Rubianes, solamente

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El domingo día 1 de marzo un cáncer de pulmón apagó para siempre la sempiterna carcajada de Pepe Rubianes, a la edad de 61 años. A muchos y a muchas, sobre todo fuera de Catalunya, les vendrán a la mente las polémicas que rodearon al actor en los últimos tiempos, básicamente por un calentón de boca que tuvo en “El Club”, programa vespertino, presentado hace unos años por Albert Om en TV3. Ocurrió todo en plena polémica lingüística y de identidad catalana, donde los de siempre querían (y lo siguen queriendo) apoderarse de España y de todo lo que significa. Aparte de ello, posiblemente sea el actor “galaico-catalán”, uno de los mejores humoristas de nuestro país. De humor mordaz e inteligente, volvió a poner de moda los monólogos inspirando más adelante a figuras mediáticas como Andreu Buenafuente, que se lo debe casi todo, y se cubrió de la gloria televisiva que hay que tener en este país para triunfar, y que le faltó a él. Demasiadas veces, esta gloria es más importante que el propio talento.

De origen gallego y afincado en Catalunya desde su juventud, Rubianes actuó a finales de los 70 en Els Joglars de Boadella, y más adelante en la compañía, también catalana, Dagoll Dagom . A partir del 81 inició su carrera en solitario con Pay-Pay (representada en España y Centroamérica durante tres años), aunque el éxito televisivo, le llegó de la mano de la serie Makinavaja. Ya a finales de los 90, siete años estuvo llenando, día tras día, el Teatro Capitol de Las Ramblas barcelonesas con la obra que da título a este artículo. Presidentes del Gobierno, Infantas y sus consortes, deportistas, currantes, enamorados, catalanes, gallegos,… en fin, ciudadanos de a pie (y de limusina) quedaban aplastados bajo el rodillo del genial artista, en casi dos horas de hilarante monólogo sin descanso.

Hace un tiempo dirigió la obra Lorca somos todos, de homenaje al artista granadino, al que rendía homenaje junto a los represaliados de la dictadura franquista. No pudo estrenarse en Madrid por culpa de manifestaciones y amenazas en la puerta del teatro y en su interior, que protagonizaron gentuza fascista, a raíz de las mencionadas declaraciones de Rubianes. En ellas arremetía contra todos los españoles que piensan que tienen el monopolio de la españolidad, no se retractó el de Villagarcía de Arousa, comentó, cuando fue demandado, que lo decía por los fascistas que aún quedan en este país “y que se pueden meter a España por donde les quepa”, la justicia le dio la razón.

Uno de los momentos más estelares de sus apariciones televisivas, aparte de las entrevistas de Buenafuente (siempre recomendables para asegurarse un buen rato), fue cuando Toni Soler, director del programa Polònia, que entonces dirigía Malalts de tele (enfermos de tele) en TV3 le hizo una entrevista de 9 horas. Él solo se lo guisaba y se lo comía, si se le acababan las preguntas al entrevistador se autoentrevistaba, se fabricaba los chistes, las historias, como si viviera permanentemente en un escenario a solas con él mismo y con su público, en la soledad es donde se movía mejor, como pez en el agua.

Un foco, un escenario vacío y sobre todo oscuro, y una carcajada contagiosa marcaban las actuaciones de Rubianes. Hasta hace poco de le podía ver paseando por el barrio del Raval de Barcelona, donde se mezclan multitud de colores, olores y culturas; putas, ejecutivos, el Liceu y la sala Bagdad, artistas, camellos, policías… No se le verá más por la calle, sí se verán parejas que se separan por un segundo cuando una farola se interpone de su paseo de la mano y piensan “cariño, que te pierdo…”. Ahí me acordaré de él, de sus monólogos, donde se jactaba de su casi enfermizo onanismo como buen soltero, envidiando a los casados que, por supuesto, no se “autoalivian” (¿o sí?, “nooo, no puede ser, no me digáis eso, que se me cae un mito”).

Fuente de la fotografía:
http://perekoniec.blogspot.com/2009/03/adios-pepe-rubianes-1947-2009.html
(fotografía de Jaume d’Urgell)

1 Comentario

  1. Buen artículo David, la verdad es que se va un GRANDE, aún conservo el monólogo en video, merece la pena, con lo que me gusta reirme. Bueno, eso bien lo sabes tú. Un abrazo y me alegro de haberte encontrado, aunque sea Offline y en ninguna parte.

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