RTVE, la información, la chicha y la limoná

0
156

Televisión Española hizo desaparecer a varias de sus caras más conocidas de sus informativos. Después, reestructuró los presentadores de dichos espacios ante las bajadas de audiencia. Ahora retrasa y arrincona a una de sus señas de identidad por supuestos malos resultados de público: Informe Semanal. Analizamos qué ha ocurrido con los programas de información en la tele pública.

Bienvenidos, huelleros, una semana más a vuestra sección de televisión. Hoy la cosa se pone seria. Sobre todo para los fieles a la información objetiva y veraz. Si es que alguna vez la hubo.

informe semanalTelevisión Española mueve ficha y vuelve a equivocarse al maltratar sus espacios informativos. Y no lo digo yo, lo proclama al viento la nueva ola de malestar y protestas que se ha levantado en las redes sociales ante la decisión de retrasar uno de los estandartes de la cadena, y el más veterano de los espacios de este país, referencia del reportaje periodístico, al late night de los sábados. Efectivamente, la víctima esta vez ha sido Informe Semanal. ¿Quién no ha crecido con este programa, que ha sobrevivido incluso durante cuarenta años en antena y ha resistido a gobiernos de UCD, PSOE, PP (y viceversa) luchando con su buen hacer como única arma? Tú que me lees, yo, y creo que toda España lo hicimos. Hasta hoy.

Me gustaría dejar claro antes de proseguir que este artículo no pretende ser izquierdista, derechista ni surrealista, sino todo lo contrario. Pretende tratar con realismo la lenta pero inexorable transformación que está sufriendo el servicio de informativos del ente público.

Para mí la televisión ha de cumplir tres requisitos claros: informar, entretener y, ¿por qué no?, educar o enseñar. Los tres en su justa medida y compensados. En cuanto a la primera, la cuestión de informar, este viejo cuento comenzó dos años atrás, con el “advenimiento” de Julio Samoano (desde la autonómica Telemadrid) como director de informativos de TVE. Algunas de las cabezas visibles que rodaron al instante fueron las de Ana Pastor, Juan Ramón Lucas o Toni Martínez. Los Desayunos perdían a Ana Pastor, la que hasta entonces era adalid del periodismo directo, sin tapujos y mordiente, esa china (o chica) incómoda que un día te encuentras de repente al cambiar de zapatos; su marcha convertía a uno de esos programas de actualidad que dan que hablar, en uno del que nadie habla, al colocar en su lugar a una gris María Casado.

Aún sin tocar ninguno de los Telediarios, el siguiente objetivo del “advenido” Samoano fue ese, el de dar un lavado de caras a sus presentadores: Ana Blanco al de la noche, Pilar García Muñoz al de la tarde y unos cuantos cambios más, y ¡chaf!, ni Mister Proper (o Don Limpio) deja tan limpia la fachada de un proyecto que comenzaba a hacer aguas. El siguiente movimiento en esta particular partida de ajedrez vendría al transformar el éxitoso 59 Segundos en El Debate de la 1, “renovar” sus contertulios habituales y desplazarlo hasta horas tan intempestivas como las 00:30: ¡conseguido!, un debate menos que ver en TVE.

Jenaro Castro (también procedente de Telemadrid) se haría cargo además de la dirección del programa que hoy centra nuestra atención tras la llegada de Samoano. Al igual que los Telediarios, hasta entonces líderes, comenzó a perder fuelle. Y no creo que fuera porque el modelo de televisión hubiera cambiado, o existieran programas que llamaran más la atención de los espectadores, sino por falta de rigor. Eso los espectadores lo notan, no somos tontos, sabemos lo que vemos y lo que elegimos. Un programa tan mítico como Informe Semanal, por el cual pasaron profesionales de la talla de Rosa Mª Mateo, Pedro Erquicia, Mª Carmen García Vela o David Cantero, fue durante años objetivo, comprometido y riguroso. El único rigor que le queda hoy en día es el rigor mortis, pues el espacio tiene un pie ya en el limbo catódico. Hasta la defensora del espectador de TVE, Elena Sánchez Caballero, ha tirado de las orejas a Castro por algún que otro reportaje sesgado. Y eso sí que es indignante, que un ente público, propiedad de todos los ciudadanos, sea el rigor de las desdichas al inclinarse a favor de unos pocos, sean de la ideología que sean.

Sin chicha, ni limoná. Así quedan los espacios informativos de Televisión Española. Han perdido nombres propios, horarios, programas estrella… “¿Con qué fin?”, me pregunto, amigos. Si ya no informan, ¿desinforman? ¿Acaso no interesa debatir o reflexionar sobre cuestiones de actualidad? En fin, siempre nos quedará el  La 2 Noticias con Mara Torres… Y el teletexto.

PD: mi reflexión final de telespectador de hoy es: “¿Para cuándo un Tengo una Pregunta para Usted con Rajoy?”

Fotografía propiedad de la página web http://www.rtve.es

Dejar respuesta