Respuestas sobre una revolución imparable (Entrevista a Jorge Verstrynge)

1
466

Las revoluciones del mundo árabe son el fruto de un largo proceso en el que diversos elementos se van tejiendo, hasta llegar a un punto de colapso en el que la única vía es el cambio. La inmolación sólo es el principio.

Para entender mejor la ola de renovación política magrebí, recurrimos a una voz distante de las versiones oficiales y de la corriente tendente a decir siempre lo políticamente correcto. Jorge Verstrynge habla claro. Nació en Tánger y vivió en Marruecos hasta los 17 años. Lejos de su polémica carrera en política, Verstrynge es además un sociólogo de la guerra, escasos en España. También es un gran conocedor de los sistemas políticos que dominan el mundo. Los nuevos tipos de guerra y los sistemas imperantes nos llevan a la palabra clave: el Islam, temática que refleja uno de sus tantos libros, La guerra periférica y el Islam revolucionario.

“Todos sabíamos que esta situación no se podía sostener, lo que no sabíamos era cuándo iba a suceder”. Las demandas árabes llevan tiempo generándose dentro de unas sociedades cuyos dominantes son resistentes al cambio. Tarde o temprano, eso tenía que terminar. “Las revoluciones no tienen que darse siempre cuando se combinan las condiciones objetivas favorables para que estalle el asunto, vale con que aparezca una chispa”, que en este caso ha sido la acción de Mohamed Bouazizi.

Verstrynge habla de una serie de factores que están actuando en el mundo árabe, como es el aumento del nivel educativo. “La educación hace cuestionarse cosas”, afirma. Como consecuencia, en los países con ese nivel, “la mujer está empezando a jugar un papel importante”. Irán lleva la delantera con sus diputadas, alcaldesas y ministras, pero no es el único. Esto también puede verse “en la disminución de la tasa de natalidad: la mujer ya decide cuándo quiere tener hijos, es decir, se está pasando de un modelo de sociedad a otro nuevo”, lo que es un hecho importante para comunidades donde el Islam es un elemento fuerte.

“En segundo lugar, está habiendo un cierto grado de desarrollo económico que ha permitido la aparición de una clase media que reclama sus derechos”, si bien dicha clase “está sometida a un proceso de empobrecimiento: gana más que antes, pero tiene un gran problema que es el paro derivado del hecho de la aplicación de políticas neoliberales de la mundialización”. Y es que el fracasado proceso de mundialización ha sido un gran causante de las revoluciones existentes en el Magreb. “Con Mubarak se acelera el proceso des-nasserista (des-socialismo) en Egipto, y es ahí donde se rinde al FMI y EE.UU. Entrar en el juego significaba entrar en la mundialización y ello suponía ponerse a competir, lo cual se traduce en compresión de salarios”. En Túnez ha ocurrido lo mismo. De hecho, “tres meses antes de la revolución, el FMI estaba felicitando a Ben Ali por sus medidas de compresión de salarios y reducción de déficit presupuestario”, algo que puede convencer a los grandes dirigentes financieros, pero no al pueblo, su pueblo. En un Estado en estas condiciones, se ha comprobado que no es suficiente la represión que puede ejercer la policía para controlar el progresivo malestar de la población. Una vez más, la desarmonía social ha conducido a la movilización.

Sin embargo, el caso libio ha evolucionado de manera diferente hasta su levantamiento. “Libia es un Estado donde se distribuye más o menos bien la renta obtenida por el petróleo, y si tiene problemas, tira de sus reservas de divisas”. Medida que está tomando ahora Argelia para subir los salarios y apaciguar sus protestas. El tiempo dirá si le funciona…

En Libia asistimos a una guerra entre tribus, esperando que una aplaste a otra. “Los insurrectos pertenecen a la más numerosa, pero era la tribu postergada por los Gadafa”, que es la que ostenta el poder. “El cambio significaría que la elite Gadafa se vaya o acepte compartir el poder”, pero no forzosamente con la tribu insurrecta, hay más en el país. Verstrynge opina que “los sublevados en Libia no tienen suficiente fuerza para vencer a Gadafi solos”, en gran parte debido a que “la elite del ejército, la aviación y las tropas acorazadas son Gadafa y el resto son mercenarios contratados por Gadafi”.

