Reyes del mundo

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Dos meses enteros de intensa ilusión. Nunca fue más cierto aquello de “los últimos serán los primeros”. Empezaba el Mundial el mismo día que La Roja llegaba a Sudáfrica. Al sentarme al escribir este artículo pensé en ser objetiva, no dejarme llevar por el orgullo y la alegría que provoca un partido. “Es mi deber” me dije a mi misma. Analizar todo lo ocurrido en un campeonato con un final muy feliz. Pero al repasar solo este párrafo supe que sería tan imposible escribir objetivamente, como disimular esta mañana de lunes la sonrisa. ¡Y miren que es difícil que un lunes te apetezca sonreír! Pues hoy sale solo.

Nos apabullaban con que había que apoyar a la selección, las marcas hacían ofertones que solo valían si España ganaba (les ha salido por la culata), se vendían camisetas y algunos valientes se gastaban un pastón por irse a nueve mil kilómetros de casa para apoyar a los nuestros. Manolo el del bombo entre ellos, claro está. Llegaba el equipo nacional con debate sobre si Iker sí o Iker no, sobre si era mejor Valdés o Reina y si sobre Vicente del Bosque cambiaría el esquema triunfante de Aragonés en la Eurocopa. Entre tanto el mayor problema de esta Copa del Mundo resultaba ser el esférico, pesadilla para cualquier portero que se precie. A partir de 72 kilómetros por hora parecía el balón con el que jugaban Oliver y Benjí, que igual era una pelota de fútbol como un melón. Extraños que han impedido que en este torneo se vean golazos de falta y han permitido dejar a alguno que otro, sobre todo porteros, con las manos vacías.

España comenzaba con mal pie, Suiza y un árbitro calvo inglés (el orden de los adjetivos es anglosajón) nos arruinaban la fiesta y los más pesimistas salían con el tópico de que “quién pierde el primer partido no gana el Mundial”. Pero estos “chavales” han nacido para romper topicazos y hacer historia, eso que no lo dude nadie. Después el Times, que caía en el morbo, echaba la culpa a Sara Carbonero de que Iker fallará ante el balón del infierno. Y el fallo solo estuvo en no saber tratar una pelota tan voluble. Si ustedes se han fijado en el resto de partidos Iker despejaba pero en ningún momento intentaba blocar la bola. Para muchos empezaron las dudas sobre Busquets o sobre Torres. Pero los nuestros parecían ajenos a tanto debate, quizás innecesarios.

En los siguientes partidos recibimos patadas a tutiplén, pocos equipos eran capaces de pararnos si no era a base de romper tibias y peronés. España jugaba mejor pero tampoco convencía y vencía casi siempre con la mínima. Desgraciadamente los rivales no eran cojos, ni tontos. Sabían que nuestro punto débil era la presión a nuestros genios bajitos: Xavi, Iniesta y Xabi (bueno, este no era bajito). Pero España con paciencia, conseguía cansar a los rivales a base de pases. En una sola jugada podían participar hasta seis jugadores, llevando el balón desde Iker por la defensa, al centro del campo a la banda y a los delanteros. Desafortunadamente Torres no ha tenido un Mundial brillante, dado que llegaba recuperándose de dos operaciones y una lesión grave, pero Villa ha sobresalido. Injusto que no le hayan dado la bota de oro a él en vez de a Forlán. Eliminamos a Chile, Paraguay y a Portugal. España demostraba que tiene talento en el terreno y en el banquillo. Que Torres no puede pues sacamos a Llorente y les hacemos la picha un lío. Que necesitamos más banda Navas o Pedrito daban ese toque de velocidad necesario y la penetración hasta el área chica.

Demostramos raza, corriendo sin parar, usando la inteligencia y cuando no las ganas. Como las de Pujol en el gol que nos clasificaba para la final contra Alemania. Partido excitante con dos penaltis pitados, uno que paro San Iker y otro injustamente repetido a Xabi Alonso. Hubo otro a Cesc no pitado. Alemania que había hecho un gran mundial nos mostraba que los grandes nos respetan, nueve jugadores y el portero todos metidos en su propio campo, esperando y rezando para que los Mihuras no les hicieran mucho dañó. Nunca San Fermín fue tan grande. El país, más que emocionado parecía histérico. Faltaban cuatro días para la final y en los telediarios solo se hablaba de la selección y del pulpo Paul. A este bichillo igual le tenemos que hacer hijo pródigo español. Aunque es un tanto vergonzoso que los políticos hablarán más del pulpo que de los asuntos de estado, pero bueno, eso es otro tema que se puede tratar en otro artículo. Uno de mala leche, no como este que es de buen humor.

