Se agrava la crisis humanitaria en Sudán del Sur pese al alto al fuego

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El alto al fuego firmado entre las partes del conflicto sudanés podría constituir un paso hacia la estabilización del país. Naciones Unidas y las organizaciones internacionales que trabajan sobre el terreno, alertan de una crisis humanitaria que empeorará en los próximos meses si no se toman medidas inmediatamente. El país más joven del mundo está en riesgo de convertirse en un estado fallido.

Salva Kiir MayarditEl presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y el ex vicepresidente y líder rebelde, Riek Machar, firmaron el cese de las hostilidades el 9 de mayo en Adis Abeba (Etiopía). Frenaban así seis meses de violencia que han sacudido al país más joven de África, acordando la apertura de corredores humanitarios y la formación de un gobierno de transición. Ambos líderes se mostraron contentos por la firma del acuerdo, pero el país espera a ver demostrado su cumplimiento. Ya violaron el alto al fuego anterior, del 23 de enero, y entre principios de año y la firma del último pacto el conflicto se ha cobrado miles de vidas civiles. A esas cifras se les suman los más de un millón de desplazados y las 75.000 personas que se refugian en las bases de la ONU por temor a la violencia étnica. Tras el acuerdo del 11 de mayo, ambos bandos se acusaron mutuamente de romper la paz cerca de la estratégica ciudad de Bentiu, donde tuvo lugar en abril una masacre étnica que dio la alarma internacional por temor ante un posible genocidio. Las conversaciones de paz se reanudarán este mes en la capital etíope con la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD) de África Oriental como mediador.

El conflicto sursudanés comenzó a mediados de diciembre con un enfrentamiento entre Kiir y Machar, cuando el presidente acusó al ex vicepresidente de perpetrar un golpe de Estado. Lo que comenzó como una disputa política se ha convertido en un conflicto étnico que amenaza la supervivencia del joven país. A raíz del incidente, el país y el ejército se dividieron en dos líneas étnicas, enfrentando a los miembros de la etnia dinka de Kiir contra la nuer de Machar. La violencia estalló en la capital, Yuba, y ha obligado desde entonces a más de un millón de personas a dejar sus hogares, convirtiéndose en desplazados dentro de su país o refugiados dispersos en los países vecinos (Uganda, Etiopía, Kenia y Sudán). El tinte étnico del conflicto ha resultado especialmente virulento para la población civil, con miles de masacres y asesinatos que alarmaron a las organizaciones internacionales.

Hasta la fecha, ninguna de las partes puede ofrecer un pronóstico fiable para este conflicto, que de no resolverse pronto podría derivar en guerra civil. El debate sobre el futuro y la democratización del país no llega por el momento a ninguna conclusión plausible ante la fragilidad del proceso de paz. A la espera de que se reanuden las negociaciones más de cuatro millones de personas necesitan asistencia humanitaria. Además, la ONU ha informado de violaciones graves de los derechos humanos durante los meses del conflicto, que no sólo afectan a víctimas sino también a la base social y económica del país. La inseguridad de la región y los desplazamientos de población han frenado la actividad agraria, los mercados y las rutas comerciales han sido destruidos en las zonas de conflicto. Organizaciones como Intermón Oxfam y UNICEF, han alertado del riesgo de inseguridad alimentaria, que podría pasar de 4 a 7 millones de personas si no llega pronto la ayuda humanitaria. El inicio de la temporada de lluvias empeorará la situación, y a las carencias alimentarías se le sumarían las epidemias. UNICEF ha destacado que dentro de la población en riesgo se encuentran 50.000 niños menores de 5 años. La ONG también advierte del reclutamiento de niños soldados por parte de ambos bandos. Por su parte, la cumbre de donantes internacionales celebrada en Oslo (Noruega) acordó la concesión de 600 millones de dólares con el objetivo de poner fin a la depresión económica y política de la zona. Esta cifra está por debajo del objetivo de la ONU pero contribuirá a paliar la crisis de la población.

Desde el exterior, el pronóstico de la comunidad internacional está por definir. La separación de Sudán en 2011 se celebró a nivel internacional, pero a día de hoy aún existe poco conocimiento de la complejidad de Sudán del Sur y sus enemistades étnicas, tan arraigadas. Hubiera sido necesario un proceso de reconciliación más amplio teniendo en cuenta que el país provenía de décadas de guerra. Los actores regionales e internacionales aún están definiendo sus papeles en esta situación, esperando al avance de las negociaciones. Sin embargo, hay posibilidades reales de que el acuerdo de paz fracase ante las fuertes fricciones tribales y la división del ejército.

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