Retrospectiva de las lágrimas

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«Me creía una investigadora y resulta que soy un sujeto de estudio», Heather Christle.

¿Habéis llorado mucho este 2020 o habéis sido incapaces de desenmarañar el nudo de la garganta? ¿Eran llantos contenidos o explosivos? ¿Llorásteis en compañía o en soledad? ¿Derramasteis lágrimas de aflicción por la pérdida, de miedo por la amenaza, de angustia por el encierro o quizás de alegría por el reencuentro? ¿Por qué lloramos? ¿Cuál es el poder de las lágrimas? Estas y otras tantas preguntas se plantea la poeta Heather Christle en El libro de las lágrimas, un texto que llega, certero, para cerrar un año de emociones a flor de piel.

«El sistema lagrimal se desarrolló por primera vez cuando los peces se convirtieron en anfibios terrestres. Dejamos el agua y empezamos a llorar por el hogar que habíamos abandonado».

Heather Christle.

Es El libro de las lágrimas el primer trabajo de Heather Christle traducido al castellano y llega de la mano de Tránsito Editorial. El sello, que cumple poco más de dos años, vuelve a traernos un libro que nos habla en primera persona, que atraviesa, que emociona y que nos obliga a atravesar senderos discursivos que nos ayudan a comprender un poco mejor el mundo.

«Algunas personas creen que leer poemas y relatos es una forma de practicar nuestra respuesta a situaciones imaginarias sin tener que arriesgarse a los peligros de la vida real».

Aunque su medio natural de expresión es la poesía, con la que ha ganado el Believer Poetry Award y publicado en cabeceras como The New Yorker o la London Review of Books, Christle utiliza el ensayo para diseccionar en una prosa estrofada con transfondo lírico los entresijos de esas lágrimas que a ella han comenzado a acompañarla diariamente. Parte la autora de su experiencia para adentrarse en una investigación sociológica, política, psicológica, lingüística, literaria, biológica y química del llanto.

Aporta Heather Christle un sinfín de referencias y citas que proporcionan una falsa sensación de distanciamiento de la escritora de un ensayo que tiene mucho de diario. Y es que este libro se compone de obsesiones; obsesiones puntuales y obsesiones cíclicas. Y cuanto más obsesiona un aspecto de su investigación a Christle, más introduce su subjetividad. Es el caso de las observaciones machistas sobre los trastornos psicológicos en las mujeres; porque sí, resulta que la percepción de las lágrimas ajenas puede ser descaradamente machista. También son racistas y clasistas las lágrimas; la autora no se muerde la lengua al replicar a los referenciados especialistas.

En medio de estas ideas fijas, la autora entrelaza dos asuntos centrales en sus tristezas, añoranzas y preocupaciones: la muerte de su amigo Bill y su maternidad. Derrama lágrimas la autora por la pérdida de un ser querido y por la llegada de otro y se pregunta cuándo será que pueda librarse de su continua presencia.

«Lisa me habla de llanto paralelo, el llanto acompaña al arte pero que no surge de él. No es el argumento lo que hace que se te salten las lágrimas; estas obedecen a otra fuerza. Me gusta, pues siempre he preferido las líneas paralelas a las perpendiculares. Las líneas perpendiculares son chejovianas; el arma descrita dispara. Las líneas paralelas son hitchcockianas: la presencia de la bomba es suficiente».

 

***Este libro no pretende en ningún momento romantizar la tristeza y el llanto endémicos. Es por eso que me parece importante destacar algo que no pertenece al texto de Christle, un mensaje que las editoras dejan en la página 175: «Si tienes ideas o pensamientos suicidas, recuerda que hay personas con las que puedes hablar. Llama al 717003717 y te ayudarán».

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