Ruanda, aniversario de un genocidio

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Han pasado 20 años desde que el país subsahariano viviera el mayor horror de su historia. El conflicto armado que acabó con 800.000 vidas y generó 2 millones de refugiados sigue hoy azotando a Ruanda. A pesar del genocidio y la guerra de 1994, el país se ha levantado bajo la política de la reconciliación y es en la actualidad uno de los más prósperos del África subsahariana.

Hace unas semanas, Ruanda, África y el resto del mundo, recordaban el conflicto armado que 20 años atrás se saldó con la vida de casi un millón de personas, entre tutsis y hutus. En 100 días murieron 800.000 personas, en lo que se ha llamado el último genocidio del siglo XX. Además, el conflicto étnico entre los extremistas hutus y la minoría tutsi provocó 2 millones de refugiados y miles de desplazados dentro de las propias fronteras de Ruanda. Todo ello ocurría ante la mirada impasible de la comunidad internacional, que asistía al horror como espectador invisible.

Paul_Kagame_(cropped)El 7 de marzo comenzaban en Kigali, los actos conmemorativos que celebrará Ruanda en las próximas semanas. Este año han venido especialmente salpicados de acusaciones del presidente ruandés, Paul Kagame. En primer lugar, se rechazó la presencia del enviado francés para los actos y después, Kagame, aprovechó el primer discurso oficial, delante de 30.000 personas, para reafirmar el culpable papel de Francia en el genocidio. El presidente defiende que tanto el país galo como Bélgica tuvieron una posición nefasta en la masacre. Considera Francia cómplice del genocidio, especialmente durante la masacre de Bisesero en junio de 1994. Por otra parte, Bélgica fomentó las diferencias raciales que originaron el conflicto durante su etapa colonial en el país. Por otro lado, Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas, que sí estuvo en Kigali, reconoció que el genocidio de Ruanda es un acontecimiento vergonzoso para la historia de la ONU.

El conflicto estalló cuando el 6 de abril de 1994, se derribó el avión donde viajaba el presidente moderado hutu, Juvenal Habyarimana. Ese mismo día la violencia estalló en la capital, Kigali, y se extendió al resto del país durante la matanza que duró 100 días. Sin embargo, la muerte del presidente no fue la gran causa del conflicto. La tensión étnica entre hutus y tutsis ya existía, y se agravó durante la época colonial, cuando Bélgica les diferenció a favor de los tutsis. El resentimiento de los hutus culminó en los motines de 1959, con más de 20.000 tutsis asesinados. A raíz de aquello muchos huyeron a los países vecinos de Uganda, Burundi o Tanzania. Más tarde, cuando Ruanda obtuvo la independencia en 1962 los hutus tomaron el poder y se castigó a los tutsis. Mientras tanto, los refugiados en Uganda comenzaron a formar el Frente Patriótico Ruandés (FPR), con apoyo de hutus moderados y dirigidos por el actual presidente, Kagame. La tensión entre las partes y el gobierno de Habyarimana creció y dio lugar a la paz de 1993. Hasta que en abril del año siguiente, el avión del presidente fue derribado sin que se haya esclarecido aún la autoría. A partir de ese momento comenzaron las represalias y la masacre contra los tutsis y hutus moderados por parte de los hutus extremistas. También muchos civiles hutus, que no formaban parte de las milicias, fueron obligados asesinar y delatar a sus vecinos. De parte de los tutsis luchaba el FPR llegado desde Uganda. En julio se hicieron con la capital y el gobierno se desplomó. Entonces, se estima que 2 millones de hutus huyeron a Zaire y Kagame se convirtió en presidente.

Mientras Ruanda se desangraba a una velocidad de vértigo, la ONU retiró a sus cascos azules en cuanto comenzaron las masacres y murieron 10 de sus soldados. Tanto Estados Unidos como Francia, principal proveedor de armamento del gobierno y el FPR, apoyaron esta decisión. Desde entonces, son constantes las críticas sobre la actuación internacional en Ruanda.

Rwandan_Genocide_Murambi_skullsA pesar de que la matanza en Ruanda terminó, las milicias hutus han participado en millones de muertes en el conflicto del Congo. Por otra parte, en ese mismo país sigue activo un grupo tutsi y el gobierno de Ruanda ha entrado en dos ocasiones buscando acabar con las fuerzas hutus. La política imperante en el país africano ha sido de reconciliación ‘controlada’ desde el Estado. La versión oficial culpa sutilmente a toda la etnia hutu y olvida a los hutus moderados que también murieron en el conflicto. En todo el país se estudia esta historia y se celebra el aniversario cada año. En muchos lugares de culto se guardan macabros restos de la masacre para deleite de los turistas. Ruanda no parece dispuesta a olvidar.

Mientras el país recompone su historia, se está convirtiendo en uno de los estados más prósperos de esa zona del continente, con un crecimiento medio anual del 8%. A pesar de que está calificado como uno de los países africanos menos corruptos, aún se sufren las consecuencias del conflicto. Con una paz controlada firmemente por el Estado y un gobierno involucrado en las guerras por el control de minerales en el Congo.

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