¿Salvará Bruce Lee a Bosnia?

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El símbolo de Mostar, principal ciudad de Hercegovina, es su famoso puente. De hecho, la existencia de ese puente es la que dio el nombre a la ciudad. Hablo en pasado porque desde la guerra (entre bosnios musulmanes y croatas católicos, un enfrentamiento frecuentemente olvidado) el puente ha servido más para que los occidentales expíen sus culpas que para la reconciliación de croatas y musulmanes. El oportunismo de la reconstrucción resulta más evidente aún dada la cercanía del famoso santuario de Međugorje, al que han más de 30 millones de peregrinos desde que en 1981 se hablara de apariciones de la Virgen María en el lugar, y de la ciudad de Dubrovnik. Sobre todo en el primer caso, el turismo religioso incluye una visita a Mostar en la que los visitantes pueden observar su maravilloso puente a la vez que observan la destrucción de la parte católica de la ciudad, cuyos centros religiosos más importantes todavía presentan restos de metralla. La reconstrucción del puente, por otro lado, no ha servido ni de lejos para la reconciliación. La línea del frente de Mostar no era el río Neretva. El control del puente y de las dos riveras del río lo ejercían (y siguen ejerciendo) bosnios musulmanes. El frente estaba entre tres y cuatro manzanas adentro de la margen derecha del Neretva, en la que es hoy la calle de los Veteranos Croatas. Se podría decir que a día de hoy la convivencia es más llevadera en Višegrad – ciudad cercana a la frontera con Serbia, controlada por serbios y en la que se cometieron atrocidades contra la comunidad musulmana – que en Mostar. Allí, la llamada al rezo desde las mezquitas en el centro de la ciudad no supone el gran problema al que podría enfrentarse un musulmán si se paseara por la parte occidental de Mostar, o viceversa.

Por más que la Unesco se empeñe, el puente no tiende puentes. Desgraciadamente. En vista de esto, el Movimiento Urbano Mostar, que agrupa a personas de todas las comunidades y condiciones sociales, consideró necesario buscar un símbolo común para todos. En colaboración con el Centro de Arte Contemporáneo de Sarajevo, plantaron en 2005 la que fue la primera estatua de Bruce Lee en el mundo (pero por poco tiempo, ya que al día siguiente se puso otra en Hong Kong) en el parquee Zrinjski, junto a la Plaza de España, en el lado croata de la ciudad pero muy cerca de la antigua línea de frente.

En la ceremonia de inauguración había una sola bandera, la de Bosnia y Hercegovina (diseñada por nuestro ilustre Carlos Westendorp). Allí se ensalzaron los valores que transmitía Bruce Lee y que animaron a este colectivo a promover la iniciativa: justicia, destreza, lealtad, amistad… Cuestiones que están por encima de las luchas políticas y que contribuyen a la superación de la rivalidad étnica. “Siempre seremos serbios, croatas o musulmanes, pero tenemos una cosa en común: Bruce Lee” decía un miembro del Movimiento. A esto se debe sumar el hecho de que en el Estado bosnio todavía queda mucho por hacer y, al margen de los recuerdos que aun separan a sus habitantes, la quiebra es también socioeconómica: un médico o un intelectual no ganan más de 350€ al mes mientras que los mafiosos del lugar viven y fardan como reyes. Bruce Lee sería para estas personas un ejemplo para acabar con esto.

Pocas horas después de la inauguración, la estatua ya había sido víctima de actos vandálicos. Posteriormente, la misma tuvo que ser retirada para reparación.

¿Se puede afirmar que una estatua de Bruce Lee puesta en la línea divisoria de la ciudad gracias a la iniciativa de un grupo de personas que se consideran bosnias, a secas, es otra manera de reconciliar a la población?

Conviene recordar que en la antigua Yugoslavia las artes marciales tuvieron seguidores que no siempre llevaban consigo la bandera de la fraternidad. Muchos de ellos, mafiosos, políticos y paramilitares ultranacionalistas, acabaron por destrozar el frágil equilibrio de la sociedad bosnia de la post segunda guerra mundial.

Recurrir a elementos tan heterodoxos para crear un sentimiento bosnio-hercegovino debería tener, por lo menos, el beneficio de la duda. Pero ya han pasado cinco años y el Bruce Lee de Mostar es conocido, sí, pero más como un hecho friki que como el símbolo de la ciudad. Además, esta iniciativa no ha sido repetida en otros lugares del país. El futuro de Bosnia y Hercegovina no pinta hoy mejor que hace cinco años y a pesar del voluntarismo del Solana de turno las cosas, por desgracia, pueden ir a peor. Cabe preguntarse si no son los mismos promotores de esta iniciativa los primeros en haber tirado la toalla.

Fuente de las imágenes:
http://newsimg.bbc.co.uk/media/images/41063000/jpg/_41063366_brucelee04.jpg
http://media-cdn.tripadvisor.com/media/photo-s/01/08/65/1c/salt-lake-city.jpg
http://conorsg.files.wordpress.com/2008/08/bruce-lee1.jpg

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