Ryder Hesjedal gana un Giro espectacular

0
65

Joaquim ‘Purito’ Rodríguez no pudo mantener la escuálida ventaja con la que llegaba a Milán tras el paso por los Dolomitas y terminó cediendo la ‘maglia’ rosa del Giro de Italia al canadiense Ryder Hesjedal. El tercer puesto fue para el belga Thomas de Gendt, que arrebató el último lugar en el podio al italiano Michele Scarponi. La contrarreloj puso un brillante epílogo a tres semanas de competición apasionantes.

Hesjedal apuró hasta el último día para robarle la 'maglia' rosa a 'Purito'

Larga vida al Giro de Italia. La edición de 2012, intensa y emocionante como pocas, ha terminado deparando un final acorde con una carrera que ha mantenido la atención del aficionado durante las tres semanas de competición. En un momento en el que las carreras sufren por la huida de los patrocinadores, por los escándalos de dopaje y por la ausencia de grandes estrellas en el pelotón (más allá del ahora sancionado Alberto Contador), el Giro recién finalizado supone un delicioso reencuentro de los aficionados con el sufrido deporte de la bicicleta.

La última jornada deparó una decisiva contrarreloj por las calles de Milán, en donde Ryder Hesjedal pudo enjugar la diferencia de 31 segundos que tenía en contra y que había crecido en la jornada previa. Purito Rodríguez, lejos de ser un especialista en la lucha individual contra el cronómetro, no pudo con la buena etapa que realizó el corredor del Garmin. Muy largas se le hicieron las avenidas de la capital lombarda al pequeño ciclista catalán.

Así, la gran ronda italiana ha concluido con un campeón inesperado, Hesjedal, y un segundo clasificado, Purito, que ha terminado enterrando cualquier duda sobre su fiabilidad en las grandes vueltas. Más allá de los dos primeros, el Giro ha contado con un elenco de buenos corredores protagonistas: ilustres italianos con la presión de correr en casa como Ivan Basso, Damiano Cunego o Michele Scarponi; figuras extranjeras de relumbrón como Franck Schleck o Roman Kreuziger; y ciclistas tapados como Sergio Henao, John Gadret o Thomas de Gendt.

Si las dos primeras semanas vieron cambios de líderes, alternativas y etapas espectaculares (como la que ganó Purito en Asís), las jornadas decisivas fueron el viernes y el sábado dolomíticos más la contrarreloj postrera en Milán. Tres días consecutivos para encontrar ganador y podio, tres jornadas para disfrutar del ciclismo en toda su dimensión.

Honor y gloria para una gran carrera, reconocimiento para los organizadores de la misma, que han elaborado un recorrido jalonado de etapas imprevisibles, que han buscado la belleza sin renunciar a la dureza. Gran acierto de la dirección del Giro ha sido permitir la elaboración del recorrido de la penúltima jornada a los aficionados: la carrera transitó por el Mortirolo, quizás la mayor leyenda del ciclismo mundial en cuanto a dureza, y terminó en el Stelvio, a más de 2.700 metros de altitud. El ‘tappone’ diseñado por los ‘tifosi’ incluyó el paso por otras cimas menores en una jornada infernal que acumuló 219 kilómetros y 5.500 metros de desnivel.

La afición transalpina vibra con su carrera. La identificación del italiano con su gran ronda es equiparable a la pasión que muestran los seguidores del deporte de las dos ruedas en los Países Bajos, Bélgica o Francia. España, desde que cambió la Vuelta de abril al verano, no enseña cunetas repletas ni esa pasión desbordante de los pueblos que saludan el paso de la serpiente multicolor.

Fotografía: Petit Brun

Dejar respuesta