Sarah Glidden dibuja la historia de “Una judía americana perdida en Israel”

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Judía y propalestina. Sarah Glidden era un interrogante dentro de un acertijo, una mujer dividida entre sus orígenes y sus fuertes convicciones sociales y humanitarias. Hasta que un buen día se acogió al programa de Derecho de Nacimiento del Gobierno de Israel, emprendiendo un viaje que cambiaría su vida para siempre y que ahora traslada a las viñetas en Una judía americana perdida en Israel (Norma).

“El Derecho de Nacimiento está pensado para que jóvenes judíos de todo el mundo recorran Israel durante diez días. Iba con mucho temor, pensaba que solo iba a encontrar un montón de propaganda, pero era mucho más complicado que todo eso y el viaje se convirtió en una experiencia sobre mi propia relación con el país”, explica Glidden (Boston, Estados Unidos, 1980).

“Antes de ir ya tenía la idea de hacer un cómic; llevaba mucho tiempo buscando un proyecto largo, pero no tenía muy claro qué hacer”, confiesa la artista, que vio la luz tras una discusión con su madre acerca del conflicto entre israelíes y palestinos.

“En un momento dado, ella me dijo: ‘Tienes opiniones muy fuertes, pero tal vez deberías ir allí y verlo por ti misma antes de decidir lo que vas a pensar el resto de tu vida’. De repente lo vi claro: ‘Me voy de ‘Birthright’ y escribo un libro sobre el tema’. Así empezó todo”, recuerda.

Corría el mes de marzo de 2007 cuando Glidden pisó por primera vez la tierra de sus ancestros, preparada para visitar lugares emblemáticos como el mar de Galilea, Tel Aviv, los Altos del Golán o Jerusalén, y dispuesta a entablar conversación con militares, activistas por la paz o víctimas de la guerra.

“Crecí como una judía secular en la costa este de los Estados Unidos, que es muy liberal, y por lo tanto mis opiniones eran parecidas a las que expresaban los medios o la mayor parte de la gente que conocía: sentimientos antiisraelíes y simpatía por los palestinos. Fui al viaje con la intención de validar mis prejuicios”, afirma la autora.

“Hoy sigo simpatizando con los palestinos y deseo que tengan un estado libre, pero también entiendo un poco mejor el contexto de la situación, las zonas grises, y que no se trata de una cosa de buenos y malos, sino de dos grupos diferentes que tienen derechos y que quieren vivir en paz. Definitivamente, tengo un punto de vista tridimensional sobre el conflicto”, asevera.

Las emociones se encuentran a flor de piel en las páginas del cómic, relato descarnado de una persona cuyas creencias se vienen abajo por momentos. “Hubo momentos muy duros, porque sentía que la identidad política que había construido, esa imagen de quién era yo y lo que pensaba exactamente acerca de ciertas cosas, se estaba cayendo a pedazos”, reconoce Glidden.

“Tuve miedo de lo que eso significaba y estaba muy confundida, porque ya no sabía si controlaba mis propios pensamientos o si estaba siendo manipulada. La gente siempre habla de abrir su mente, pero es un proceso muy doloroso que te deja expuesta de muchas formas distintas”, añade.

Una vez concluido el viaje, la artista llevó a cabo su primera novela gráfica, que le ha valido el elogio de crítica y público y la obtención de galardones como el Ignatz Award. “Llevaba unos seis meses dibujando cómics cuando empecé esta historia”, advierte.

Admiradora de autores como Art Spiegelman o Marjane Satrapi, Glidden asegura que sus nuevos proyectos se caracterizarán por una línea de cómic periodístico, acercándose mucho más al estilo de otro de sus grandes referentes: Joe SaccoPalestina: en la Franja de Gaza, Gorazde: Zona protegida-.

“Estoy acabando un libro sobre el viaje que hice con varios periodistas a Turquía, Kurdistán, Líbano y Siria. Quería hacer una especie de reportaje sobre su trabajo, sus relaciones con los sujetos de las noticias y el tipo de dificultades a las que se enfrentan”, anuncia.

Imágenes cedidas por Norma Editorial.

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