Rosario única

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El pasado 3 de diciembre, Rosario subió al escenario del Lope de Vega para clausurar la tercera edición madrileña del festival de intérpretes femeninas, Únicas. Con la difícil tarea de llevar un apellido de peso, Rosario ha cosechado el éxito a base de  esfuerzo, valor y garra. Rosario se impuso a ‘la Rosarillo’ y a la Rosario Flores. Ella sola, Rosario, única. Por ello estuvo en este festival, por el que, en otras ediciones, pasaron féminas de grandes voces como  Andrea Corr,  Sineád O´Connor, Jessye Norman, o Dionne Warwick.
En esta ocasión, las voces elegidas fueron las de Adriana Calcanhotto, Russian Red, Lizz Wright y Lucie Silvas, aunque el recital de esta última no se llegó a celebrar porque fue cancelado. Pero el espectáculo de Rosario Flores, sin duda alguna, puso la fuerza y el tronío, cual guinda al pastel. Enfundada en un abrigo de piel blanco y con una boa de plumas al cuello, irrumpió en una sala repleta de gente con ganas de marcha, y eso les ofreció ella. Garra y sentimiento. Con  el Cómo me las maravillaría yo, un tema que  interpretó su madre,  Lola Flores, se despojó de la boa para empezar a caldear las tablas del Lope de Vega, con un repertorio que resumía el recorrido de su vida, tanto artística como personalmente.

Rosario interpretó algunos  temas de su último albúm, Algo de mí, una recopilación de aquellas canciones que le han acompañado durante toda su vida, así como los de cosecha propia que le han catapultado al éxito que hoy le pertenece. Con la Rumba catalana, heredada del  Pescaílla, su padre,  recogió la boa del suelo y la hizo bailar sobe su cuello, para arrojarla más tarde sobre las tablas. Con la balada Algo de mí, se quitó el abrigo de piel para dejar algo más de sí sobre el escenario. Entonces se declaró al público “eso ya lo he tenido yo esta noche aquí, algo contigo Madrid”. Sus dedos, delgados y ágiles, parecían tener vida propia cada vez que la pequeña de los Flores movía sus manos gitanas al compás de la acordes flamencos. Sacudió su melena indómita, una y otra vez, al igual que sacudió su cuerpo ya fuera con el rock o la rumba. Nervio puro y poderío.

Además de grandes baladas  como Qué bonito, Te quiero, te quiero o El Sitio de mi recreo, la artista también ‘rocanroleó’ con Mucho por Vivir, y con Estoy aquí, con las que recordó sus inicios en el mundo de la música y con las que, acalorada, terminó por quitarse el chaleco. Pero tranquilos que, no. La cosa no llegó a más, Rosario ya no enseña el obligo, pero si dejó ver su tez gitana con un top que le descubría la espalda.  EL público seguía con ganas de más Flores, y la cantante les preguntó Cómo quieres que te quiera y quiso Cantar a la vida con una voz desgarrada que paralizó la Gran Vía, mientras la audiencia lanzaba vivas ‘a la madre que le parió’. Hizo amago de desaparecer, y las butacas del Lope de Vega ya sentían las piernas inquietas, que ansiaban por dar pasos a ritmo de más rumba.  Y Rosario volvió, y lo hizo De ley,  porque las butacas se quedaron yermas y el público se levantó, la aclamó y la aplaudió. Y pidió marcha, y ella no tuvo más remedio que darles lo que pedían. Con Queremos marcha, el teatro se entregó a un solo escenario, bailó, cantó y acompañó el compás de la célebre rumba. Rosario invocó el poderío de su madre, la Faraona, la rumba manifestó el de su padre, el Pescaílla, y hasta recordó a la abuela, oriunda de un pueblo tan flamenco como Jerez de la Frontera. Y como no podía ser de otra manera, al recordar la saga que además de persona la hizo artista, Rosario guiñó al cielo, y recordó a su hermano. Antonio, que miraba desde arriba no sólo fue compositor de varios de los grandes éxitos de Rosario, sino que lo sigue siendo, porque como dice Rosario él le ayuda desde ahí arriba a transmitir lo que siente. Así, en la tierra como en el cielo. La cantante comentó que el tema que interpretaba su hermano en vida, No dudaría, se había convertido ya en todo un himno pacifista que no conocía fronteras.  Y la gente lejos de dudar, se convenció,  como lo hizo Rosario. Y cantó con ella y con su hermano. Que sigan creciendo Flores ¡¡Flores!!

Fuente de la imagen:
Virginia Menacho

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