Total que el pulpito dijo que ganábamos la final, que listo el bicho, sabe que aquí nos los comemos a la gallega. Su Majestad la Reina y los Príncipes de Asturias en el palco, Pau Gasol, Nadal, cantantes, actores, ex futbolistas, más españoles. Colón, Cíbeles y Recoletos hasta la bandera, toda España reunida. Domingo raro, todo el día silencio y poca gente en la calle, llegaban las ocho y media y todos, aunque fuera de reojo, mirando la pantalla o escuchando la radio.La Roja jugaba. Nervios, muchos nervios. Partido duro, los holandeses parecía que querían partir piernas y no jugar al fútbol, lo protestaban todo hasta lo más estúpido y en algún momento el fair play les sonaba a chino. “Ahora vas y presionas mamón” le dijo Xavi a Van Bomel en una de esas. El árbitro malo, muy malo. Demostró que los dos años de suspensión que le dieron por el garrafal fallo del Mundial de Alemania no fueron suficientes.

Creo que si hubieran marcado gol o les hubieran pitado un penalti a favor también lo habrían protestado. En fin, dicen que quien no llora no mama. Y al menos al árbitro le tuvieron cohibido todo el encuentro. Solo al final llegó la diosa lógica a la cabeza despoblada del inglés sacando la roja a un holandés. Lo hizo tarde, pero lo hizo.  Llegamos a la prórroga más agónica del Mundial y Andrés Iniesta metía el gol que nos daba la justa victoria a España. Saltaba Madrid, Barcelona, Bilbao, Salamanca, Mallorca, Granada, Albacete, Teruel, etc. Saltábamos todos, pitamos, aplaudimos, gritamos, lloramos, cantamos, excepto dormir hicimos de todo. España hacía historia, Iker lloraba, Iniesta lloraba. Se acordaban de lo sufrido, de los que no estaban, de los que estaban en el estadio con ellos, de sus familias, de sus amigos, de los que festejaban en un bar, en la calle o en sus casas. Besando a padres, hermanos, hermanas, amigos, novias, novios e incluso desconocidos. Un equipo ha hecho que en Barcelona canten que son españoles y en el País Vasco. El fútbol ha unido a culés y madrileños.

Fiesta, fiesta y más fiesta. Gente que ha ido a trabajar sin dormir, gente que no ha dormido por los pitos de la calle (calor incluido), gente feliz, gente que recibirá al equipo en el aeropuerto y festejará con ellos en Madrid, gente que veremos desde el trabajo como lo hacen, con una sonrisa, con ilusión y alegría. Orgullosos, llenos, plenos y felices. Ahora más que nunca y suena curioso que sea por el fútbol, España entera se siente orgullosa de ser español.

Y por mi parte decir que la afonía no es gratuita, que salté como nadie y que un pequeño colaborador gritó y chilló hasta quedar rendido. Tanto él como yo no nos creemos que seamos Campeones del Mundo, ya no nos hemos quedado en cuartos. Cien años esperando este momento y lo hemos vivido. Podemos contarlo a nuestros nietos, por si no vuelve a pasar que espero que sí, que un día España pasó de cuartos y ganó un Mundial y que nosotros lo vimos, no pudimos estar pero lo vivimos como si estuviésemos en el propio campo marcando el gol. Viva España y viva esta selección. Gracias.

Fuente de la imagen
www.as.com

1 Comentario

  1. No sólo España votó esa noche, el mundo entero lo hizo. En todo país que hubiese un español ayer fue un día de fiesta. He vivido esta final en Londres y doy fe de que aquí se celebró la victoria con la misma intensidad que en España, todos los españoles que estamos aquí pudimos sentirnos un poco más cerca de casa y lo festejamos a lo grande.

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