Es por ello que el conflicto se pronostica duradero: “Si no hay pronto intervención francesa y británica, esto termina en guerrilla urbana”. Ahora bien, la revolución ya ha conseguido una victoria: “es imposible que Libia vuelva a la situación anterior”. Es más, “si Gadafi gana a los insurrectos, el futuro que le espera es que le maten, como mataron a Sadat y a tantos otros líderes árabes”. Occidente se ocupará de eso.

¿En qué momento dejó Gadafi de ser aliado de Occidente para volver a ser un proscrito? Lo cierto es que el dirigente libio nunca dejó de ser alguien incómodo. Controlado, pero incómodo. “En sus orígenes era árabe y socialista, algo que de entrada ya no gusta”. Además, “tiene una lógica distinta, es un tío muy listo que sabe utilizar el chantaje, el petróleo, la política de imagen, el gas y la demagogia interna”. Sea como fuere, “el gobierno libio se mantiene sobre la base de un desequilibrio tribal descontrolado que hasta ahora estaba más o menos controlado; lo que venga a partir de ahora es difícil saberlo”.

De momento Francia e Inglaterra ya se han puesto las pilas para sentarse en la primera fila. El planteamiento de Sarkozy es el siguiente: “si Gadafi cae tras el levantamiento en Bengasi y Francia lo sabe aprovechar, volverá a la primera línea de intereses militares, comerciales y económicos en Libia”. No es el único en pensar eso, obviamente. Por su parte, Inglaterra lleva tiempo preparando su jugada. “Tras ganar las elecciones, David Cameron se plantó allí con 40 empresarios para vender armas en Libia porque saben que ahí hay dinero”. Ambos países aprovechan que “Italia no puede hacer nada al ser Libia una antigua colonia italiana, Rusia tampoco porque sería un maremoto geopolítico y EE.UU. no puede entrar en ningún país árabe”, a excepción de Arabia Saudi, donde lleva años instalado.

El papel del Islam

Sin duda alguna, una de las mayores preocupaciones que se plantea en Europa es la incógnita relacionada con el futuro de estos países. “El hecho de que los islamistas participen en este tipo de movimientos no significa que la cosa vaya a terminar con un poder tan fuerte del Islam como ocurre en Irán”. El Islam es visto como un elemento distorsionador del sistema democrático, cuando no hay que olvidar que el islamismo “no sólo tiene el modelo de Al-Qaeda, también está el sistema turco, con un partido islamista que es como un partido demócrata cristiano europeo”, en referencia al partido AKP que lidera Tayyip Erdogan.

“El miedo de Occidente hacia el Islam es creado en gran medida por los propios dirigentes árabes que no quieren abandonar el poder”. Como hemos visto en otros medios, Gadafi no ha tardado en avisar de los peligros que para Europa supondría su derrocamiento. De ahí que señale a Al-Qaeda como motor de las sublevaciones, aunque “eso no se lo cree ni Dios”. No obstante, Verstrynge lanza un dato a tener en cuenta: “de los 600 reclutados el año pasado por Al-Qaeda, 111 eran del Este de Libia, que es donde el Islam es más fuerte, lo cual no quiere decir que la revolución la dirija Al-Qaeda ni que los libios sean Al-Qaeda, pero es un número importante y más teniendo en cuenta que Libia son sólo 4 millones de habitantes”.

Hasta la fecha, estos movimientos “no aspiran a crear un Califato; son revoluciones alentadas en parte por movimientos islamistas, pero eso no significa que la sociedad bascule en esa dirección, sino que acepta la ayuda del Islam”. El futuro en relación a la relevancia del Islam en estos Estados no se presenta predecible a día de hoy.

