Se necesita algo más que un cambio para salir de ésta

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Vivimos tiempos de crisis y en muchos aspectos podría decirse que son tiempos malos, negativos, perjudiciales para el ser humano. Y digo en muchos, y no en todos, porque egoístamente, a los estudiosos de la sociedad, de la política y del comportamiento del ser humano en general, estos tiempos nos brindan grandes oportunidades para el estudio y el análisis de determinadas situaciones, decisiones y procesos políticos. Es este un momento perfecto para pararse a reflexionar sobre el papel de la política en nuestras vidas y sobre el papel que juega la sociedad en todo esto.

Desde hace un par de años atrás hasta hoy, vemos cómo los partidos que ostentan el gobierno en sus respectivos países van cayendo como fichas de dominó, arrastrados por una crisis que empezó siendo financiera y ha acabado siendo general. Los gobiernos van cambiando de signo, llegan nuevos al poder, como ha ocurrido en Portugal, en Irlanda, en Alemania (como las municipales de Berlín), en Finlandia, en Dinamarca, en Grecia (recordemos que Papandreu entró en 2009 con la caída de los conservadores), etc. Es previsible que la crisis también arrastrará al gobierno socialista en España la próxima semana y que, por el contrario, hará renacer al partido socialista en Francia en las próximas presidenciales. El futuro de Merkel está aún por ver. No digamos ya Obama.

Por no hablar de los cambios forzados y no precisamente por las urnas. Los casos recientes de Papandreu, que no ha durado ni una semana después de convocar una consulta popular, asediado por la sociedad internacional (políticos y medios de comunicación se han lanzado sobre su cuello con un discurso criminalizador mortal), y Berlusconi, que ha tenido que esperar que sean los mercados quienes le tumben y no la corrupción durante sus años como Il Cavaliere. Es decir, cuando no castigan las urnas, ya se ocupan los de más arriba de tomar las decisiones que hagan falta y de escarmentar a quien no acata lo cumplido o se pasa de la raya.

Estos cambios de gobierno -y de color- nos indican una cosa. La gente está castigando al gobernante de turno por sus formas de afrontar la crisis. Esto tiene su parte positiva. La sociedad es consciente de que los gobiernos están actuando mal y también es consciente de que es capaz de castigar al de arriba, de hacerle caer si no toma determinadas decisiones. El problema es que ese castigo es un castigo ciego. Se les castiga pero no se sabe muy bien por qué (eso se pone en evidencia cuando vemos algunos casos en los que se castiga al gobernante por su conducta –se entiende que ésta es perjudicial para la sociedad, que no soluciona el problema, que no es la correcta- al tiempo que se premia a quien va a seguir actuando del mismo modo o incluso de una forma más agravante, como es el nuestro en España, donde se castiga al PSOE por vender su programa y adoptar medidas liberales cuando se va a pasar a un gobierno aún más liberal).

Es decir, el castigo a los gobernantes es una acción coja, insuficiente, en tanto que la gente no está teniendo en cuenta las formas que hay de salir de este gran problema, sino que están pensando únicamente en sancionar a los actuales dirigentes. Sí, esa sanción es necesaria, pero hay que ver más allá y saber qué posibilidades hay, qué consecuencias tiene esa sanción, etc.

Decepciona ver que la gente crea que con un cambio de gobierno se vayan a cambiar las cosas. Hace falta más que el clásico turnismo. Hace falta un cambio de sistema, de valores, de fórmulas, de jerarquías dentro del Sistema. El cambio de gobierno no cambia absolutamente nada porque seguiremos con las mismas formas. No se puede alimentar la rueda que nos ha traído hasta aquí. Es necesario cambiar de rueda, sustituirla por algo completamente nuevo, dado que se ve improbable dar pasos atrás y volver a tiempos pasados (eso sería inaceptable para la sociedad de hoy en día).

En definitiva, donde antes estaba la izquierda (si es que hay algún partido de izquierdas en Europa que detente algún tipo de poder ejecutivo) ahora está la derecha y donde estaba la derecha ahora está la izquierda. ¿Significa eso que la sociedad española es más de derechas que la de hace 4 años? No lo creo, como tampoco significa que la danesa sea más de izquierdas que antes. Simplemente han elegido el cambio de marioneta como solución al problema. Ellos mismos, nosotros mismos, veremos con el tiempo que eso es insuficiente para salir adelante. Insuficiente básicamente porque en todos los países, gobierno y oposición (de un color y de otro) nos han llevado a esto, el primero contando con la complicidad de la segunda durante décadas. Ninguno de los dos (y sigo hablando globalmente, no de un país en concreto), tanto en sus años de gobierno como en los de oposición, han presentado resistencia alguna a que llegásemos a este punto de colapso del Sistema. Principalmente porque hasta ahora a todos ellos les iba bien. A los ciudadanos también les ha ido bien y por eso en la sociedad ha reinado el silencio; la diferencia es que ellos contaban con todos los datos sobre la mesa y la sociedad no, ésta se ha dejado guiar ciegamente (error por su parte, claro está). Y es por eso, por esa falta de resistencia y de verdadera oposición a este camino devastador que hemos recorrido y que tanto daño nos está causando, que es necesario algo más que un cambio de partido dominante, porque ese partido dominante va a seguir cumpliendo las reglas y directrices de quien verdaderamente controla este tinglado y porque no se va a salir del renglón establecido.   

En el fondo, ¿de qué estamos hablando? De la falta de visión de la sociedad, de la tendencia al simplismo y al cortoplacismo. Y eso, al fin y al cabo, es la tendencia al fin de las ideologías. La gente ya no cree en un proyecto y cada vez menos se plantea el por qué de las situaciones y las formas que hay de actuar en dichos momentos. Se tiende a reflexionar menos, discutir menos, cavilar menos. Es más fácil adoptar el discurso dominante, seguir el reducido -y directo- mensaje de los mass media y acatar. Eso, tristemente, reducirá nuestras opciones como actores políticos que somos, mermará nuestra capacidad de decisión y actuación y nos convertirá en meros espectadores de lo que nos rodea. A eso vamos, si no estamos ya.

1 Comentario

  1. Hay luz al final del túnel! Se llama 15M y ha hecho que la gente empiece a plantearse cosas sobre el sistema que antes eran tabú. Además, cada vez más gente tiene Internet, y por tanto más posibilidades de contrastar la información que recibe de la televisión manipuladora. Y, sobre todo, la razón para creer en que todavía se puede cambiar es que dentro de no muhco tiempo la gente verá tan deteriorado su nivel de vida, que no le quedará otra que informarse, organizarse y luchar por un cambio real.

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