí mismo en tercera persona me parecía… Ni siquiera me lo planteé. De hecho, la mayoría de ‘artbooks’ están escritos en primera persona, y eso es lo interesante. Cuando me compro libros, lo que me gusta es que sea el autor quien me diga cuáles eran sus pensamientos mientras hacía una obra, o qué tipo de relación tenía en ese momento con el editor o el dibujante con los que trabajaba.

Tiras de prensa, libros infantiles, cómics de terror, carteles, ‘storyboards’ y unas cuantas cosas más que seguro que se nos olvidan… ¿Diría que la polivalencia es una de sus cualidades?
En mi caso es una necesidad, porque los dibujantes de historietas seguimos estando muy mal pagados y necesitamos hacer otras cosas para sobrevivir. Mucha gente me dice: “¡Qué guay tu trabajo!” o “¡Cuántas cosas haces!”… Pero no es una cuestión de talento, sino de pagar la hipoteca. 

Y ya que estamos hablando de toda su carrera, ¿usted siempre quiso ser dibujante?
Sí. Tenía dos opciones: una era torero y la otra dibujante de tebeos. Afortunadamente, me tiré por lo menos sanguinario.

¿Llegó a intentar lo de ponerse el traje de luces?
No, para nada. Era una cosa de niños: “¿Qué quieres ser de mayor?”, me preguntaban. Y yo respondía: “Torero”. Era eso o dibujante de tebeos. Y mira, al final he acabado siendo lo más insensato de todo.

¿Cuáles fueron sus grandes referentes?
Siempre he leído de todo y todo me ha influido, desde Ibáñez a Moebius. Durante mi infancia y mi adolescencia leía Superlópez, Mortadelo, Los Pitufos… Peyo, Jan e Ibáñez fueron muy importantes, sobre todo al principio, cuando decidí que quería dedicarme a ésto. Luego también recuerdo el descubrimiento de Moebius, que fue como un puñetazo en el cerebro. Me dejó “flasheado”, empecé a coleccionar cualquier cosa que hubiera hecho, y todavía hoy sigo yendo a los salones de Francia por si encuentro alguna cosa, alguna rareza. Y luego Régis Loisel, que es uno de mis grandes ídolos. Pero a decir verdad, tengo más preferidos españoles que extranjeros. Alfonso Font, Jordi Bernet, Carlos Giménez… La lista es interminable.

Su primer trabajo fue como dibujante de tira semanal en un periódico de Albacete. ¿Recuerda cómo fueron aquellos inicios?
La verdad es que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo, pero sí me acuerdo de la ilusión de ver mi primera tira publicada. Descubrí que todo lo que sale en prensa es muy caduco, al día siguiente ya no vale y la gente lo tira. Yo iba por la calle y veía el periódico, donde un par de semanas atrás había publicado mi tira, metido en un charco lleno de porquería. El caso es que aquéllo me gustaba, porque era como si mi dibujo formara parte de la ciudad.

¿Diría que El baile del vampiro fue el gran punto de inflexión en su carrera?
Sin duda. Me dio a conocer al gran público y, más de diez años después, es la obra que toda la gente recuerda. Piensan en mí como “el dibujante de El baile del vampiro”. Saque lo que saque, debo hacerme a la idea de que esto será igual durante el resto de mi vida. Pero me parece bien. Mejor ser recordado por una obra que no ser recordado en absoluto.

¿Le molesta la insistencia del público respecto a esa obra?
¡Qué va! Me parece muy bien. Me he hecho a la idea y yo sigo publicando mis cosas. Lo malo de un éxito temprano es que piensas que siempre será así, pero luego te das cuenta de que no. También haces otras obras, que pasan desapercibidas, pero que tú como autor consideras mucho mejores, porque has alcanzado una madurez, porque sabes escribir mejores guiones… Y sin embargo no enganchan a la gente. Te tienes que hacer a la idea de que hay obras que funcionan mejor y obras que funcionan peor. El baile del vampiro fue muy importante para mí y, de hecho, mi intención es continuar trabajando en esos personajes.

A principios de siglo, más o menos en 2001, usted tuvo un desencuentro muy fuerte con el cómic y abandonó las historietas durante dos años. ¿Qué ocurrió?
Descubrí que tener un éxito de cómic en el mercado español es como no tener nada. Si llego a saberlo, igual habría empezado por buscarme la vida en el mercado extranjero. Había tenido un relativo éxito con El baile del vampiro, pero seguía sin tener un duro y vivía en la miseria. Cada editor español con el que hablaba me ofrecía las mismas condiciones paupérrimas que me habían ofrecido al principio. No es culpa de los editores, que te pagan un adelanto con respecto al porcentaje de la tirada. En Francia y España te pagan lo mismo, el diez por ciento de la tirada. La diferencia es que en España se tiran mil ejemplares, mientras que en Francia son diez mil.

Busqué cobijo en la industria del cine, haciendo ‘storyboards’ y algo de arte conceptual. Pero al final me di cuenta de que aquello tampoco estaba tan bien pagado y encima te tenías que conformar con ser parte del engranaje de una cadena, y tu trabajo luego no se veía. Los dibujantes de cómic somos una panda de vanidosos incorregibles y queremos que se aprecie nuestro trabajo, así que decidí volver a la industria de los tebeos.

La cabra tira al monte…
De momento. Ya veremos qué pasa.

Ilustración 20 años entre pinceles

Han pasado diez años desde aquel momento de flaqueza. ¿Cómo ve la situación actual?
Pues igual que antes. Sigo inmerso en un mar de dudas, no sé de qué voy a vivir durante el próximo año… Pero bueno, es lo único que sé hacer y ahí estamos.

Mientras siga trabajando para el mercado internacional…
Pero cada vez es más complicado, porque la crisis ha afectado mucho a los editores, que se vuelven más cautos de lo que ya son y les cuesta más apostar por un autor que no ha tenido un éxito de ventas en Francia. Si se diera ese caso, todo sería mucho más sencillo para mí; al no tener ese éxito, cada vez que me reúno con un editor me siento como un chaval de quince años enseñando su carpeta.

¿Es difícil vivir en esa inestabilidad continua?
Cuando la gente habla de la crisis, de que ahora es muy difícil tener una nómina, de que hay que hacerse autónomo, que vaya putada… Pues bienvenidos al club. Mi vida ha sido siempre así y al final uno se hace a todo.

¿Cuándo se publicará EveMoon?
Ricardo Esteban mostró cierto interés, pero no sé exactamente si lo sacará él u otro editor, o si finalmente saldrá en algún sitio. Es una obra a la que tengo mucho cariño, porque es un cuento infantil escrito e ilustrado por mí, y de momento sigue inédito en todo el mundo. De todas formas, yo siempre soy el último en enterarme de estas cosas.

¿Qué otros proyectos tiene a corto y medio plazo?
Lo que más tengo son proyectos (risas). El más avanzado es una precuela de El baile del vampiro que contaría el origen de Jakob. Está ambientada en la Prusia del siglo XVIII, tiene una labor de documentación bastante peliaguda y el guión está escrito por Alberto Pérez Aroca. Ya tenemos varias páginas hechas y estamos a la caza del editor.

También tengo un trabajo con Nicolas Pona y otro con Raule. Y luego varias expectativas de colaborar con otros guionistas franceses, pero todavía no hay nada, porque aún estamos en la fase de ver qué queremos hacer juntos.

+ Info Sergio Bleda:
Página web del autor.
Blog del autor.

+ Info Dibbuks:
Página web oficial.

Imágenes cedidas por Dibbuks.

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