Sea como fuere, “Occidente no tiene más remedio que respetar lo que vaya a pasar en Túnez y Egipto. No tiene mucho que decir allí. Los egipcios han demostrado que Occidente no les ha ayudado a quitarse a Mubarak, que han podido hacerlo ellos solos”.

Terceros países

Uno de esos países temerosos de que los cambios afectasen a su seguridad más inmediata es Israel. “Por ahora parece tranquilo porque Egipto dijo que respetaría los acuerdos establecidos”, es decir, Egipto no romperá las buenas relaciones que tiene con Israel desde que en 1978 firmasen los Acuerdos de Camp David. “El problema vendrá con el aislamiento de la franja de Gaza ya que Israel bloquea la franja pero lo que la gente no dice es que también está bloqueada por Egipto y es muy difícil que el nuevo poder mantenga mucho el bloqueo”, el cual, por cierto, no entra dentro de los acuerdos intocables entre ambos países.

Por otra parte, encontramos países árabes con situaciones que bien podrían dar lugar a protestas relevantes. Según parece, en Yemen y Bahrein los gobiernos están pudiendo controlarlas. De momento, al menos. “En Arabia Saudi no va a pasar nada porque EE.UU. no lo permitiría” afirma Verstrynge.

El caso de Marruecos es peculiar porque su máximo dirigente es líder político “pero tiene carácter sagrado, es Amir al-muminin”, que viene a traducirse como príncipe de los creyentes. Según nuestro sociólogo, “el discurso del Rey que pretendía menguar las protestas, no ha logrado desactivarlas”, si bien se refiere a la población urbana, ya que la rural sí que sigue fiel a la divinidad del monarca. Aun así, Marruecos se mantiene sobre una serie de rupturas sociales internas que tarde o temprano pueden encender la mecha. Algo que a los gobiernos de EE.UU., Francia y España no interesa, por supuesto.

En Irán, en cambio, la revolución es inviable. “Su poder es mucho más fuerte y mucho más democrático. Es una república. Los iraníes no son súbditos del rey. Hay corrupción, pero no afecta tanto como en Túnez o Egipto”. Y eso que son chiies, con una larga tradición revolucionaria, frente a la sumisión que caracteriza a los sunies.

Un país con papeletas para ser el siguiente podría ser Argelia. Nuestro experto no hace una apuesta segura, pero reconoce que el país argelino es una bomba. La cuestión es que “a raíz de negar al FIS [Frente Islamico de Salvación] su elección, empieza una guerra civil que ha dejado más de 100.000 muertos, lo que hace que el argelino, que es mucho más duro que el egipcio y el marroquí, esté cansado como para meterse en un nuevo conflicto civil”.

Como vemos, no se presenta nada claro el futuro de los países árabes. Puede pasar cualquier cosa. Lo que es seguro es que estamos ante una ola de cambios que no ha hecho más que empezar. Quizás lleve más tiempo del que creemos, pero un proceso como este difícilmente puede echar hacia atrás, y más aún cuando las fichas de dominó ya han empezado a caer.

Debe tenerse en cuenta que el texto fue redactado el día 17 de marzo de 2011. Creo conveniente aclararlo dado que los acontecimientos en este proceso de cambio a veces se suceden de la noche a la mañana y cambia por completo la situación.

Fuente de las fotos:
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Verstryge.jpg
http://2.bp.blogspot.com/_Z4YnAwYaQm0/TUhbphoB44I/AAAAAAAABKg/rNjTVwh7yOc/s1600/egipto_revueltas_tahrir_mubarak.jpg
http://3.bp.blogspot.com/_Z4YnAwYaQm0/TTLG13m7GGI/AAAAAAAABFw/Y0T7fgerVYc/s1600/tunez_revueltas_tunisia.jpg

1 Comentario

Dejar respuesta